'Teatro con garantía': el actor Mauricio Dayub te devuelve la entrada si la obra no te gusta

'Teatro con garantía': el actor Mauricio Dayub te devuelve la entrada si la obra no te gusta

Lleva más de 9 años con Toc Toc, uno de los éxitos de la cartelera porteña. Ahora, decidió subirse al escenario de su propia sala con el unipersonal El equilibrista, donde ofrece ‘teatro con garantía’: si al público no le gusta la obra, puede pedir reembolso.

Termina 'El equilibrista' y Mauricio Dayub sale al hall del Chacarerean. Espera. Pasa un tiempo y, por suerte, nada. Con una presión económica que empuja las obras al final de la escala de prioridades, su estrategia de ‘teatro con garantía’, funciona: si algún espectador insatisfecho apareció reclamando el dinero de las entradas, fue para hacer un chiste. Hasta ahora, la boletería sigue invicta.

Cuando estaba empezando, tampoco se le acercaban mucho a la salida del teatro, pero en ese momento, más que alivio, era un problema. Aunque si no hubiera visto esa “diferencia enorme” en el saludo de la gente con los otros actores, probablemente no sería el afiliado ‘poligremio’ que está en Argentores, la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai) ya que además de actor es autor, productor e intérprete. Porque cuando el trabajo escaseaba tuvo que autoinventarse. Y porque para Dayub el teatro es un todo que empieza “media cuadra antes de llegar” y termina “media hora después de que se haya ido el último espectador”.

Crédito: MD

Enseguida se dio cuenta que no tenía “un espíritu ni Tevez ni Luis Miguel... Gastón Pauls”. A él no le iba a pasar. “De movida noté que le interesaba muy poco al otro. Mi carrera no iba a ser meteórica y pensé que si no generaba lo mío, no me lo iba a dar nadie. Empecé haciendo roles importantes en teatro, casi siempre protagónicos, y me felicitaban mucho. Pero cuando los que me felicitaban –que eran directores o productores- me llamaban, era para hacer un papelito chiquito, confiados de que lo iba a hacer muy bien porque me habían visto en un protagónico”, desliza con un poco de sarcasmo. “Veía que había algo en mí… -se toma una pausa de 8 segundos para meditar-. Claramente, que no generaba nada. Que no interesaba”.

Dayub aceptó las trabas y, eventualmente, la derrota: no tenía el physique du rol que dictaba la industria del entretenimiento. “A veces creo que el hecho de ser provinciano, de no hablar inglés, de no poder hacer lobby porque no pertenecía a ese mundo, significaban contras. Sin embargo, me sobrepuse y pude hacer mis cosas. Hoy, ser provinciano es un valor que habla de mi identidad, de cosas que no he perdido y me hacen más auténtico. No hablar inglés resulta simpático y atractivo por mis errores. Y no haber podido hacer lobby es un mérito”. Por algo su productora se llama Sin Contactos Producciones.

Tiene una frase acuñada: “Cuando sos emprendedor, nunca te librás de que digan que sos un soñador, un empresario y un hijo de puta”, se ríe. Y aclara: “Siempre incluye las tres cosas”. Tal vez haya sido un sueño lo que lo envalentonó en el ‘83para viajar desde Santa Fe a estudiar actuación en Buenos Aires. Pero fue la realidad la que lo obligó a convertirse en productor: “Como el afuera era negativo para mí, miré hacia adentro. ‘¿Qué tengo? Y bueno, tengo esto y lo voy a mostrar’. Ahí produje mi primera obra y empezó a funcionar”.

Fue una decisión coherente en el contexto de una carrera atípica como actor: llegó a Buenos Aires con una beca del Fondo Nacional de las Artes, pero entró al teatro por la boletería. Empezó vendiendo entradas los sábados y domingos en el exPlaneta, después en el Margarita Xirgu, hasta que ascendió a administrador en el Fundart. Desde el principio tuvo que lidiar con los números, aprendizaje que volcó después en sus producciones y en Chacarerean, el teatro que abrió en 2003 junto al Puma Goity, Luis Sartor y Martín Cortes.

Actor 7x7 (lunes y martes El equilibrista, y de miércoles a domingos Toc toc, que ya supera las 2600 funciones), habla con un tono tranquilo –le aterra que un grito fuera de lugar lo pueda dejar disfónico- y lleva en el bolsillo un papelito con el que sigue todos los días la venta de entradas de su unipersonal. Gajes del oficio.

¿Cómo es manejar un teatro independiente en este contexto económico?
A nivel sala, los costos fijos aumentaron -alquileres, luz, lámparas, service de equipamiento, mantenimiento de los rubros técnicos- y el  ingreso disminuyó. Por un lado, porque bajó la cantidad de espectadores y, por otro, porque el costo de la entrada no se pudo aumentar de acuerdo a la suba de los costos fijos. Entonces nos quedamos con un valor de ticket antiguo y con un precio absolutamente actualizado de los costos fijos, con lo cual la ecuación da para atrás. Tuvimos que aumentar la cantidad de espectáculos: antes, pocas obras hacían muchas funciones, pero ahora son muy pocas las que pueden hacer más de una función por semana. Entonces tenés que tener todos los días un cambio de obra, lo cual implica mayor desgaste técnico y costo de personal, pero ha sido mi estrategia para cubrir los costos fijos. Lo que pasó este año es que tuvimos que extremar la cantidad de espectáculos para vender esa cantidad de entradas. Era la única opción. La mayoría del público que viene al teatro es de un nivel asalariado que busca una propuesta relativamente elaborada -con cierta magia, cierta poesía-, y es el que más está sufriendo estirar su sueldo. Si aumentaba la entrada, lo perdía directamente. Al mantenerle el precio y aumentarle la cantidad de propuestas, lo puedo captar.

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¿Es difícil competir contra mega producciones?
Para mí, el problema es en la franja intermedia: las grandes producciones tienen menos problemas porque tienen más apoyo de empresas y de auspicios; en los más chicos, como la inversión es menor, el riesgo es más chico y también está un poco más cubierto. El problema está en las franjas medias, que son más difíciles de comunicar, es más difícil que la gente vaya a verlas, y tienen un nivel de inversión que requiere una recaudación que actualmente no se está dando porque bajó la cantidad global de espectadores.

Solés declarar que “ahora se suben todos al escenario”, ¿qué querés decir?
Nos convertimos en una de las tres potencias teatrales más grandes del mundo. Y no hubiéremos podido serlo si no hubiera un teatro en cada barrio. Se hace teatro en una pileta de natación, en un taller mecánico, en la Costanera Sur, hacen teatro los que antes contaban chistes en los asados...Tengo un teatro y siempre que viene alguien que viene a arreglar algo, me dice que la señora o el hijo hace teatro, me traen el currículum. Por eso siempre digo: “En la Argentina todos actúan, a excepción de algunos actores que son muy convocados” (risas).

¿Es contraproducente ese fenómeno?
No, me gusta esa heterogeneidad que permite que haya teatro para todos los gustos. También lo agradezco enormemente: no podría haber trabajado para 1.600.000 espectadores si no hubiera habido antes tanta gente que formó a esos espectadores. Eso sólo pasa en un país loco por el teatro, donde el teatro es furor, como el fútbol. Pero lo que me pasaba era que quería ser el actor que yo quería ver cuando empecé, y ese era al que no veía: el actor que es capaz de transformarse en escena de un rol a otro y a la vista del público, una historia que no se contara sólo a través de la palabra sino que el espectador se la pudiera imaginar-no directo, no mostrado-, y transformándome en un actor capaz de hacer cosas que no hago en la vida, como aprender a tocar un instrumento, a hacer equilibrio sobre la cabeza del público…

¿Cómo te entrenaste para tocar el acordeón y hacer equilibrio en vivo?
Lo hice pasando los sábados a la una de la mañana, después de la segunda función de Toc toc, a buscar el acordeón para practicar los domingos a la mañana, que era el momento en que mi hijo no iba a estar en casa. Y empecé a armar la cinta en la plaza para aprender a hacer equilibrio. Cuando vi que cuando llovía o tenía funciones no podía –yesos eran muchos días- noté que en mi cuarto tenía dos columnas que resistían atar la soga: así que puse el malacate, estiré la cinta y empecé a practicar cuando me levantaba, antes de acostarme, después de ducharme, para tener horas de vuelo porque no es algo que puedas aprender en unos meses. Empecé 6 meses antes…

¿Por qué decidiste jugarte por un unipersonal autogestivo cuando trabajás en una de las obras que más tiempo lleva en cartel?
Creía que hacía El equilibrista para mí porque después de tener mi actor envasado al vacío por 9 años, me iba a tomar un día por semana para hacer el teatro que a mí me gusta: con transformaciones, varios personajes, contando historias muy distintas unas de otras... Me fascina Toc Toc, y ojalá siguiera para siempre, pero ningún actor sueña con hacer un solo rol. Entonces, me puse una función a la semana pensando que lo hacía para seguir haciendo mis propuestas como autor, actor, productor, todas esas facetas que no quería dejar. Y la conexión inmediata con el público, evidentemente tuvo que ver con que puse un universo personal que produjo reflejo en el otro. Mi motor para el espectáculo fue ese: poder ser el actor que quería ser cuando empecé a actuar y que no estaba viendo sobre los escenarios.

Comentarios1
Juan Maximiliano SEBA PONZONI
Juan Maximiliano SEBA PONZONI 12/06/2019 07:42:22

Paran�, no Santa Fe!

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