Ginebra, la ciudad en el corazón de Europa donde crece el turismo

Ginebra, la ciudad en el corazón de Europa donde crece el turismo

Sede de diversos organismos que integran el sistema de las Naciones Unidas, la afamada ciudad suiza reúne en el centro de Europa una inmejorable infraestructura para  los negocios y un circuito turístico excepcional.

Ginebra es sin duda uno de los grandes destinos del turismo internacional, y especialmente para los viajeros de negocios por su privilegiada ubicación en el centro de Europa y por su superlativo nivel de infraestructura y amplia variedad de servicios de primera categoría. Situada entre los Alpes y la cadena montañosa del Jura, se despereza sobre las orillas del lago Leman y del río Ródano, en un marco impactante que combina con equilibrio espacios verdes y respeto por la naturaleza, con impecables autopistas y edificios de arquitectura tradicional alpina.

Este sitio, conocido por ser sede de varios de los organismos de Naciones Unidas, es por historia y actualidad uno de los centros económicos más activos del mundo. Hoy en día, la solidez y discreción de sus instituciones financieras sumada a la estabilidad de la vida política suiza la convirtieron en uno de los lugares elegidos para grandes inversiones y reuniones internacionales de primer nivel.

Como su historia y prestigio dejan suponer, esta tranquila y ordenada urbe ofrece una enorme variedad de salas para congresos y convenciones, entre las que se destaca su gran Palacio de Exposiciones. Mientras, a la hora de organizar una recepción o un banquete privado, entre las opciones más originales está la de alquilar durante una noche alguno de los tradicionales barcos que pueblan las aguas del Leman, un servicio que ofrece la inmejorable conjunción de un restaurante de primer nivel, un cálido lugar de encuentro y el encanto de pasear bajo las estrellas por uno de los lagos más elegantes de Europa.

Otra interesante posibilidad para la producción de eventos es recurrir a los viejos edificios renovados, que combinan un remozado estilo clásico que data en la mayoría de los casos de varios siglos atrás con una óptima infraestructura tecnológica. Entre los más pintorescos figura el castillo de Coppet, situado a 12 kilómetros del centro, sobre la orilla del lago. Si bien el cuerpo principal del inmueble actualmente es hoy un museo, las dos alas laterales fueron reacondicionadas y se usan para cenas, pequeñas recepciones o reuniones de trabajo. Dentro del mismo marco, muy usado para retiros empresariales también se destaca el dominio de Choully, un añejo caserón situado en plena campiña ginebrina, rodeado de viñedos.

Hotelería de lujo

En lo que hace al servicio de hotelería, las opciones se dividen entre diferentes cinco estrellas. Aquellos que no deseen alejarse demasiado de la zona del aeropuerto, podrán optar por el hotel Intercontinental, a solo tres kilómetros de la terminal aérea y a pocos pasos de la plaza de las Naciones Unidas, alrededor de la cual se alzan los edificios de la mayoría de la organizaciones internacionales.

Si en cambio el objetivo es rodearse de historia sin ceder en confort -una combinación muy frecuentes en Ginebra ya que la antigüedad de los edificios no les quita funcionalidad-, sin duda el lugar es el Hotel Les Armures, en pleno centro histórico, donde las estrechas calles de empedrados y los gruesos muros de piedra recrean el ambiente de una ciudadela medieval. Declarado monumento histórico, albergó en décadas pasadas a ilustres huéspedes como los presidentes estadounidenses John Kennedy y Jimmy Carter, y es referencia obligada en una visita a la parte vieja de la ciudad.

Sobre la orilla del lago, muy cerca del centro y con una vista imperdible, está otro de los hoteles más tradicionales: el Beau-Rivage. Allí, nada se equipara a poder disfrutar de un menú de excelencia en su terraza, desde donde se disfruta de una de las mejores vistas del Leman y de la ciudad. De arquitectura clásica y de refinada reputación, ofrece planes especiales para grupos de negocios que elijan reunirse en sus lujosas salas, combinando las amenidades necesarias para reuniones de trabajo con un servicio gastronómico de primer nivel y un paisaje de tarjeta postal.

Dentro de la enorme variedad de restaurantes que se encuentran en Ginebra, no puede pasar desapercibido el Des Eaux-Vives, uno de los preferidos por los locales. La clásica construcción, rodeada por el Parc des Eaux-Vives, es una de las más elegantes de la ciudad, completando sus delicadezas culinarias con una exclusiva carta de más de 5000 vinos.

El Alberge de la Madre Reina, en cambio, ofrece cocina tradicional en el centro del área vieja, con una historia estrechamente ligada a la ciudad. Cuenta la historia que en la noche del 11 de diciembre de 1692, cuando las tropas de Savoya atacaban Ginebra para anexarla, una vieja dama que vivía en el edificio conocida como "Madre Reina" decidió combatir a su manera y se defendió del avance savoyano quemando a los soldados invasores con sopa hirviendo. Desde esa época, los ginebrinos recuerdan esa fecha -conocida como la Escalada- fabricando marmitas de chocolate rellenas de verduras hechas en masapan. 

Hoy el lugar es un punto obligado de visita. Entre las especialidades que elabora, además de las clásicas fondues suizas, se destaca la terrina de fois-gras con salsa de hongos y la costilla de cordero asada, un plato típico de la región alpina.

Datos útiles

-Varias aerolíneas poseen vuelos diarios a Ginebra vía Madrid, con precios que empiezan en los u$s 1240.
El aeropuerto de Ginebra está a cinco kilómetros del centro. El trayecto hasta allí dura alrededor de diez minutos en taxi.

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