Minimalistas y tecnológicas, así serán las casas del futuro

Minimalistas y tecnológicas, así serán las casas del futuro

Julio Oropel –el arquitecto argentino que dejó su sello en marcas internacionales como Chanel– advierte que en los próximos años las personas serán más nómades y se  necesitará cada vez menos objetos para vivir.  

Trabajo, siempre es trabajo. Nada se puede realizar, ni materializar, ni crear sin trabajo”, dice con seguridad Julio Oropel cuando se le pregunta qué es la creación. No hay fórmula mágica. Sin duda, esta es la máxima que rige su profesión. Con trabajo –mucho–, Oropel se convirtió en un referente del diseño en la Argentina: es convocado por marcas nacionales e internacionales, ganador de medallas de oro en Casa FOA –la más prestigiosa exposición del rubro del país–, profesor en la UBA y presidente de Diseñadores de Interiores Argentinos Asociados (DArA). “En realidad, siempre me defino como arquitecto porque es mi profesión y la ejerzo. Pero también como diseñador, que es más global. Tal vez me falte la última etapa, que llegará seguramente, de enfatizar más la escultura. Todo lo que hago tiene bastante de escultórico, o al menos eso me dicen”, expresa en el capítulo que protagoniza de la webserie Creadores, la pasión hecha obra, que acaba de estrenar su segunda temporada.

Tus primeros estudios fueron de Ciencias Exactas, ¿qué quedó de aquella formación en tu presente como diseñador?
No lo sé, pero todo queda tan guardado en las celdas de nuestro cerebro que creo que va moldeando tu personalidad. Las Ciencias son muy rigurosas, muy estrictas. Pero dentro de la matemática está la geometría, que implica cierto grado de libertad. Y me parece que esa es la parte que ha quedado más en mí: las figuras puras, que siempre me entusiasman, que permiten generar formas, espacios. De la física, permanecen los materiales. Y, en general, el método científico puedo decir que lo sigo. En la facultad, a mis alumnos les insisto sobre el valor de la observación, que siempre es el primer paso y de donde luego se extraen conclusiones para luego armar teorías e hipótesis, sean del orden que sean. Porque si vas a diseñar una casa, necesitás investigar el terreno, el clima, los comportamientos de los usuarios, los materiales. Con un objeto pasa igual: siempre tenés que partir de la observación y la investigación para llegar a la experimentación.

 

Sos uno de los diseñadores más premiados en Casa FOA. De hecho, en 2016 obtuviste la medalla de oro. ¿Esa exposición es un espacio de validación de tus teorías?
Es una muestra donde uno puede darse el lujo de hacer planteos diferentes. A mí no me interesa generar una imagen comercial de mi trabajo en Casa FOA, sino que me doy el lujo de experimentar con lo que quiero en ese momento sin que me importe la proyección que puede tener esa propuesta. Muchas veces, podés decir: “¡Pero esto no lo plantearía en mi casa!”. Y es que son trabajos experimentales donde uno refuerza algunos elementos del diseño para que tenga una lectura más impactante o más simple, y sacrifica otros porque sabe que es un espacio que no va a tener un uso intensivo. En estas exposiciones se expresan las novedades estéticas que están dominando el espíritu de la época. Y eso es lo positivo: que los diseñadores se animen a experimentar. El diseño tiene mucho de lúdico, y eso implica libertad de creación, porque es también ahí donde el modelo empieza a cambiar, a salir del estereotipo. Mi deseo es que todos los diseñadores se animen a concebir estructuras diferentes, sin convencionalismos.

Oslo en la mira

“Es el ejemplo de lo que viene. En los barrios más vanguardistas me llamaron muchísimo la atención dos elementos. Primero, el uso de los techos verdes: ayuda a la climatización de las viviendas y genera ciudades más integradas a la naturaleza. Segundo, las restricciones al automóvil: la bicicleta gana terreno en áreas donde directamente la trama es casi medieval, con calles pequeñas y peatonales”.

Arqueología del futuro

Estuviste en la reciente Feria de Milán. ¿Cuál es el futuro del diseño?
En realidad, es una intriga por dónde irá el futuro de la estética o el diseño. Creo que los espacios sí van a ser cada vez más naturales: la gente necesita tocar materiales más agradables, necesita ver los colores naturales de los objetos, necesita rodearse de pocas cosas pero que realmente quiera. La tecnología ocupa un lugar importante, pero ya está. No es que vamos a vivir en un mundo totalmente robotizado, al contrario: ya la tecnología va a estar tan incorporada que cada vez vamos a tener cosas más chiquitas pero más completas. Entonces, vamos a querer elementos que se contrapongan, tal vez piezas más primitivas hechos por culturas diferentes, por personas con otra identidad.

¿Qué es la ‘arqueología del futuro’ aplicada al interiorismo?
La arqueología del futuro es lo que hacen los grandes referentes del diseño: establecen los parámetros que van a regir la vida y las costumbres de las personas en el futuro, lo cual conlleva a definir los espacios interiores, las viviendas, las ciudades. Una arqueóloga del futuro –aunque me gusta más llamarla gurú del diseño– es la holandesa Li Edelkoort. Sostiene que la gente está, si bien trabajando en grupo, cada vez más aislada. Un ejemplo son los nuevos hoteles en Nueva York y otras urbes, donde el lobby está lleno pero cada uno se concentra en su teléfono o computadora, están comunicados pero en soledad, y ni siquiera hay entre ellos una situación de mínimo flirteo. Esa tendencia se trasladó a los espacios de coworking, donde la gente comparte lugares y recursos de trabajo pero, al mismo tiempo, cada uno está en su mundo.

¿Dirías que el nomadismo digital será también habitacional en el corto plazo?
Algunos paradigmas ya se están llevando al hábitat. La gente utiliza sus departamentos para dormir, comer y asearse, pero la parte del living –es decir, de la socialización– se plantea en una zona común de los edificios. Esas costumbres son las que, según Edelkoort, se van a profundizar en el futuro: la gente cada vez más nómade, viajando mucho y necesitando menos. Podremos trabajar desde el desierto o desde una caverna, donde vamos a tener algunos objetos mínimos que vamos a querer que nos acompañen, pero para ello deberán ser plegables, trasportables y livianos.