¿Un año para descorchar? 6 hitos del vino argentino, bajo la lupa

Bodegueros y 'winemakers' convirtieron la crisis en oportunidad. Nuevas cepas, 'players' e inversiones conviven con la apuesta por la diferenciación en base al 'terroir'.

1º Easy to drink is the new black!

Durante las últimas dos décadas, la necesidad de posicionamiento internacional por parte de las bodegas locales amplió la oferta de etiquetas como nunca antes. El segmento que más desarrollaron –y también logró captar la atención de los consumidores vernáculos– fue el de los vinos de alta gama, cuyo perfil sofisticado siempre demanda situaciones especiales para el descorche. En 2016, sin embargo, la búsqueda de muchos enólogos y bodegas dio cuenta de un cambio de foco. “Es hora de elaborar vinos que se puedan beber sin demasiados preámbulos”, se planteó durante la presentación de Tintillo, cuya etiqueta reza “Bébase frío”. Justamente, esa nueva propuesta de Familia Zuccardi comparte con Very, de Los Toneles; Aimé, de Ruca Malen; Marló, de Bianchi; y King, de Norton, una estrategia tan novedosa como ambiciosa: conquistar los paladares de los millennials y también de aquellos que buscan degustar una copa en cualquier momento de la semana. En este segmento, algunas etiquetas tienen como secreto el dulzor, para asegurar un sorbo amable y versátil, mientras que otras apuntan a la simpleza, delicadeza y austeridad del sabor final.
 

2º ¿El fantasma de la concentración acecha?

Los primeros años del siglo XXI serán recordados por el importante ingreso de nuevos players al ámbito vitivinícola local. Pero 2016 pasará a la historia, en rigor, por el fichaje de algunas bodegas emblemáticas que se sumaron a los portfolios de los grupos líderes de la actividad. Así, Peñaflor finalmente sumó a Navarro Correas, mientras que Molinos Río de la Plata, propietaria de Nieto Senetiner, incorporó a Ruca Malen y Viña Cobos. Por su parte, Vicentin, la bodega de una de las familias referentes de la industria agropecuaria, adquirió Sottano; y Bianchi se hizo con un establecimiento en Valle de Uco. De este modo, el mapa del vino argentino comienza a cambiar sus fronteras. Y está abierto el libro de apuestas con relación al efecto que tendrá, en los próximos años, la aparición de jugadores cada vez más fuertes.

3º La fiebre de los freak wines

Entre los consumidores inquietos y curiosos, las propuestas no tradicionales fueron el plato fuerte de los últimos meses. Entre ellos, los elaborados con garnacha o grenache resultaron los más celebrados, de la mano del proyecto mendocino Ver Sacrum; desde Salta, el que embotella Estancia Los Cardones y también el grenache-malbec que Catena Zapata sumó a su línea DV-Catena. Además, hubo espacio para la criolla, cepa que dominó los viñedos argentinos décadas atrás, con ejemplos como Cara Sur y la novedosa línea El Esteco Old Vines, que recuperó un viñedo de 1958 en Cafayate. Por su parte, Viña Las Perdices sorprendió con su Ala Colorada Anccellotta. Y, para completar la categoría de freak wines, habría que mencionar a los patagónicos elaborados con trousseau por Bodega Aniello y Marcelo Miras. Entre todos, abrieron las puertas de un segmento que promete sumar nuevas etiquetas en 2017 de la mano de cepas como agliánico, fiano y monastrell.

4º El despegue online

Finalmente, el vino se hizo fuerte en el canal de e-commerce. Con jugadores de peso pujando por un lugar en el ciberespacio, las ventas crecieron un 200 por ciento en esa modalidad durante los últimos dos años. La pauta la marcaron Club BonVivir, Tonel Privado, Espaciovino y Bevy-Bar. “Los enófilos se encuentran entre los más entusiastas a la hora de navegar en busca de novedades y oportunidades de compra, pero también demandan buen servicio y productos de calidad”, se caracterizó en el marco del lanzamiento de la nueva tienda digital de BonVivir. Mientras tanto, las bodegas más importantes del país se suben a la nube y participan de diferentes plataformas virtuales de comercialización para no quedar relegadas de un canal que, a nivel global, se ha convertido en el más dinámico de los últimos años.

5º Bodegas mínimas

En sintonía con la tendencia de comienzos del siglo XXI, cuando algunos reconocidos winemakers decidían arrancar su camino solista, una nueva generación de enólogos apuesta por reversionar el concepto de vinos de autor. Los que lograron sobresalir en 2016 fueron Gonzalo Tamagnini y Martín Sesto con sus vinos Desquiciado (un cabernet franc y un malbec); Revolver (versión pinot noir y chardonnay) creación del chileno Leonardo Erazo, también a cargo de los vinos de Altos Las Hormigas; más La Nave Va, del sommelier y viticultor Gabriel Dvoskin.

6º Microterroirismo

A partir del momento en que el mendocino Paraje Altamira obtuvo el estatus de Indicación Geográfica (IG), la industria vitivinícola local asumió el compromiso de continuar con la exploración de cada rincón donde exista un viñedo. “La Argentina debe demostrarle al mundo que puede ofrecer diversidad. Así como no existe una única expresión de vino mendocino, tampoco hay un carácter que logre definir al Valle de Uco o a los Valles Calchaquies”, destacan desde el movimiento de Productores Independientes de Paraje Altamira. Su ejemplo, cunde: hay varias iniciativas que impulsan los estudios de suelos y climas en Gualtallary, Chacayes y El Cepillo, algunos rincones del Valle de Uco que pronto obtendrán su propia IG.

La versión original de esta nota fue publicada en la edición 185 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista

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