Dujovne, un ministro de look formal y cortés

El ministro de Hacienda está lejos de ser un influencer en términos de estilo. Mientras apuesta al total look que uniformiza al gabinete nacional, su mayor desafío es domar una cabellera que se resiste al mainstream style en la era Macri.

El ministro de Hacienda adhiere a la prescidencia de la corbata y a la ubicuidad de la corbata celeste, códigos indumentarios fundacionales de Cambiemos.

El ministro de Hacienda adhiere a la prescidencia de la corbata y a la ubicuidad de la corbata celeste, códigos indumentarios fundacionales de Cambiemos.

El eco­no­mis­ta Ni­co­lás Du­jov­ne lle­gó al ga­bi­ne­te del pre­si­den­te Mau­ri­cio Ma­cri pa­ra, en tér­mi­nos de es­ti­lo in­du­men­ta­rio, re­for­zar la idea de que la cor­ba­ta ya no es un ítem ne­ce­sa­rio en el uni­for­me de los fun­cio­na­rios po­lí­ti­cos de fus­te, tal co­mo vie­ne su­ce­dien­do con la pla­na ma­yor de Cam­bie­mos, en abier­ta ré­pli­ca de una ten­den­cia de ori­gen in­ter­na­cio­nal. Por­que el pun­ta­pié lo dio el expresidente Ba­rack Oba­ma. Se­gún los es­pe­cia­lis­tas en ima­gen, eli­mi­nar la cor­ba­ta fue una ma­ne­ra de mos­trar que la Ca­sa Blan­ca apos­ta­ba por “hu­ma­ni­zar la po­lí­ti­ca”, ges­to que po­dría le­gi­ti­mar­se co­mo vá­li­do al con­si­de­rar la pre­sen­cia cons­tan­te de ese ac­ce­so­rio en los out­fits de Do­nald Trump, cu­yo to­tal lo­ok re­mi­te a los atuen­dos pre­do­mi­nan­tes en Wall Stre­et en los '80.

En el ca­so de Du­jov­ne, to­do in­di­ca que se man­ten­drá fiel a las for­mas: tra­je os­cu­ro, ca­mi­sa ce­les­te –la pren­da fun­da­cio­nal de Cam­bie­mos– y cor­ba­ta só­lo en oca­sio­nes for­ma­les. Es, en ver­dad, la con­ti­nui­dad del as­pec­to que lu­ció tan­to en sus tiem­pos de ase­sor en el Ban­co Ga­li­cia, el Ban­co Mun­dial y tam­bién en la di­rec­ción de Pa­pel Pren­sa, co­mo en su rol de co-­conductor del ci­clo Odi­sea Ar­gen­ti­na, emi­ti­do por la se­ñal TN.

La ma­yor rup­tu­ra con el mains­tre­am style en la era Macri se vin­cu­la con su ca­be­lle­ra en­sor­ti­ja­da, que ro­za fá­cil­men­te la des­pro­li­ji­dad. Un re­pa­so del in­ven­ta­rio de imá­ge­nes del úl­ti­mo año su­gie­re que, a sus 49 años, es­te hin­cha de Ri­ver y fan de An­drés Ca­la­ma­ro no es de los que tie­nen el te­lé­fo­no del pe­lu­que­ro en­tre sus pri­me­ros 10 con­tac­tos en el ce­lu­lar.

Esa fal­ta de de­di­ca­ción se re­fuer­za al ad­ver­tir la au­sen­cia de un to­que sar­to­rial re­fi­na­do, des­ven­ta­ja que se pro­fun­di­za cuan­do se lo ve car­gar una mo­chi­la en lu­gar de un com­ple­men­to de cue­ro. Otra de sus elec­cio­nes que lo pin­tan de cuer­po en­te­ro son sus mo­ca­si­nes, en pun­ta y con la he­bi­lla hor­se­bit: al me­nos, siem­pre están bien lus­tra­dos, co­mo ce­le­bra­ría la ob­ser­va­do­ra di­va Mir­tha Le­grand.

Afe­rra­do al pan­ta­lón y a la ca­mi­sa co­mo có­di­go de épo­ca y se­ñal de per­te­nen­cia po­lí­ti­ca, Du­jov­ne todavía con­fun­de zo­na de con­fort con he­rra­mien­ta de co­mu­ni­ca­ción.

La versión completa de esta columna fue publicada en la edición 186 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista