American Idol

por  Lorena Pérez

Autora de www.blocdemoda.com.ar
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American Idol

Donald y Melania Trump reemplazarán, a partir del próximo 20 de enero, a Barack y Michelle Obama en la Casa Blanca. Hasta ahora, con sus elecciones indumentarias, la nueva pareja presidencial responde al cliché del luxury fast fashion.

Un nuevo capítulo en la Historia mundial se prepara para ser escrito tras la victoria del magnate Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Luego de una campaña repleta de expresiones xenófobas, machistas, racistas y discriminadoras, bastó que ganara los comicios para que su discurso –al menos en los primeros días posteriores al triunfo– adquiriera un inédito tono moderado. Cuál de los dos Donald se sentará, finalmente, en el Salón Oval, queda por verse. Lo único cierto, e inmutable a lo largo de las décadas, es el estilo indumentario que identifica a Trump.

Una cabellera enmarañada (¿rubia? ¿anaranjada? ¿platinada?), trajes que caen sin gracia y un sinfín de corbatas de seda cortadas por la maison francesa Hermès y la casa italiana Brioni, donde resuelve gran parte de sus outfits, son las señas de identidad de su look. En palabras del sucesor de Barack Obama, “son los mejores trajes, porque se pueden comprar en las tiendas y usar enseguida. Hay personas que piensan que es mejor tener ropa confeccionada a medida. Pero no lo recomiendo, a menos que tengas mucho tiempo libre”, ha aconsejado sin inmutarse. Hay que decir que Brioni se encargó de vestir al James Bond interpretado por Pierce Brosnan y apostó a modernizar sus percheros con la imagen de los músicos de Metallica, pero también era la debilidad del expresidente Carlos Menem... Así de amplio es el público masculino de esta etiqueta de sastrería que acompaña al empresario y presidente electo desde su época como protagonista del reality show El aprendiz. “Es un hombre que asumió, desde los años ‘70, el rojo en la corbata como signo de poder. Funciona para él. Se siente cómodo con un traje y una corbata, que ya es su uniforme y parte de su marca”, declaró Roger Stone, político, lobbista y exconsulor del futuro mandatario estadounidense, conocido por su gusto por la moda.

Algo similar –por lo repetitivo– sucede con Melania Trump, la próxima Primera Dama: los tonos pasteles y el blanco definen la paleta que manda en su guardarropa. Y a pesar de que durante la campaña buscó alargar las faldas y suavizar los escotes, la exmodelo de 46 años sigue siendo híper sensual con cualquier atuendo que escoja. Con menos sustancia que Michelle Obama, a quien le copió hasta un discurso, Melania también llenó páginas de la prensa especializada a la hora de referenciar su estilo, incluso revelando diálogos de las prendas ante situaciones específicas: desde lucir la blusa fucsia Pussy de Gucci tras la difusión del escandaloso audio de su marido en la recta final electoral hasta vestir un jumpsuit de seda blanco de la colección otoño 2016 de Ralph Lauren durante el discurso de la victoria, un tono y diseñador totalmente asociados a la imagen de Hillary Clinton, la gran rival en las urnas. En tanto, para su primera reunión con Michelle O escogió un little black dress sin mangas –detalle que identifica a la esposa del presidente saliente– y unos stilettos de Christian Louboutin, zapatero francés que calza en toda ocasión. A pesar de que Melania estaba correcta, quedó claro que le será muy difícil equiparar, en términos de look, a la compañera de Obama, quien hizo de su ropa una plataforma de comunicación poderosa durante los 8 años en que ejerció su rol. Para esa visita compartida por los rincones privados de la Casa Blanca, Michelle formuló un statement por demás elocuente: eligió un vestido púrpura, color relacionado conceptualmente a la unión y utilizado por Hillary Clinton en el discurso de concesión, y además firmado por Narciso Rodríguez, el diseñador hijo de inmigrantes cubanos. Lejos de esa actitud comprometida, el closet de la tercera esposa de quien será el 45º primer mandatario estadounidense incluye ítems como la cartera Birkin, de Hermès, y la 2.55, de Chanel, emblemas de una mujer con buen gusto y presupuesto sin límites.

Con respecto a Donald Trump, entre algunas de las incoherencias que se encontraron en sus speeches de campaña hay una estrechamente vinculada al fashion business, ya que prometió proteger los productos made in USA cuando, entre su portfolio de empresas, figura una marca de indumentaria confeccionada en México, China y Turquía. Resta esperar, entonces, si su anhelo expresado en el lema Make America Great Again incluirá el apoyo a la industria textil, tal como hicieron los Obama, grandes comunicadores de los valores estadounidenses a través de sus acciones para fomentar, apoyar y lucir las propuestas tanto de las etiquetas masivas como de los diseñadores independientes de su país.

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