Burda

Tiene 54 años y desde su 'cueva' en Córdoba ilustra videojuegos y cómics famosos en el mundo

En el último año, Alejandro Burdisio tuvo que rechazar más trabajo que nunca en su carrera como ilustrador de videojuegos. Quién es el cordobés creador de Universo Chatarra, un estilo furor entre los fanáticos de los cómics

Alejandro Burdisio es un ñoño de 54 años que cuando trabaja se divierte como un pibe de 10. O, al menos, así se define.

Tiene 78 años y reinventó su negocio gracias a la gran estrella de la tv en pandemia

Este artista cordobés, conocido también como Burda (seudónimo que rescató de sus días de secundaria) vivió el último año tan recluido como siempre, pero con la diferencia de que le tocó rechazar más propuestas de trabajo que nunca. Su área de desempeño es la industria global del entretenimiento, que explotó de la mano de la indicación de confinamiento que se replicó en todo el mundo.

Burda logró reconocimiento internacional con su serie de ilustraciones que combinan reconocidas imágenes urbanas argentinas con un entorno de fantasía. Bautizó esta creación -que alguna vez sintetizó como limbo retrofuturista y distópico'- como Universo Chatarra, su obra insignia

Hoy, trabaja fundamentalmente para empresas de videojuegos, como la londinense Creative Assembly, con la que tiene vínculo desde hace 5 años para una de sus producciones más populares: Warhammer. También ha incursionado en el cine con una película que frenó la pandemia.

El ilustrador no sólo lleva años, sino también varias carreras desarrolladas puertas adentro. Sabe de giros profesionales porque, dice, es "muy analítico de las zonas de confort: cuando veo que estoy haciendo mucho tiempo lo mismo, me preocupo. Cuando me dejo de frustrar es porque tengo algún problema", reflexiona. E insiste en que el alimento de un artista es "la paciencia y la frustración".

Actualmente, además de trabajar como ilustrador para empresas del exterior y dar workshops virtuales para todo el país, realiza esculturas en cartón. "Tuve un cierto renacer en esto de divertirme. Busco eso: pasión. Soy un poco adicto a tener placer haciendo lo que hago", revela.

Comenzó a realizar trabajo remoto ya desde estudiante de Arquitectura, la segunda carrera que encaró luego de probar con Publicidad en la ciudad de La Plata. En plena montaña rusa emocional, después del servicio militar, el desarraigo lo impulsó a regresar a su provincia.

Estudió Arquitectura durante 11 años, aunque desde el tercero supo que no iba a obtener el título. "No me recibí, pero me formé como ilustrador. Ingresé en 1986, con la democracia recién recuperada, para mí fue una época muy linda, había debates espectaculares sobre arquitectura y me marcó", rememora.

En la universidad perfiló una carrera docente dando clases a sus amigos; luego, dibujó para tesistas y, posteriormente, para estudios de arquitectura. "Iba con mi bolsito a las 7 de la mañana a hacer toda una recorrida por los estudios del centro de Córdoba y a las 6 de la tarde, entraba a la facu. Así estuve tres años hasta que me cansé", cuenta. 

Y agrega: "Dejé la universidad, me puse mi estudio y estuve 25 años trabajando. Era uno de los que más dibujaba perspectivas a mano para los primeros conglomerados, los inicios del lobby inmobiliario". 

Afirma que así desarrolló relaciones laborales con empresas de Dubai, España, los Estados Unidos, países de Centroamérica, Chile y Perú. Pero que un día se volvió a cansar. Y pegó un volantazo. "Quería hacer lo que hago hoy: arte", recuerda.

Comenzó a mostrar su trabajo a través de la red social Facebook y en ese momento nació Burda. "Así se inició la otra etapa de mi vida, la del arte conceptual; aparece Universo Chatarra, que me llevó para todos lados y empecé a trabajar a distancia cada vez más para el exterior", narra.

Actualmente, el 99% de su trabajo es para empresas radicadas fuera del país. Y asegura que siente más seguridad ahora que cuando se desempeñaba para la industria inmobiliaria. "La arquitectura siempre fue más fluctuante. La industria del cine, de los videojuegos, es más sólida", define. Y él -aclara- también se siente más sólido.

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Pero hay una parte de su trabajo que está alejada de la solidez y del placer: la de cobrar. Y no sólo porque le toca negociar en otro idioma con multinacionales, sino porque facturar en dólares desde la Argentina es un camino lleno de dificultades y de vericuetos que obligan a estudiar leyes que no están diseñadas para facilitar el camino a un artista independiente

"Al final, terminamos sabiendo más sobre comercio exterior nosotros, los clientes", lamenta. Y cuenta que es un problema que comparte con otros dibujantes, situación plasmada en un grupo de Facebook que se llama "No me llega la transferencia".

Burdisio califica a la pandemia como un "accidente" que aceleró el modelo de trabajo a distancia, su rutina desde hace décadas. "Hay semanas en las que no asomo la cabeza por la puerta", reconoce.

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