2019: Un año electoral con ajuste

2019: Un año electoral con ajuste

En campaña, todo Gobierno apela al atraso cambiario para desacelerar la inflación. Pero la posibilidad de apelar a esa receta del pasado parece difícil de cara al año que viene. ¿Cómo hará Cambiemos para conquistar la reelección con una economía de ajuste?

Pensar la economía fuera de la política, en plena trama de ‘los cuadernos’, de corrida cambiaria y encarando la recta inicial de un año electoral, no parece algo sencillo. Las inconsistencias de la economía en los últimos años, en especial de 2012 a la fecha, venían mostrando una dinámica muy marcada, últimamente: los años impares la política dejaba todo en la cancha para obtener beneficios electorales extraordinarios y luego, en los años pares, se volvía a la ‘normalidad’ de la economía, con todos sus desajustes. Las recesiones de 2014, 2016 y ahora la de 2018 así lo demuestran.

En este momento en que el mercado le marcó la cancha a la política y le quitó todas las posibilidades de utilizar el ‘arma secreta’ electoral y expandir la economía, por suerte –y, al mismo tiempo, lamentablemente–, la administración de Mauricio Macri está obligada a ponerle fin a esa dinámica instalada. Así, 2019 será un año atípico y con poco margen de maniobra para que el Gobierno seduzca a todo el padrón electoral, por lo que deberá apelar al sentido común de la población sin poder ofrecer una economía más saludable y próspera desde el punto de vista de la gente o de la microeconomía.

Salvando las distancias y cualquier tipo de comparación con la magnitud de la crisis de 2001, el próximo año –siempre y cuando el Gobierno haga lo que tiene que hacer en materia económica– estaremos frente a una especie de 2003, un año en el cual, luego del golpe que significó el binomio 2001-2002, las variables de la economía cambiaron rotundamente y comenzó la recuperación. Años difíciles y complejos, sin dudas, pero que mostraban la luz al final de túnel, porque la fuerte recesión ya empezaba a revertirse de la mano de una mayor consistencia de las variables macro.

La mejora será distinta

En 2019, los dos grandes desequilibrios de la economía argentina –el externo y el fiscal– mostrarían una notable mejora. El ganador del año que viene no será la demanda interna (consumo) sino las exportaciones, gracias a la mejora del frente externo. Por primera vez en 10 años se eliminará el déficit fiscal primario. La búsqueda de un equilibrio fiscal para el año entrante es la noticia más importante, porque no necesitaremos de crédito externo para financiarlo y eso va a generar que el tipo de cambio no deba apreciarse. Una interesante reflexión sobre el efecto inflación y atraso cambiario lleva el sello de Miguel Kiguel en el informe quincenal que elabora para los clientes de su consultora: “La política económica hasta ahora no ha sido capaz de quebrar una ‘inercia’ inflacionaria que impulsa los precios de la economía a un ritmo del 22 % anual desde hace ya muchos años. Esto ni siquiera pudo lograrse en los años de atraso cambiario, cuando el dólar subía muy por debajo de la inflación, como en 2015 y 2017. Cuando hay un shock cambiario y el dólar se dispara, la inflación se acelera muy por encima de ese umbral ‘inercial’ y la actividad económica cae, como en 2014, 2016 y ahora en 2018. En las últimas experiencias, el traspaso de la devaluación a la inflación ha rondado el 30 % en los primeros meses y esperamos una cifra similar en esta ocasión. Si bien hay argumentos para pensar que puede ser mayor que en otras ocasiones, como el hecho de tratarse de una devaluación inesperada (a diferencia de 2016) y más fuerte que las anteriores, también es cierto que esta vez la política monetaria y fiscal presentan un sesgo mucho más contractivo que antes y que la caída de la actividad económica que se espera es mayor”.

Entonces, ¿qué pasará finalmente con el traspaso a precios de esta devaluación? Estamos a pocos meses de terminar el año y se dificulta proyectar la inflación a diciembre. Con tantas idas y vueltas de la economía, sumado a un rebrote de la crisis cambiaria, cuesta dimensionar hasta dónde llegará la inflación porque ni siquiera sabemos en cuánto terminará el dólar. A cuánto debería lo sabemos, el problema es qué dirá la realidad... Si el quedara en un rango de $ 39-$ 41 a fin de año, y la inflación entre 43 %-45 %, el traspaso de la devaluación a la inflación estaría cercano al 25 %-30 %.

Pero el gran interrogante será 2019. Todo indicaría que no se utilizarán las herramientas del pasado. El mecanismo adoptado por parte de la dirigencia política fue apelar al dólar como ancla, produciendo una mejora circunstancial de la economía bajando la inercia inflacionaria y mejorando los indicadores de salario y de consumo, pero esto quedó demostrado que funciona –hasta el momento– de forma transitoria y que después de estos ciclos serrucho aparece de nuevo el ciclo de devaluación, recesión y más inflación. Esperemos que 2019 sea el año en que la política económica se preocupe por hacer los deberes y no repetir los errores del pasado.

Será un año electoral atípico, con poca plata en la calle y con perspectivas negativas del futuro económico para un gran sector de la población. Pero, haciendo las cosas bien, esas expectativas se irán modificando de la mano de una recuperación más lenta pero con una economía más coherente en adelante.

 

 

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