Vinos: qué esperar este 2018, luego de dos años históricamente bajos

Vinos: qué esperar este 2018, luego de dos años históricamente bajos

Luego de las vendimias 2016 y 2017, que fueron de las más bajas en los últimos 60 años, los pronósticos para la actual campaña son alentadores. En la línea de largada, las principales bodegas anticipan una buena perfomance. 

Décadas atrás, las cosechas copiosas eran el mayor deseo de los viñateros. En los ‘90 se giró drásticamente hacia la calidad, siendo la máxima de la viticultura resignar los rendimientos para mejorar el perfil cualitativo de la fruta y consecuentemente de los vinos. En nuestro país, las dos últimas cosechas –2016 y 2017–, por contingencias climáticas, resultaron en volúmenes muy bajos, una situación un tanto desconocida y extraña para nuestra industria. Digamos que estábamos mal acostumbrados, ya que la vendimia nunca era un problema: las cosechas siempre fueron estables, generosas en volumen, favorecidas por condiciones climáticas. Podíamos calificarlas entre muy buenas y excelentes, y era raro andar penando por la uva o por su madurez. Felizmente, los informes parciales del inicio de la vendimia 2018 son prometedores, tal como lo relatan los expertos. “Por ahora, sólo se comenzó con blancas, como chardonnay para espumosos, tanto en Mendoza como San Juan, y algunas tintas tempranas como merlot; en Salta se comenzó con blancas también, como sauvignon blanc, y algo de pinot noir, y las primeras cosechas de proyectos pequeños de baja productividad y muy alta gama con gran futuro”, explica Marcelo Belmonte, director de Desarrollo Vitivinícola de Trapiche.

El hemisferio sur siempre evidenció una cierta ventaja en relación con su par norte, históricamente más inestable en cuanto a sus cosechas. No obstante, los manejos agronómicos de los viticultores han sabido conducir y guiar las viñas de manera de sortear estas contingencias. Por eso, en las últimas cosechas tuvimos menos fruta pero de gran calidad. Los segmentos premium o los vinos ícono se vieron favorecidos; pero es verdad que en los segmentos de vinos de consumo diario o a granel, cuyo precio es mucho sensible a la oferta de la uva, al haber escasez el impacto es mayor. “El 2018 anuncia buenos resultados cualitativos y sanitarios, con rendimientos superiores a 2016 y 2017, lo que promete un volumen de cosecha dentro de las medias históricas para el país”, aporta Belmonte, de Trapiche.

Vendimia: cuando menos es más

Las vendimias para espumosos están en la pole position, pues se cosechan antes para tener esa acidez natural que luego se traduce en vinos aromáticos y de una agradable frescura. “Las condiciones meteorológicas por el momento presentan buena sanidad y una calidad prometedora; si bien se sufrió una helada de primavera en las zonas frías como el Valle de Uco y zonas altas de Luján de Cuyo, el impacto sólo se verá en el volumen (-20% aproximadamente de rendimiento), pero nunca en la calidad”, asegura Hervé Birnie Scott, director de Bodegas Chandon Argentina. Y agrega: “En este momento es clave la recolección: cuando hay altas temperaturas, los tiempos de la operación de cosecha son cruciales. Es fundamental coordinar un trabajo de mucha logística, recursos, mano de obra, para realizar una recolección de la fruta en óptimas condiciones y lograr mostos ideales para los espumosos”. A  nivel del negocio, no hay dudas que la escena se presenta dispar: no se comportan igual las ventas en el consumo masivo que las de los vinos de alta y media gama. Muchos bodegueros lo explican en el hecho de que se consume menos debido a la retracción del poder adquisitivo, aunque rescatan que se elige y consume mejor. Eso explica que muchas bodegas hayan apostado por la premiumización. El segmento de espumosos sufrió menos impacto en las ventas que los vinos básicos, pero aun así 2017 mostró un retroceso en el consumo, cuando ha sido un sector de gran crecimiento en cuanto al volumen de producción en los últimos tres años. No obstante, el inicio de 2018 es bueno, y para las bodegas que tengan planes de largo plazo siempre hay un escenario optimista. Un ejemplo son las propuestas de rosados o espumosos dulces. “Este estilo, como Delice, es una oportunidad para captar consumidores no tradicionales mediante formas de consumo más descontracturadas como el cóctel”, asegura Birnie Scott, de Chandon.

Importados
El segmento premium también se ve enriquecido con etiquetas importadas (vinos italianos, franceses o españoles) de regiones y cepas emblemáticas que se suman a la oferta. Un desafío para los vinos argentinos, que están a la altura de sus contrincantes europeos.

El consumo, en foco

El 2017 fue un año difícil para la industria. Cifras oficiales y no oficiales indican que el consumo per cápita anual estuvo algo arriba –o un poquito por debajo– de los 20 litros. Pero, observando en detalle, lo positivo es el incremento en el consumo de los vinos premium. Este segmento se ha visto fortalecido y empoderado con la creciente oferta con mención del origen y las nuevas propuestas en vinos blend. Por eso 2018 será probablemente el año en el cual este concepto de territorialidad se afiance: así, beberemos vinos de aquí y de allá; y menciones como Paraje Altamira, Chacayes y Gualtallary ganarán protagonismo en las etiquetas cuando se trate de vinos que proponen ser únicos, cuyo carácter y estilo es una consecuencia del lugar de origen. Esperemos que esto no sólo sea una variable de diferenciación y posicionamiento sino que refleje verdaderamente las bondades y cualidades del terruño. Los blancos con nuevos varietales y los vinos blancos de corte fueron los lanzamientos más novedosos del año pasado, y es de desear que esta tendencia siga creciendo y mejorando. Los nuevos rosados, que sorprendieron en la góndola con un color más apagado pero no menor en fruta y sabor, se afianzan y no parecen resignar terreno. Y los tintos expresarán más la fruta y el terroir, haciendo de la madera un compañero de baile pero ya sin el protagonismo de otros tiempos (lo cual no significa que la madera dejará de existir o ya no sirve). Esos tintos con mucho de todo -color, tanino, barrica, peso en boca- ya no serán de la partida. Podremos beber, entre otros, un estilo de tintos ligeros, más frescos, así como blancos con más cuerpo.

Siempre hay oportunidades

Hace unos meses, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) informaba que la producción mundial sufrió en 2017 la peor caída en 50 años debido principalmente a la disminución de los tres principales productores del mundo: España, Francia e Italia dan origen a 1 de cada 2 litros del vino que se consume en el planeta y, según datos certeros, sus cosechas fueron del -15 % al -20 %. Para tener una idea de la magnitud, entre los tres esa disminución fue de aproximadamente 2.800 millones de litros en un año, mientras que la elaboración de vino promedio anual en la Argentina en los últimos años es de 1.400 millones de litros. La menor oferta de vinos en otras latitudes puede ser interpretada como una oportunidad para los vinos nacionales: recuperar mercados es el gran de-safío ya que en 2017 prácticamente todas las categorías de productos vínicos (vino y jugo de uva) disminuyeron sus ventas en volumen.