MIÉRCOLES 13/11/2019
De la impresora 3D al placard: qué son los textiles smart

De la impresora 3D al placard: qué son los textiles smart

La creatividad estética del diseño de indumentaria incorpora los avances en inteligencia artificial y robótica con el objetivo de proponer indumentaria de alta performance y bajo impacto ambiental.

Anticipar los cambios de temperatura ambiente —y combinarla con la creciente climatización de interiores—, adaptarse a una mayor movilidad debido a una población que se traslada continuamente, desarrollar prendas inteligentes que no se arruguen o puedan decodificar los estadíos del cuerpo bajo distintas condiciones y la impresión 3D de indumentaria y accesorios son algunos de los nuevos desafíos que la industria de la moda enfrenta en el siglo XXI. Según Virginia Postrel, autora de The power of glamour: Longing and the art of visual persuasion, a la hora de diseñar una colección los desafíos son numerosos. Ya no se trata sólo de creatividad estética sino, cada vez más, también de funcionalidad —e impacto— ambiental. Porque la moda es tecnología, y sus avances en software (textiles) y hardware (dispositivos) han dado origen a la categoría wearable que, quizás, en un futuro próximo se gane un lugar en las pasarelas junto a la alta costura y el prêt-à-porter.

La idea del wearable technology —indumentaria inteligente— fue, poco a poco, dejando de lado la imagen retrofuturista que convocaban imaginarios como el de Los Supersónicos con sus trajes con antenas o los protagonistas de Star Trek con sus telas metalizadas para acceder a un terreno donde ya casi no hay distinción entre tecnología y moda. Adiós a las prendas incómodas o estéticamente feas: la practicidad y la versatilidad, sin descuidar la elegancia, están a la orden del día en esta categoría.

Así, la ya popular microfibra, que permite conservar el calor corporal cuando hace frío y mantener la frescura cuando la temperatura trepa hasta cifras récord, va cediendo lugar a otras búsquedas que se traducen en innovaciones en la performance de la vestimenta: materiales que bloqueen el agua pero permitan eliminar la transpiración, controlar los malos olores, repeler insectos y hasta proteger frente a los rayos UV ya son una realidad.

Todos esos recursos, antes reservados a uniformes de alto rendimiento deportivo y militar, se van trasladando progresivamente al guardarropas cotidiano. Referente de esta tendencia es la colección Chromat presentada en el Made Fashion Week, la pasarela alternativa de Nueva York, algunos de cuyos ítems aparecen en videos de las cantantes pop Nicky Minaj y Taylor Swift. Por ejemplo, el corpiño Aero Sports Bra, que monitorea la transpiración y respiración abriendo automáticamente pequeños conductos impresos en 3D para enfriar el cuerpo. En ese sentido, la temperature responsive clothing —ropa que responde a la temperatura corporal— es el último grito del rubro, con más y más start-ups experimentando sus aplicaciones. Entre ellas, se destaca la mexicana Omius, que se inspiró en las plantas y su forma de regular la temperatura naturalmente para crear una campera bajo los paradigmas de la inteligencia artificial y la robótica: incorpora unos dispositivos que simulan los stomas de las plantas, es decir, aquellos poros microscópicos que se abren o se cierran para permitirles respirar. También son furor las zapatillas inteligentes de Digitsole, que se conectan al smartphone, se ajustan solas y calientan las suelas, toda una pionera en el campo de los smartshoes.

Entender la cultura para detectar hacia dónde van las tendencias es una labor predictiva de alto valor agregado. Es por ello que la movida de la moda ecofriendly o consciente de los últimos años es, primeramente, un fenómeno social que la industria supo interpretar y capitalizar. El ejemplo más acabado se vincula con el desarrollo de pieles sintéticas y otras alternativas para suplantar a las reales. Marcas como Marlow Goods han ideado soluciones tan creativas como la transformación de subproductos de la carne en materiales para confeccionar artículos tradicionalmente fabricados con cuero. Además, con el objetivo de concientizar respecto del trabajo esclavo, algunas iniciativas como Kiecobe ponen a disposición de los usuarios una serie de recursos para que ensamblen sus propios calzados o prendas como parte de su campaña para eliminar los llamados sweatshops. Pero la preocupación por el impacto ambiental no termina allí, y algunas etiquetas buscan realizar aportes más específicos todavía. Es el caso de Sponge Suit: creado por Pinar Guvenc, Inanc Eray y Gonzalo Carbajo, es un traje de baño diseñado para contribuir a la limpieza de los océanos durante las zambullidas. ¿Cómo funciona? Simple: se trata de un elastoplástico (derivado del carbono) 3D impreso que es tan flexible como fuerte y actúa como una esponja hidrófoba que absorbe todo lo que no es agua mientras se permanece sumergido. Luego de una cierta cantidad de usos, el traje se descarta y se recicla, obviamente.

Queda claro que las prendas inteligentes que regulan la temperatura son apenas un capítulo dentro de la revolución del fashion meets technology. Una pista se conoció a principios de año, cuando H&M y Google se asociaron para crear el primer vestido customizado mediante big data. Así, el proyecto Coded Couture ‘diseña’ indumentaria personalizada utilizando un smartphone con sistema operativo Android que recolecta información del usuario —gustos, actividades, hábitos, consumos— durante una semana para configurar su perfil indumentario.

Otro lanzamiento reciente llegó de la mano de la start-up australiana Wearable Experiments: presentó una chaqueta que permite guiar a su usuaria a través de ciudades como París, Nueva York o Sidney utilizando un mapa propio y vibraciones, como un auténtico GPS sobre la piel.