Víctor Blanco: “Hay algo que no negocio: no gastar más  de lo que entra”

Víctor Blanco: “Hay algo que no negocio: no gastar más de lo que entra”

Es el presidente del club de Avellaneda. Gallego de pura cepa, tiene más de 50 años de trayectoria en el rubro gastronómico. Saneó las cuentas del campeón de la Superliga. Cómo lo acompaña su familia en la gestión.

“No, 'Blanquito'. Tenés que seguir acá. Te necesito acá”. Hacía 8 años que Víctor Blanco (73) trabajaba en Bagley. Había entrado como cadete a los 14 y se había ganado la confianza, tanto de los máximos ejecutivos como de los dueños de la alimenticia –la familia Mozotegui– a cuya casa solía llevar documentación y correspondencia. “Me consideraban como de la familia”, recuerda. Cuando la empresa cumplió 100 años (1964), cuenta, le regalaron un reloj.

Blanco –un “galleguito” criado en la Barracas de los ‘50– era tercer secretario de la gerencia general. Una de sus tareas era elaborar las planillas con los sueldos de los corredores y viajantes de comercio. Así, descubrió que ganaban 20 veces su sueldo y, además, tenían viáticos y auto a expensas de la empresa. “Para mí, era algo maravilloso. Tenía la edad y veía que era un puesto que podía desempeñar”, evoca. Pero su ilusión se esfumó con el “no” de su jefe, el gerente general. “Ahí tomé la decisión: si no voy a ganar más plata, me voy”, recuerda.

 

Nacido en Pontecesures, un pueblo al norte de Pontevedra, había llegado a Buenos Aires con sus padres a los cinco años. “Tengo unos amigos que van a instalar una pizzería en Gaona y Donato Álvarez”, le dijo, en esos días cruciales, su papá. “Si querés entrar como socio de ellos, podés”, le propuso. “Lo que sí te digo, es que la vida es totalmente distinta”, le advirtió. “Vos, ahora, trabajás de lunes a viernes y terminás a las 6 de la tarde. Te vas a meter en un lugar en el que vas a trabajar sábados, domingos, feriados… Cuando la gente esté descansando, vos no. Pensalo bien. No vaya a ser cosa que, después, te arrepientas”, cerró el consejo.

“Son decisiones. De estar en relación de dependencia, a valerse por uno mismo. No me arrepiento”, cuenta, 50 años después, en una sala del hotel Savoy. Una de las tantas empresas de las que, dice, no es dueño sino “un socio del montón”; uno de los negocios en los que tiene participación y es presidente.

En los últimos años, Blanco se hizo conocido por su gestión en Racing Club. Asumió la presidencia de forma crítica, casi de casualidad. En 6 años, ganó dos campeonatos –Apertura 2014 y Superliga 2018/19, algo inaudito en más de cuatro décadas– y estabilizó financiera y patrimonialmente a un club tan reconocido por el pasional sufrimiento de sus hinchas como por sus históricas y ruinosas gestiones, a punto tal que, en marzo último, se cumplieron 20 años del momento en el que la síndico de su quiebra, Liliana Ripoll, declaró: “Racing Club ha dejado de existir”.

En su último balance anual, cerrado el 31 de agosto del año pasado, Racing registró ingresos por $ 1789,82 millones, el doble que en el ejercicio previo ($ 804,83 millones). Tuvo un superávit operativo de $ 696,79 millones (habían sido $ 228,9 millones en 2017), con un resultado final positivo de $ 616,52 millones ($ 134 millones un año antes). El club cubre con sus ingresos ordinarios el 85% de sus gastos operativos mensuales, en buena parte gracias a que el 70% de sus socios está adherido a débito automático. Son 71.500, 27.500 más que hace cinco años y cifra récord en la historia de la Academia.

 

 

 

 

 

 

Pero, detrás de ese presente, hay un pasado. Y el suyo, si bien no es tan conocido, incluye nombres y lugares que fueron –son– parte de la historia gastronómica de Buenos Aires. A saber: El Vesuvio, Petit París, La Banderita, Cinema, La Madelaine, Bice, El Patio Cervecero, Accademia della Pizza, La esquina Carlos Gardel, Tango Porteño y los hoteles Crillón y Castelar –se los vendió a la española NH–, además del Savoy. Las marquesinas más rutilantes de un entramado mucho más complejo, signo característico del cerrado y exclusivo círculo de gallegos que son amos y señores de la gastronomía porteña. Una suerte de logia en la que Blanco ascendió escalón tras escalón, grado a grado.

 

“El empresario que depende de un crédito está muerto. Hoy -y siempre en la Argentina- le escapé al banco, al crédito. No quiere decir que no sean necesarios. Pero hoy es prohibitivo meterse. Ningún negocio te va a dar lo que tenés que pagar de tasa”

 

¿Cómo fue su carrera empresarial?

Cuando empecé, a los 22, veía a empresarios de esta actividad que, para mí, eran referentes. Siempre tenía la meta de, algún día, ser como ellos. Estar entre los tres, cinco tipos, que son los mejores. Trabajando mucho se fueron abriendo puertas y logrando metas. Siempre quise llegar a ellos, asociarme con ellos, sentarme a su mesa. En lo empresarial, fue mi logro más importante.

¿Como qué tipo de empresario se define?
En lo mío, soy un tipo trabajador. Que conoce. Me meto adonde conozco el paño.

¿En qué lo formó el negocio gastronómico?
Mucho laburo. Y el trato. Me sirvió muchísimo también para Racing. Porque es un ejercicio. Cuando se está de gerente general o presidente de una empresa, uno tiene proveedores, clientes, empleados. Un montón de factores que son muy similares a un club: negociación de contratos, de locaciones.

¿Cuánto de eso llevó a Racing?

Mucho. Cosas que aplican a una institución, una empresa. Hasta en la vida familiar. Es muy sencillo: no gastar más de lo que entra. Tener una realidad. A veces, se quiere vivir en una dimensión distinta, para la que no se está. La realidad es otra. Hay que hacérsela ver a la gente. Nosotros no somos el Barcelona, ni el Real Madrid. Somos Racing: un equipo importante del fútbol argentino pero que no se puede dar los lujos que sí pueden otros clubes.

 

 

 

 

 

 

Alguien que lo acompañó en sus empresas, me dijo que, a usted, nunca lo afectaban emocionalmente las decisiones de negocio.

Sí, así es.

¿Qué tan difícil es eso en un ambiente tan pasional como el fútbol?

Es difícil. Pero eso no se negocia. Por ahí, tengo que reconocer que, en el fútbol, nunca se cumple la regla al 100%. Aparece un jugador, que ya habló con el técnico o es una oportunidad porque viene a préstamo, y, en ese tipo de cosas, uno se va un poco de presupuesto. Pero un 10 ó 20%. Hay que ser medido. El problema es cuando uno no identifica eso. Porque, una vez que está a la vista, ya no es un problema: el tema es decidir cuándo cortarlo y cuándo no.

Cuando uno maneja empresas –sobre todo, si es dueño–, toma decisiones. Asume todos los riesgos y recibe todos los beneficios. En un club, con un alto componente emocional, además, como el ‘Mundo Racing’, ¿se vio obligado a cambiar eso?

El mundo del fútbol es muy presidencialista. Hay debate, como en toda comisión directiva. Pero después, si el presidente no está convencido, no lo hace. Una vez que se toma una decisión, se va para ese camino y vamos todos juntos. Me pasa en las empresas. Siempre tuve sociedades, en las cuales soy presidente. Pero eso no significa que no le tenga que rendir cuentas a mis socios. Uno toma las decisiones. Para bien y para mal.

Cuentan que, en esa pizzería de Gaona y Donato Álvarez, como usted cerraba el local y también lo abría de madrugada, dormía sobre las mesas. ¿O es mito?

Es medio mito. El tema es… Salí de Bagley tratando al gerente general con el respeto que se trataba a un gerente general. Y entré a un lugar donde éramos 8 socios, de los cuales se nombraba a uno para que fuera socio gerente. Él hacía su trabajo y yo, pese a que era un par, lo trataba como si fuera el gerente general de Bagley; le sacaba las cosas de las manos. A los tres meses, ya estaba de subgerente y lo cubría en vacaciones y francos. Y quedaba a cargo de todo el local.

 

Gentileza: Diego Ortiz Mugica

 

¿Qué riesgos y beneficios evalúa para saltar de negocio en negocio?

No es que iba y venía. Siempre armé grupos que pudieran llevar adelante ese emprendimiento. Es mi especialidad. Formaba un equipo de trabajo, lo dejaba y me iba. Nunca estuve mucho más de un año (o dos) en cada emprendimiento. Después, me rendían cuentas.

Si hubiera que sacar una foto del ‘Grupo Blanco’, ¿qué se vería?

No hay un ‘Grupo Blanco’. Tuve nada más que dos negocios solo. Después, siempre entré en sociedades. Esto (por el Savoy) es una sociedad. El hotel no es de Blanco. Soy el presidente, tengo una participación. Soy un socio del montón. Tuvimos muchas marcas famosas. La Banderita, en su momento. Cinema, también.

La historia de Cinema es interesante. Cuando cerró Casa Scioli, en Callao y Santa Fe, usted tomó ese local para aprovechar la cercanía con los cines. Cuando ya no hubo más salas en la zona, se enteró que los dueños tenían la oferta de McDonald’s y no tuvo ninguna duda en bajar la persiana. Y se fue a otro concepto: La Madelaine.

Sí, es así. Creo que los negocios cumplen ciclos. Yo tenía Bice, en Puerto Madero. Acabo de cerrarlo y me estoy asociando con el Hard Rock para hacer alguna franquicia del Hard Rock Café. Es ir innovando. Uno no se puede quedar con un negocio.

No le tuvo paciencia a Horacio Rodríguez Larreta con el Paseo del Bajo...
Me quedé. Lo que pasa es que son ciclos. Hoy, tener restaurantes de ese nivel es muy costoso. Y la gastronomía va a otro tipo de emprendimiento. La sociedad busca algo no tan acartonado. Eso lo deja para gente más grande.

¿Qué es lo más difícil como empresario hoy?

El empresario que depende de un crédito está muerto. Hoy –y siempre en la Argentina– le escapé a los bancos, al crédito. No quiere decir que no sean necesarios. Cuando las tasas son normales, podés endeudarte. Pero hoy es prohibitivo meterse. Ningún negocio te va a dar lo que tenés que pagar de tasa.

¿Hubo reactivación hotelera por la devaluación?

Sí, mejoró. La hotelería y también la casa de tango. Venimos de muchos años malos. El tema es que son empresas que no están endeudadas. No tengo que ir a un banco a pagar. Hoy, para el que invierte con plata prestada, es muy difícil. Pasa igual en los clubes. La tasa es terrible.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La Supercopa, ese boleto hacia la eternidad ������ . Levantar la bandera de la historia es poner a la identidad como estandarte. Fueron, entre otras cosas, las grandes victorias las que construyeron la grandeza de un club que siempre apuntó a ser una referencia en el continente. En esa línea de grandeza, la obtención de la Supercopa Sudamericana, hecho que sucedió el 18 de junio de 1988, es uno de los instantes que permanecerán para siempre en el recuerdo del pueblo académico. Por eso, en el trigésimo primer aniversario de una gesta sensacional, el club le envía el más caluroso afecto al grupo de jugadores que a pura valentía se consagraron en el Estadio Mineirao de Brasil. . El conjunto que conducía Alfio Basile disputó en total seis encuentros en el certamen que contó exclusivamente con la presencia de los clubes que habían ganado la Copa Libertadores. El debut se produjo el 10 de febrero de 1988 venciendo en Avellaneda al Santos por 2 a 0. Luego de igualar sin goles en Brasil, la Academia se salteó la etapa de cuartos de final por haber quedado libre por sorteo. En las semifinales, el adversario fue River y la clasificación, tras ganar por 2 a 1 en el Cilindro, se dio al empatar 1 a 1 en el Monumental gracias a un fantástico cabezazo de Néstor Fabbri a poco del final. Ese día, el 1 de junio, se selló el pasaje a la instancia decisiva. . Hubo final contra el Cruzeiro. La ida se disputó en el Estadio Presidente Perón y la victoria no fue fácil. Los brasileros golpearon primero a través de Robson y Walter Fernández igualó antes del descanso. En la segunda etapa, Miguel Colombatti convirtió para sellar un triunfo vital. En la revancha, en la ciudad brasilera de Belo Horizonte, Omar Catalán abrió la cuenta en la etapa inicial y Robson estampó la paridad, para sembrar algún suspenso, cerca del cierre. La formación de esa mítica noche de sábado fue Ubaldo Fillol, Carlos Vázquez, Gustavo Costas, Fabbri, Carlos Olarán, Jorge Acuña, Miguel Ludueña, Colombatti, Rubén Paz (Hugo Pérez), Catalán (Ramón Medina Bello) y Fernández. Justamente Fillol, una de las figuras, fue quien levantó con su tradicional buzo verde el trofeo que se sumaría a las vitrinas.

Una publicación compartida por Racing Club �� (@racingcluboficial) el

 

 

Corazón celeste y blanco

Osvaldo Cruz y Vieytes. En ese rincón de Barracas arrancó la historia de Víctor Blanco Rodríguez –así dice su DNI– en Buenos Aires. Su familia cruzó el Atlántico gracias a sus abuelos, que ya vivían en la Argentina. Se instalaron en una casa provista por Magnasco Hermanos, en ese entonces la principal láctea del país. “Hice primaria y secundaria ahí, en Vieytes y California. Después, ya me mudé para Sarandí. Vivir en Barracas fue muy lindo”, rememora. “Y, por supuesto, me iba a la cancha. Caminando”.

El Cilindro de Avellaneda era la meca de esas peregrinaciones dominicales. A los 20, cruzó el charco para ver –en vivo y en directo– el legendario gol del Chango Cárdenas al Celtic que consagró a Racing campeón del mundo. “Explotaba la cancha”, recuerda.

Sin embargo, nunca participó en la vida interna del club. Tuvo una experiencia como dirigente del Deportivo Español en los ‘80, cuando el club que presidía Francisco Ríos Seoane ascendió a Primera División y era uno de los animadores más competitivos de la máxima categoría. “Fueron unos cinco años. Pero tenía que trabajar. Dejé el club porque mi actividad no me lo permitía. Tenía 40 años. Era el momento de crecer”, explica. “Después, aparecí en Racing. Nunca soñé con ser presidente. Es un lujo, algo muy difícil de cumplir para un hincha”.

 

 

Socio de toda la vida, plateísta de buenas y muchas malas, nunca había tenido actividad partidaria en Racing. Lo acercó una de sus hijas, Bárbara, en 2009. En el verano de 2010, Blanco puso parte de los u$s 3 millones que se juntaron para comprar al delantero Gabriel Hauche. Congenió con Roberto Molina, quien, en 2008, había sido el primer presidente electo de Racing en una década, tras el gerenciamiento privado de Blanquiceleste. Ofició como asesor externo. Cada vez, más involucrado. Lo acompañó con la renovación de autoridades de 2011. Fue el tercer hombre en la boleta que encabezó Gastón Cogorno, con Molina como vice primero.

“No me puedo lavar las manos. Tengo que asumir”, le anunció a su familia (su mujer y cinco hijos). En realidad, se lo dijo a sí mismo. Era el 27 de septiembre de 2013. Las “diferencias irreconciliables” –según los mismos protagonistas– entre Cogorno y Molina condujeron a las renuncias de ambos. “Molina me había ofrecido agarrar la presidencia en esas elecciones. Le dije que no estaba preparado. Primero, por mis tareas. No me daban los tiempos”, describe su ingreso a la política del club. “Ahí, me propuso que fuera de vice segundo. Que le diera una mano. Que fuera a AFA. Que, para Racing, sería positivo tener a un empresario en el trinomio. Eso, junto con mi hija, que me empujó, hizo que entrara en Racing. Nunca había pasado por mi cabeza ser dirigente. Antes, desde afuera, había apoyado mucho al club”.

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Mi lugar en el mundo. #Racing Gracias @hugormartin �� Matias Campaya.

Una publicación compartida por BARBARA BLANCO (@barbieblanco) el

 

 

 

Angustiado en lo deportivo –estaba último– y apremiado en lo económico –iniciaba su año fiscal con un presupuesto con más de $ 7 millones en rojo–, Racing explotaba. “Es mi responsabilidad. Si me voy, el club termina intervenido y se va a la B”, explicó. “En ese momento, era más fácil decir ‘no’ que ‘sí’”, cuenta un testigo presencial de ese momento.

Continuó el mandato. Lo validó con el 51% de los votos. Fue el 14 de diciembre de 2014, horas antes de que Racing festejara su primer campeonato en 13 años. El 10 de diciembre de 2017 fue reelecto, con el 62%, hasta 2020.

Una cosa es el Racing de hoy y otra, el de 6 años atrás. Ese día, en el que terminó siendo presidente por una circunstancia azarosa

(Interrumpe) No buscada. Era vice segundo. A pesar de no tener la última palabra, veía lo que pasaba. Uno daba consejos pero el presidente después los tomaba o no. Su salida se produjo porque yo le presenté la renuncia. Me iba porque no quería ser parte de algo que se estrellaba.

¿Por dónde empezó una vez que entró a la presidencia?

Lo primero que había que hacer era empezar a ordenar el club. Primero, en la parte política. Al club, esas peleas no le hacen bien. La primera medida fue transmitirle tranquilidad al socio, al hincha, a los empleados y a los jugadores. Que se iniciaba una etapa nueva, de reconstrucción. Transmitir eso hacia afuera era muy importante. No me conocían. Yo no era alguien de la política de Racing.

 

“La política está afuera de Racing. El club debe ser totalmente apolítico. Racing tiene que ser siempre oficialista. ¿Qué quiere decir? Hoy, convivo con signos políticos distintos: el Municipio de Avellaneda, el gobierno de la Provincia y el de Capital”.

 

¿Fue una ventaja ser un desconocido para el ‘Mundo Racing’?

Cuando asumí, estaban todos tan espantados que, en realidad, fue un año muy tranquilo. Políticamente, no me estorbaban mucho. También soy de abrir el juego. De la oposición, traté de sumar a quienes veía que eran potables.

¿Y en lo económico?

Racing empezó a ordenarse con el tema contratos. Teníamos jugadores, la mayoría, grandes. Estaban a préstamo. El club, prácticamente, no tenía jugadores propios, salvo los chicos de inferiores. Fuimos renegociando y, en algunos casos, liberándolos. Como el caso (Mauro) Camoranesi. Se vencían y no se renovaban. Y, una vez que se acomodó eso, empezar una economía austera. No gastar más de lo que entra. El primer año fue muy duro. Uno depositaba dinero para cubrir un cheque, llegaba un embargo y se lo llevaba. Había que ir de vuelta y buscar recursos de otro lado para pagar ese cheque. Eso, para cualquier club (o empresa), es tremendo. Porque se pierde más tiempo en cubrir esos baches que en generar. Cuando uno tiene la mente libre para generar, saca una ventaja muy grande.

¿Es muy difícil mantener eso cuando hay tanta presión desde lo deportivo?

Es un tema de cada persona. Yo lo tengo claro. No lo negocio, ¿entendés? Vengo de una vida empresarial en la que me tocó comprar o tener establecimientos que eran deficitarios. Siempre me dediqué a darles valor.

Tiene fama de negociador duro.

No creas, no creas… Siempre, sí, con mucho respeto. Sean contratos de proveedores o de jugadores. Discutiendo pero cumpliendo. Porque el tema no es decir “sí”. Eso es lo más fácil. Lo difícil es, después, pagar. Que llegue el día prometido y cobres. Hoy, Racing es eso.

¿Cuáles considera los aciertos de su gestión?

El haber salido campeón en 2014 y 2019. Haber ido a buscar a Diego (Milito) y Licha (Lisandro López). Hay mucha obra en el club que, antes, no se hacía. Vamos a empezar con las mejoras del estadio. Los túneles por donde salen los jugadores estaban llenos de agua. Había filtraciones: se arregló. Se mejoró el gimnasio: tiene máquinas de última generación. Iluminación nueva en el estadio. Se hizo nuevo el campo donde juegan el futsal y el básquet. En el predio Tita, había dos canchas: ahora, son 8. Fue un proceso hormiga: escriturar las tierras, recuperar los terrenos de Ezeiza. Compramos dos casas sobre la calle Alsina que nos van a dar una mejor salida del estacionamiento. Hubo muchas cosas positivas.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Seguimos creciendo y mejorando para estar donde todos soñamos

Una publicación compartida por Victor Blanco (@victorblancor) el

 

 

 

 

¿Y las negativas?

Debe haber habido un montón. Pero tiene que decirlas más el que está afuera.

¿Y las malas de las que más aprendió?

Hacer algo de lo que no estoy convencido. Si no estás convencido, no hay que hacerlo. A veces, la opinión de varios hace que uno siga un rumbo y no está tan de acuerdo. Como capitán del barco, hay que meditarlo más.

 

 

 

 

¿La contratación de algún técnico, por ejemplo?

Puede ser. Con el tema técnicos, tenemos historia. Habíamos contratado a (Marcelo) Gallardo. Nos volvimos para atrás porque era para reemplazar a Mostaza (Merlo). Y alguien recordó que se repetía una vieja historia entre ellos en River.

¿Qué le gustaba de Gallardo?

Su propuesta. Lo que ofrecía, lo que pedía. Lo veía con carácter para afrontar lo que venía. Estábamos entre él y (Diego) Cocca, que también nos gustó. Pero, en principio, tenía un poco más de fichas El Muñeco. Igual, nos fue también muy bien. No tengo nada que decir.

¿Cuál fue la decisión futbolística más difícil que debió tomar?

No me gusta sacar técnicos. Cuando tuvimos que sacar a (Facundo) Sava fue una decisión difícil, en la parte futbolística. Después, en lo demás, no tuve mayores problemas. El equipo siempre clasificó para las copas. Ganar ahí es algo pendiente. Pero, para ganar, primero, hay que jugarla.

¿Institucionalmente, qué deuda le queda?

Mejorar el estadio. El año próximo, cumplirá 70 años. Sería muy importante hacer una renovación. Es algo muy difícil en el fútbol argentino. Vamos a empezar una obra de mejoras. Pero, más que nada, son de seguridad: sellado de juntas, mampostería, hormigón. Arreglarlo para que, después, con mantenimiento anual, haya un estadio para otros 30 ó 40 años. Es una de las obras más importantes desde que se construyó. Se van a invertir u$s 2 millones. Después, intentaremos una remodelación integral. Pero, antes, para cualquier cosa, hay que iniciar esto.

El estadio se llama Presidente Perón. Racing tuvo (tiene) hinchas famosos –e influyentes– en uno y otro lado de la grieta. ¿Es muy difícil mantener a la política a fuera del club?

Está afuera.

¿Está afuera?

Sí, sí. Es más morbo de afuera. Somos 15 en la comisión directiva. Con algunos, tengo afinidad y conozco su pensamiento político. Pero hay otros con los que, de lo único que hablamos, es de Racing. El club debe ser totalmente apolítico. Al menos, es lo que tenemos que transmitir. Racing tiene que ser siempre oficialista. ¿Qué significa? Hoy, convivo con signos políticos distintos: el Municipio de Avellaneda, el gobierno de la Provincia y el de Capital. Dependemos mucho de ellos. A veces, se arma un poco… Pero debemos tener una relación normal porque necesitamos de todos.

Hace poco, declaró que, hoy, Racing está en los lugares que debe estar. Por la presencia que consiguió en AFA.

Es fundamental. Es muy importante el respeto de tus pares. Hoy, Racing tiene el respeto de sus pares. Una relación extraordinaria con todos. Cuando asumí, en 2013, todavía estaba Grondona. No me podía llevar mal con Julio. Debía llevarme bien. Porque lo necesitaba. Nos ayudó mucho a no perder la categoría. Al menos, en ese campeonato. Seguramente.

En AFA, usted estuvo en el Colegio de Árbitros. Después, fue secretario de Selecciones. Y, al poco tiempo, pasó a secretario general, su actual cargo.

Son cargos que Racing nunca tuvo. Y es un error no estar donde reside el poder del fútbol argentino: la AFA y, ahora, la Superliga. Estamos en comisión directiva, en el consejo. Esa es la presencia. Es todo un trabajo estar. Y, por FIFA, es la tercera vez que viajo como delegado argentino, para votar en los congresos. Hay que ir.

 

 

 

 

 

¿Es muy refractario el mundo del fútbol para un outsider?

No. Es ponerse una meta. Vivir tu club, tenerlo ordenado como corresponde. En la medida que uno quiera participar, está. También hay viajes… Son muchas horas que le quitás a tu familia. Son decisiones.

Pero uno ve lo que le pasó a Marcelo Tinelli…

(interrumpe) Eso es historia, así que es fácil hablar ahora: creo que no tenía posibilidades. Ni Tinelli, ni Blanco. Ningún otro presidente que no fuera Claudio Tapia. Porque tuvo la capacidad de unir a todo el Ascenso y, también, de conseguir los votos de algunos clubes de Primera División. Aún ganando esa elección, habría sido muy difícil llevar adelante la gestión. No quiero hacer nombres. Podía ser Marcelo, Blanco o cualquiera: no sé si hubiera podido terminar la gestión. También le fue duro a Armando Pérez.

¿Por qué?

Realmente hay que conocer muy bien el riñón de lo que es el Ascenso para, después, poder gobernar en AFA. Sin eso, es difícil.

¿Cómo ve hoy a la AFA?

Muy bien. Mejoró la imagen de todos los dirigentes. Para sorpresa de muchos, Tapia está haciendo una muy buena primera presidencia. Ahora fue a China, haciendo convenios. Representó a la AFA con 40 empresas de allá. Son trabajos pendientes que tendría que hacer la Superliga. Fue creada para eso. Ya es tiempo de empezar a mostrar algo. Esperamos que lo empiece a mostrar. Porque se creó para ordenarnos, dar transparencia y, además, generar nuevos recursos. Que es lo que tiene que hacer.

¿No lo hizo?

En la parte recursos, hizo muy poco. Y en la de transparencia, tiene que trabajar. Están todas estas sanciones dando vueltas. Son mensajes.

¿El déficit de AFA sigue siendo la Selección?

En lo deportivo, sí. En lo económico, mejoró muchísimo. Tiene un balance con superávit. Pero, en lo deportivo, sí. El Comité Ejecutivo tomó una decisión: esperar hasta que pase la Copa América para barajar y dar de nuevo. Entonces, tomaremos una decisión. Como lo fue la incorporación de (César) Menotti. También, tenemos que ver qué opina, cómo empieza a armar lo que viene.

 

 

 

 

Volviendo al Racing campeón, ¿cuáles fueron los pilares del equipo?

Fundamentalmente, el técnico. Lo demostraron los jugadores. Hay una convivencia, una relación muy estrecha con el técnico. Y, después, el grupo. Es extraordinario. Se los ve siempre juntos, divertidos. Es lo que uno vive en el vestuario. Racing logró las famosas cuatro patas: jugadores, técnico, dirigentes, hinchada. En un fútbol tan competitivo como el nuestro, sin eso, se te hace muy difícil.

Por esa fortaleza del grupo, el club (usted) debió tomar una decisión dura: bancar al técnico con la exclusión de Ricardo Centurión. No hubo involucramiento emocional. Una de esas decisiones que hay que tomar o tomar.

Exacto. No sé si los hizo más fuertes. Pero, de alguna manera, en eso también demostraron que es un grupo unido.

Íntimamente, ¿cuándo pensó que eran campeones?

En el partido con nuestro clásico rival. Cuando lo ganamos, sentí que teníamos el 70% del campeonato ganado. Si ese partido hubiera tenido un resultado adverso, se nos habría complicado un poco. Pero el equipo venía desde la tercera, cuarta fecha, puntero. Ganó el campeonato de punta a punta. Y no festejó antes porque Defensa y Justicia hizo una campaña excepcional. Si no, faltando tres fechas, ya éramos campeones.

¿Estaba psicológicamente preparado para una definición en la última fecha contra Defensa?

La verdad… Fue un alivio haberlo ganado un partido antes. Pero había que afrontarlo; hemos afrontado partidos difíciles. Teníamos la ventaja de ser locales, de tener un equipo con más experiencia que Defensa. Hubiera sido bravo.

 

Hombre de familia

Foto: Gentileza Diego Ortiz Mugica

“Es fundamental. En las empresas, uno tiene programado un horario de llegada y otro de salida. O días para vacacionar. En el club, es totalmente distinto. Es una infinidad la cantidad de horas que uno le saca a la familia: reuniones, cenas, viajes…”, resume Blanco uno de los mayores precios que se cobra el ‘Planeta Fútbol’. “Vas solo. En ese sentido, el fútbol, todavía, es bastante machista”, agrega. “La mayoría de los presidentes viajamos solos. Y queda muy incómodo si, en un grupo en el que la mayoría va solo, uno lleva a su mujer. Hacer entender eso no es fácil”.

 

De las cosas malas que más  aprendí: hacer algo de lo  que no estoy convencido. Si no estás convencido, no hay que hacerlo. A veces, la opinión de varios hace que uno siga un rumbo y no está tan de acuerdo”.

 

El soporte familiar es clave, agrega. “Como en el trabajo: si uno tiene problemas en su familia, no está lúcido”, dice. “Con mis hijos, no me meto. Tienen total libertad. Son uno mejor que el otro. Por supuesto, les doy consejos si me piden o veo algo grave. Pero no mucho más allá. Tienen edad para ya saber lo que hacen. Lo que tenía que hacer ya lo cumplí: darles buenos estudios y herramientas para que se puedan defender”, comenta.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cumpleaños en familia

Una publicación compartida por Victor Blanco (@victorblancor) el

 

 

Padre de cinco, el varón, Víctor, de 44 años, es el único que trabaja con él. Pero son dos de sus cuatro hijas las famosas. Una es Bárbara (33). Abogada, con un master en Derecho Deportivo (ambos diplomas obtenidos en la UCA), hizo carrera política –cercana al kirchnerismo, trabajó en el consulado argentino de Los Ángeles y en el Senado de la Nación– detrás de los flashes del celular con el que sacó sus famosas y viralizadas selfies. Hoy, integra la comisión directiva de Racing y sueña con ser la primera mujer en presidirlo. La menor, Mercedes (28), ganó notoriedad cuando, en pleno festejo por el nuevo título académico, blanqueó su relación con Lisandro López, nada menos que el capitán –y emblema– del equipo. “Me enteré hace 8 meses”, se sincera el padre. “No hay que mezclar. Es un detalle que él manejó muy bien. De este lado, también. Es muy difícil. Pero nunca mezclamos el rol de cada uno”, dice.

Comentarios1
Travis Bickle
Travis Bickle 30/06/2019 03:58:21

Altos gatos las hijas...

Shopping