Tedesco junto a Marta Minujín (Foto: gentileza axp)
Tedesco junto a Marta Minujín (Foto: gentileza axp)

Tedesco, el coleccionista de arte argentino que no quiere serlo

Posee más de 1200 obras de artistas argentinos contemporáneos de primer nivel, pero no quiere que lo llamen coleccionista. Parte de su acervo se puede ver en el CC Borges. Reacio a los medios, hablo en exclusiva sobre sus obras con Clase Ejecutiva.

Posee una de las colecciones de arte argentino contemporáneo más importantes del país y su aporte constante es fundamental para el mercado de arte local y el desarollo de artistas. Sin embargo, no le gusta que lo llamen coleccionista. Esteban Tedesco, médico cirujano de profesión, es dueño de más de 1200 obras que reparte entre su casa, depósitos y, en la actualidad, en las paredes del Centro Cultural Borges donde se inauguró “Secretos Compartidos”, una exhibición que recopila parte de su acervo.

Rara vez habla con los medios, pero en esta oportunidad, con motivo de la muestra, aceptó dialogar telefónicamente con Clase Ejecutiva. Es amable en su trato, se lo percibe apasionado por sus obras, pero también se permite ser honesto: “Coleccionar ya no me produce lo mismo que hace 20 años”.

Tedesco tiene 62 años y comenzó a comprar obras de arte a los 18. Sostiene que siempre lo movió el gusto por sobre la especulación económica y las modas y que ha sido un muchacho con suerte. Además de obras en papel, lienzo, esculturas y fotografía contemporánea posee una colección de ilustraciones originales de la revista Caras y Caretas que datan de la década del ’10 y ’20 y fotografías del siglo XIX. 

“Compraba lo que me gustaba y nada más; y sigo comprando lo que me gusta”, afirma. A modo de ejemplo, trae a colación al artista tucumano Tomás Saraceno, quien meses atrás llevó una de sus inmensas instalaciones al Palais de Tokyo de París: “Me encanta como persona, pero nunca me interesó su obra”.

Tedesco junto al artista Diego Bianchi.

Mientras habla con Clase Ejecutiva enumera los artistas que cuelgan en su casa. Permanecen allí por periodos de entre seis meses y un año. Ahora lo rodean obras de Jorge Macchi, Liliana Maresca, Alicia Penalba, Mónica Girón, Alejandro Kuropatwa, Marco Maggi, Eduardo Mac Entyre y Pablo Siquier, entre otros.

Sobre la muestra que se inauguró en el CC Borges el martes, curada por Virginia Fabri y Eduardo Stupía , apenas comenta que la vio, que le “encantó” y que no se involucró para nada en la selección de obras. “Es una mirada totalmente diferente a la de Philippe Cyroulnik (curador francés conocedor de la escena argentina, quien había trabajado en muestras anteriores de la colección Tedesco). Hicieron cosas más jóvenes”.

Fabri y Stupía dividieron la muestra en dos ejes: por un lado, obras donde se entrecruzan la naturaleza y las formas geométricas; por otro lado, una selección de trabajos vinculados por la línea y el dibujo; por último, un espacio donde se destacan las formas, el ritmo y el color en las obras.

Obra de Diana Aisenberg en exhibición en el CC Borges.

La sala Berni, donde se concentran las obras que mezclan naturaleza y geometría, resulta la más interesante. Allí se percibe cierta osadía en las piezas que cuelgan y las buenas elecciones – o la fortuna, según él- que ha tenido el coleccionista.

“Un médico (Tedesco es médico cirujano) no tiene tanto dinero para comprar obra. Tenés para adquirir algunas cosas, pero tuve suerte. No le erré a los artistas. Los conocí de jóvenes cuando las obras no valían tanto y también me han regalado mucho”, explica. A José Vera Matos, por ejemplo, le compró obra en la sección Barrio Joven de arteBA antes de que pasara a las grandes ligas. 

Sobre sus buenas apuestas, las explica así: “Siempre compré los hipercontemporáneos: en los ’80, los artistas de los ’80; en los ’90, los de los ’90, y ahora lo que puedo”. Su aporte a la escena artística local se da también a partir del financiamiento de talleres a artistas para que puedan producir obra. 

Entre sus amigos artistas aparecen nombres como Ana Gallardo, Ernesto Balleteros, Jorge Macchi y Marina de Caro. El primer vínculo con ellos fue a través de sus obras. “Me interesan los artistas cuando me interesan las obras. Es como un escritor, lo que te llama es la genialidad más que el personaje, después uno se encariña con las personas”, sostiene.

Tedesco junto a la artista Ana Gallardo y la galerista Orly Benzacar.

Muchos de ellos cuelgan ahora en el CC Borges junto a otros como Pablo Accinelli, Diana Aisenberg, Eduardo Basualdo, Gabriel Chaile, Matías Duville, Leopoldo Estol, Gachi Haspier, Carlos Huffman, Juliana Iriart, Nicolás Mastracchio, Andrés Paredes, Martín Reyna y Osías Yanov.

El arte de la sinceridad

A Tedesco coleccionar ya no le produce la misma adrenalina que hace 20 años “Estas atrapado en algo que al comienzo te divierte y después es un trabajo tremendo. La conservación es un trabajo de chinos”, confiesa.

El dinero siempre fue un freno a sus deseos. “Me gustan miles que no he podido comprar, (Emilio) Pettoruti, por ejemplo, pero es otra liga. Ya desde que era chico era caro. Las buenas obras de Alicia Penalba ya eran caras cuando era chico”, recuerda.

La mayoría de su colección esta en depósitos, una circunstancia que lo pone nervioso por momentos. “Se inundan, pasan cosas”, afirma, pero descarta por completo abrir su propio espacio de exhibición como lo hicieron los empresarios Eduardo Costantini (Malba) y Aldo Rubino (Macba).

Alguna vez vendió parte de sus obras porque necesitaba el dinero “para algo más importante”. La última vez fue hace siete años, cuando se desprendió de una porque había alguien muy interesado en ella. Si no lo hace más seguido es porque le demandaría tiempo que no tiene. Al fin y al cabo a Tedesco solo lo mueve su propio gusto. Ni siquiera el coleccionismo. Mal no le ha ido.   

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