Viviana Rivero: “A la mujer le abren una puerta y tira abajo las paredes”

Exabogada tributarista, es una de las principales exponentes de la novela histórica en clave romántica. Con 9 'best-sellers' en su currículum, la escritora cordobesa habla de sus inicios y reivindica el rol de las pioneras del empoderamiento femenino.

Viviana Rivero: “A la mujer le abren una puerta y tira abajo las paredes”

En pocas palabras, la trayectoria literaria de Viviana Rivero se puede definir como un éxito súbito: Secreto bien guardado, la primera novela que publicó, se agotó en dos semanas y llegó a vender 5 ediciones más sólo en su provincia natal, Córdoba. El camino que derivó en ese triunfo iniciático, sin embargo, es bastante más difícil de describir en pocas palabras. De hecho, su actual editora en Planeta (con la que mantiene una prolífica alianza que lleva 9 best-sellers) fue la primera en decirle que no. Entonces, Rivero decidió publicar su texto por cuenta propia, sólo por la satisfacción de verlo hecho libro: “Fue toda una decisión autoeditarme, porque la inversión era algo así como irme con toda la familia al Caribe o hacer el libro”, recuerda la autora de Mujer y maestra, Secreto bien guardado y Los colores de la felicidad.

Sin embargo, el éxito inesperado puso a la por entonces abogada tributarista ante otra disyuntiva: “Fue como cruzar un precipicio saltando de una piedra a otra. Y abajo, el vacío... Hasta que no entregué el tercer libro, seguía en la cuerda floja, sin saber si podría vivir de la literatura”.

¿Cómo fue descubrir que sí se podía vivir de la literatura?

Mi padre era un buen escritor y había ganado premios importantes, pero no podía vivir de eso. En mi casa se hablaba de la eterna disyuntiva: si escribís algo bueno, nadie lo compra –porque las novelas de mi padre ganaban premios pero no había ninguna editorial que se las quisiera publicar–; y, si escribís algo comercial, no es bueno. Entonces, no quería escribir. Un día, llegó a mis manos Suite francesa, de Irène Némirovsky. Lo leí y pensé: “Esta mujer logra las dos cosas”. Y yo quería hacer algo así. La lectura de ese libro fue un motivador para mí, fue como animarme a hacer algo que fuera bueno y que se vendiera. Fue mi último libro como lectora: después, me transformé en escritora.

¿Escribe con una rutina de trabajo o por inspiración?

A las 7 de la mañana suena el reloj, mi hijo más chico se va a la escuela y subo a mi oficina donde, quizás, estoy hasta las 5 de la tarde. Me parece que a veces se idealiza el trabajo del escritor. Creen que somos bohemios y tenemos que estar esperando la inspiración. Para mí, hay un 20 por ciento de inspiración y un 80 % de transpiración. Ahora, hay momentos en que se unen las dos cosas y son días sublimes, de las páginas mejor escritas.

Sus protagonistas siempre son mujeres fuertes, algunas disruptivas para el contexto. ¿Qué atrae tanto de las antiheroínas?

Creo que la sociedad, en su época, no las perdonaba. Y eso es lo interesante: esas mujeres ni siquiera tenían referentes, sino que eran las que hacían algo por primera vez. No tenían a quién mirar, no tenían leyes que las ampararan, ni siquiera tenían estudios casi, porque no eran tiempos en que se les permitiera acceder a la universidad... Creo que el género de novela histórica romántica protagonizada por mujeres se vuelve interesante porque hemos ganado muchos derechos y, cuando se mira hacia atrás, siempre hubo una pionera en algo: en manejar un auto, en operar en un quirófano, en enseñar en un aula, en dictar una sentencia.

¿Esas historias de pioneras son el germen del actual empoderamiento femenino?

Por un lado, creo que el boom de la novela histórica en la Argentina tiene su razón de ser en el hecho de que vino a suplir una necesidad. Porque la Historia nos mostraba muchas estadísticas, fechas y batallas pero no nos mostraba la parte humana. Ni hablar del rol de las mujeres, a diferencia, tal vez, de los europeos o los estadounidenses, que tienen sus megaproducciones, donde se puede ver más en detalle cómo ellas vivían y acompañaban las grandes gestas de la Independencia, por ejemplo. Creo que eso trajo aparejado el poder reivindicar qué hacían ellas en ese tiempo porque, a veces, lo que nos muestra la Historia, lo que estudiamos en el colegio y en la facultad, es “tal prócer hizo tal cosa, y bueno, tenía un amor que quedó por ahí”.

¿La equidad de género dejó de ser una utopía?

A la mujer le abren una puerta y tira abajo las paredes. Porque pasamos de la nada a dirigir países o multinacionales. Pero, por otro lado, muchas veces, si un mismo trabajo lo hacen un hombre y una mujer, él gana el doble. Entonces, si bien se han conquistado ciertos bastiones, quedan otros. Enterarse de lo que alguna se animó a hacer en otras épocas ayuda a que hoy vayamos por más.

La versión original de esta entrevista fue publicada en la edición 186 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista