MIÉRCOLES 20/11/2019
La crisis cambiaria y la destrucción de los sueños

La crisis cambiaria y la destrucción de los sueños

¿Déjà vu? La vuelta al FMI es el desenlace de una crónica anunciada: en las últimas cinco décadas la Argentina recurrió al financiamiento externo para transitar las salidas de las crisis o no caer nuevas. 

La Argentina se ha caracterizado por ser una nación capaz de batir cualquier récord. Últimamente, de los malos…  ¿Qué nos ha pasado como sociedad? ¿Qué futuro nos espera? Pasamos de ser una de las repúblicas más admiradas del planeta a ser una ofensa para cualquier presidente o sociedad. Siempre nos ponen como el mal ejemplo, como el camino que ninguna sociedad debería seguir. La decadencia argentina es algo que está tan arraigado, es tan estructural, que cuesta mucho pensar que podrá revertirse en el mediano plazo. Internamente, la sensación indica que “más abajo no podemos caer”: nuestro quinto subsuelo sería seguir los pasos de Venezuela o de países que no voy a nombrar porque la mayoría ni siquiera los conoce ni saben dónde quedan.

Con poco nos destacamos, con poco nos hundimos. Eso es la Argentina a la que nos hemos acostumbrado: con pequeños cambios mejoramos muchísimo y con pequeños errores nos hundimos un poco más, con el agravante de tener la sensación de que las cosas de fondo no cambian y se tornan irreversibles. La Argentina no cambia porque la sociedad no cambia: no sé si no quiere, si no puede o si no sabe, pero cada día profundizamos nuestros problemas. Seguimos siendo un país que encara un plan sin un plan, un objetivo sin un proceso, un cambio sin cambios. Tuvimos todas las crisis que caben en 50 años y siempre terminamos poniendo el ojo en lo económico, pero cuando no brinda los resultados esperados recurrimos a un plan político-económico donde ya no se entiende cuál de las dos partes está por encima. Requerirá mucho tiempo –constancia y compromiso de todas las fuerzas políticas– normalizar la economía nacional. Como todos los países, la Argentina está expuesta a los shocks externos, pero aquí parece que siempre vamos a contramano y nos encuentran mal parados, porque en las últimas cinco décadas necesitamos del financiamiento externo para transitar las salidas de las crisis o no caer en una nueva. Y si en el medio hay  un tsunami financiero... podemos quedar mal parados. Por eso es tan importante que los gobiernos hagan lo que tengan que hacer: tener decisión política y  resolver los problemas en lugar de dilatarlos.

¿La economía puede explotar?

La respuesta es que no debería. Pero que depende mucho de la gestión del Gobierno y de las ganas de cambiar en serio, sin mirar todo el tiempo el rating de la aceptación popular. El panorama está raro: internamente, el Gobierno no toma la posta; y el contexto internacional está difícil. Ya sabemos que cuando afuera las cosas no andan bien, nuestro país recibe los embates inmediatamente, lo cual obliga a nuestros gobernantes a tomar las medidas que sabían que tenían que tomar pero que no se animaban a ejecutar. Con la excusa del shock externo, se implementan esos planes con mayor facilidad, pero el problema es que se llega tarde, muchas veces cuando el daño ya fue hecho. Cuando le pedís plata al FMI, corrés el riesgo de entrar nuevamente en una fase peor.

¿Dónde invertir? Es fácil. Al cierre de esta nota (NdE: Jueves 10 de mayo), el Gobierno estaba intentando dar respuesta a una corrida contra el peso. Al margen del desenlace en el corto plazo, está claro que la Argentina no va a encontrar un escenario internacional que le permita financiar u$s 30 mil millones de déficit tan fácilmente y deberemos vivir un poco con “lo nuestro”. Es decir, el planteo va a tener que ser más exigente y creo que el tipo de cambio tendrá una movilidad más acelerada porque el modelo sustentado en dejar todo más o menos como está para que las buenas ondas de los mercados resuelvan todo no lo vamos a tener disponible con tanta facilidad. Más inflación, mayor depreciación de la moneda y por ende la convivencia de tasas altas en pesos será el marco en donde nos deberemos mover a la hora de invertir. Convendrá estar en instrumentos dolarizados hasta que el Gobierno aclare su jugada (desde Letes, bonos de corto plazo soberanos o provinciales). Es más seguro invertir en instrumentos fuera del peso y, en lo posible, no estar tan expuesto a la volatilidad local. Siempre las altas tasas de interés seducen, pero creo que lo que se puede ganar en el corto plazo lo perderemos por el movimiento del tipo de cambio. En la Bolsa siempre vamos a encontrar oportunidades, pero no es un mercado para cualquiera. Invertir y dormir tranquilo es la utopía de cualquier inversor. Momentos para ser más agresivos y oportunidades para invertir siempre vamos a encontrar, pero tener cierta cautela es la mejor consejera en estos tiempos.

 

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