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Omega llega a la Avenida Alvear con un concepto de "lujo popular"

Raynald Aeschlimann, Presidente y CEO de Omega –cronometradora oficial de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018– llegó a Buenos Aires para la inauguración de su segunda boutique. Su particular definición de la categoría premium y su lucha por revalorizar la denominación de "hecho en Suiza".

Omega volvió a Buenos Aires y probablemente ‘contundente’ sea el mejor adjetivo para describir su desembarco: no sólo por las 80 toneladas de equipos, 235 personas (entre profesionales y técnicos de cronometraje), 125 marcadores deportivos, 22 generadores gráficos de TV y 60 kilómetros de cableado de cobre y fibra óptica que la marca suiza trajo en su rol de cronometradora oficial de los Juegos Olímpicos de la Juventud (los mismos que fueron desplegados en Rio 2016); o el hecho de que inauguró un local de 60 m2 sobre la Avenida Alvear, en alianza con el Grupo Chronex; sino porque todo esto estuvo seguido de cerca por la maratónica agenda del Presidente y CEO de la compañía, Raynald Aeschlimann.

Raynald Aeschlimann, Presidente y CEO de Omega.

“Nosotros tenemos que ser perfectos, porque hacemos la diferencia, somos los únicos que tenemos un papel para jugar”, comenta Aeschlimann –con una vehemencia que mantendrá durante toda la entrevista– sobre a la larga relación (desde 1932) que une a Omega con los Juegos Olímpicos (JJ.OO.). “Los JJ.OO. son el evento deportivo más grande del mundo y también el más positivo: la gente alienta a su país de una forma positiva. Se puede ver con las dos Coreas. Hay momentos políticos que pueden ser salvados por el deporte, y ser uno de los sponsors y el timekeeper, nos hace tener una gran ventaja frente a nuestros rivales”, destaca.

Desde la nueva pistola de salida, la Scan’O’Vision  Myria (última versión de Photofinish, la cámara insignia de la marca) y las células fotoeléctricas para las carreras de atletismo; a los touchpads, cámaras de alta velocidad  y animaciones de salto virtuales en el caso de la natación, los JJ.OO. han funcionado para la compañía como una vidriera insuperable para sus innovaciones tecnológicas. “Fuimos a Rio 2016, a Corea, siempre estamos probando nuevas tecnologías, no porque estemos obligados sino porque queremos ofrecer la mayor cantidad de información posible para los atletas, los entrenadores y los jueces, pero también para los televidentes. Si pensas en pequeñas cosas, el Photofinish, son 10.000 imágenes en un segundo, sólo para crear la mejor forma de mostrar quién es el primero”. Y aunque son pocas las ocasiones en que estos desarrollos técnicos encuentran una traducción a nivel comercial, Aeschlimann insiste en el aspecto estratégico que juega el deporte en el posicionamiento de la marca: “A veces estas tecnologías son tan técnicas que no podemos usarlas en nuestros productos. Pero tal vez, sí podemos usar nuevos materiales en las partes más pequeñas de nuestros relojes y, de nuevo, creo que el espíritu de ser perfectos es importante. En los JJ.OO. uno tiene que ser perfecto y eso es algo que tenemos en nuestro ADN”.

Del Parque Olímpico a la Avenida Alvear : "Ya tenemos un local en el mejor shopping de Buenos Aires y ahora estamos abriendo otro: estamos demostrando que somos una marca sólida, que cree y que ama que la gente se sienta inspirada, tal vez mañana, tal vez en unos días o en dos meses... No vamos a dejar de querer inspirar a la gente porque la situación actualmente sea un poco distinta de lo que solía ser. Creo que ser oportunista iría en contra de Omega", comentó Aeschlimann sobre la nueva sede porteña.

Aeschlimann habla de perfección y, ciertamente con su sonrisa invariable y su traje impecable, es la quintaesencia de cómo el CEO de una marca premium debería verse y, sin embargo, este suizo de 48 años huye de algunos de los lugares comunes con los que muchos players del mercado del lujo se sienten tan cómodos: “Amo la palabra popular, ¿cuál es el problema con ser popular? Somos una 'inspiración popular': la gente sueña con poder comprar nuestros relojes como un símbolo de lo que han logrado. No somos una marca elitista, somos una marca aspiracional”, explica.

¿Entonces cuál es la definición de lujo para una marca autodefine como “democrática”? “Se trata de comprar algo que creés que te va a hacer feliz, y tiene que ser de buena calidad, te tiene que inspirar. Así que yo amo la palabra popular, porque me gusta la idea de que muchas personas se sienten inspiradas, que sueñan. Y tal vez no puedan cumplir ese sueño, pero nos conocen por ser eso que quieren conseguir. Porque algún día, si son muy exitosos, querrán comprar un reloj. No quieren mostrar éxito, quieren ser exitosos, es una gran diferencia”, reflexiona Aeschlimann.

Swiss made

La búsqueda implacable por la perfección de  Aeschlimann no termina en los límites de la marca que preside. Con una trayectoria familiar en la industria de la relojería suiza que comenzó con su bisabuelo, Aeschlimann encontró en la revalorización de la etiqueta “hecho en Suiza” una batalla casi personal: “Es una de las pocas cosas que tenemos, especialmente con los relojes, donde todo el mundo sonríe, todo el mundo lo asocia con calidad. Y creo que esa denominación a veces ha sido mal utilizada para vender, para marketing”, afirma.

“Estamos hablando de lujo popular: si vas a gastar u$s 5.000 en un reloj tiene que ser de la mejor calidad porque tal vez no puedas volver a comprar otro, y aunque puedas no vas a gastar tanto dinero por algo que no sea bueno. En la cabeza de las gente 'swiss made' significa tanto que es nuestro deber, y como una marca líder aún más, luchar por una mejor calidad, para que el nombre se mantenga y siga haciendo soñar a la gente con que los mejores relojes son suizos”, expresa. Afortunadamente para el CEO de Omega, no está solo en este esfuerzo y junto con otros representantes de la relojería suiza, en enero de 2017  lograron elevar el porcentaje mínimo de componentes locales –de 50% a 60%– para que un reloj sea considerado “hecho en Suiza”.