Wait & see: el impacto de las PASO en el sistema financiero

Con el resultado de las urnas sobre la mesa, en la City ya comenzaron las especulaciones sobre su impacto en la finanzas en las semanas que median hasta las legislativas de octubre.

Wait & see: el impacto de las PASO en el sistema financiero

Es sabido que, en un contexto preelectoral, las empresas se cubren de distintas maneras pero, en general, tienden a desarmar sus posiciones hasta que pasen los comicios y quede claro cómo encarará el Gobierno la nueva etapa, según salga debilitado o fortalecido.

Así, las inversiones son más estratégicas y tienden a resguardar posiciones en un año en el que se ganó mucho dinero con la administración financiera (Lebacs y Carry Trade mediante, entre otros). En temporada electoral, las compañías dolarizan sus posiciones, toman coberturas de tipo de cambio o salen de instrumentos riesgosos o de gran volatilidad como las acciones o los bonos largos y se pasan a tasas (Lebacs, Letes, bonos que ajustan con CER o Badlar o dolarizados).

Si bien las próximas legislativas no tienen la misma importancia que un comicio presidencial, sí es clave el nivel de aprobación que recibirá el oficialismo, ya que puede condicionar su agenda en adelante. ¿Cambiemos realizará las reformas de fondo que se esperan sea que los resultados de octubre en las urnas ratifiquen o rectifiquen su performance en las PASO? La incertidumbre es total. Por eso, todos los inversores se volvieron más reacios al riesgo y la renta variable dejó de ser un boom: primero, porque impactó la no recategorización del país como emergente; segundo, porque la Bolsa subió casi un 30 por ciento en dólares en los últimos 12 meses; tercero, porque se espera una corrección y alta volatilidad durante los comicios. Por todo ello, hay que ser muy selectivo con las acciones: no es una etapa en que todo activo argentino crecerá sin analizar los fundamentals.

Armando posiciones: más pesos que dólares

A pesar de la suba del dólar de los últimos dos meses, que asustó a muchos, el panorama sobre la cotización de la divisa estadounidense no cambia mucho. El tipo de cambio se sigue moviendo por debajo de la inflación y la tasa de interés. En los últimos dos meses esto no sucedió, y quien compró o se posicionó en dólares ganó sobre la tasa en pesos, pero esta es sólo una mirada de corto plazo. Son tantas la necesidades que tiene el Gobierno de reducir el déficit fiscal vía endeudamiento que casi seguramente se vendrá un tipo de cambio bastante planchado, lo cual no quita que haya saltos más fuertes en distintos momentos.

El dólar a diciembre, si no sucede nada extraordinario, debería ubicarse entre los $ 18,05 y los $ 18.25, lo cual implica una depreciación de aproximadamente el 12 % anual. Hay que entender que, en procesos inflacionarios, el dólar siempre termina ajustando o tiende a acompañar a la inflación. Por el lado de las tasas de interés, también está ‘garantizado’ que seguirán altas, lo cual significa que se ubicarán más o menos levemente por encima de la inflación. Bajar subsidios, reducir la inflación y el déficit condiciona a tener un dólar que se va atrasando, así como tasas de interés altas para ir cumpliendo las bajas de subsidios y las metas de inflación y política monetaria

El dilema: renta fija vs. variable

La proporción en pesos para los próximos 2 a 3 meses debería ser un 60 % en pesos y un 40 % en dólares. En renta fija en pesos, lo mejor es seguir con Lebacs; en principio, las de corto plazo, pero ya empieza a ser el momento de captar tasas de mayor plazo aprovechando que la inflación cederá antes que la tasa. Otro bono muy interesante para captar la inflación es el CUAP (Cuasipar en pesos) o, para los menos sofisticados, los plazos fijos que ajustan por UVA (ajustan por inflación pero no pagan tasa adicional).

En renta fija en dólares, para el corto plazo lo mejor es suscribir Letes con pesos —se gana con la adquisición de dólares más baratos a una cotización mayorista— o también se pueden hacer con dólares a través de fondos comunes de inversión en Letes que tengan, además, dentro de su cartera, otros títulos con TIRs de 4 % y 5 % que incrementan la performance de la cartera. Lo ideal sería armar una cartera de renta fija en dólares en forma directa o con fondos que inviertan en bonos soberanos, subsoberanos y/o corporativos. Otro de los bonos más líquidos de la plaza es el AY24. El objetivo es tener una cartera diversificada entre pesos, dólares y sumar —para los que buscan un mayor rendimiento— algo de acciones. Hoy, una diversificación entre los tres instrumentos es la mejor estrategia.

Con relación a la renta variable, las oportunidades están en los sectores que son —o deberán ser— más competitivos. Energía es el rubro que corre con esa ventaja, por lo que todo lo que esté relacionado —transporte, producción y los demás que intervienen— es una buena oportunidad. Es preferible ese sector antes que el financiero —excepto Banco Supervielle, que viene más atrasado que el resto—, y también conviene seguir de cerca los casos de empresas que están cambiando su composición y negocios, como Aluar, que se está perfilando como compañía de energías renovables. En este contexto, una cartera de renta variable ideal estaría compuesta por Supervielle, Autopistas del Sol, Siderar, Aluar, Central Puerto, Pampa Energía, Transener, Telecom y Clarín.
 

Esta columna de Mariano Otálora fue publicada en la edición 192 de Clase Ejecutiva, la revista lifstyle de El Cronista

 

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