La vida después de la medalla de oro: a qué se dedica hoy Crismanich

La vida después de la medalla de oro: a qué se dedica hoy Crismanich

Fue campeón olímpico en Londres 2012. Debido a una serie de lesiones, se retiró en 2016. El próximo fin de semana dictará una clínica deportiva para niños en Miramar

Cuando Sebastián Crismanich tenía 6 años, sus padres lo 'citaron' para hablar. Consideraban que él y su hermano mayor, Mauro, ya estaban en edad de hacer algún deporte y tenían que elegir. Podía ser el que quisieran, podían probar y después cambiar, pero tenían que hacer algún deporte sí o sí.  “Nos criamos en un barrio y mis papás no querían que termináramos como la mayoría de los vecinos, sino que tuviéramos nuestro tiempo ocupado para poder crecer en todo aspecto. Y también que, de la mano deporte, conociéramos otros lugares”, relata el deportista correntino.

Sebastián eligió fútbol, mientras que Mauro optó por taekwondo. “Cuando uno tiene un hermano mayor busca seguirlo, imitarlo. Entonces, durante 3 meses fui a fútbol pero también a taekwondo para estar con mi hermano”, recuerda. “Al principio no me gustaba mucho, no quería pegarle a nadie, lo veía como un deporte de combate. Después empecé a practicar las formas y a entender que había mucho más en este deporte de lo que creía”, relata.

A lo largo de su carrera deportiva, Crismanich reconoce que ponerse metas fue lo que lo motivó a continuar superándose. “Mi primer motivación en el deporte fue cuando vi que mi hermano viajaba a competir. Querer ir con él y conocer lugares nuevos hizo que me animara a entrenarme en la competencia. El primer campeonato que gané fue en Misiones, y todavía no me olvido lo que fue la sensación de tener ese premio en las manos. Fue un gusto tan inmenso que mi objetivo cambió: ahora quería traer trofeos. El deporte te da mucho eso de ser ambicioso sanamente”, explica.

Pero su mayor motivación llegó a los 8 años cuando, en una charla, un atleta profesional contó su experiencia como deportista olímpico y lo que significaba representar al país en una competencia internacional. “Salí de ahí y cuando llegué a mi casa le dije a mi mamá que quería ser campeón olímpico, y le pregunté si le parecía que podía hacerlo. Me dijo que sí: que todo lo que me propusiera lo iba a poder hacer”, destaca.

La vida después del oro

El 10 de agosto de 2012, durante los Juegos Olímpicos de Londres, Crismanich logró el sueño de su vida: con 25 años se impuso en la final de la división de los 80 kilos del taekwondo superando 1-0 al español Nicolás García, quien se quedó con la medalla de plata. La medalla de Crismanich fue la única dorada que se llevó Argentina en aquellos Juegos y la 18va. de oro del país desde su primera presencia olímpica en París 1900. Sólo 4 años después, en 2016 y con 29 años, decidió poner un punto final a su carrera profesional después de sufrir una serie de lesiones que le impidieron competir.

Sin embargo, el retiro no implicó el comienzo de una vida tranquila. Actualmente es presidente de la Federación Correntina de Taekwondo, tiene dos academias junto con su hermano Mauro en Corrientes y otra en Buenos Aires, viaja permanentemente para dar charlas y capacitarse -realizó un curso en Gestión y Administración Deportiva- y es miembro de la Comisión de Atleta del Comité Olímpico Argentino (COI).  

“Sentí que había cumplido el sueño de mi vida y después me retiré. Me replanteé ¿y ahora qué? Era difícil encontrar una respuesta y me llevó mucho tiempo. Pero hoy tengo claro que me gustaría ser esa persona que me motivó y poder contagiar a otros en nuestras academias en Corrientes y Buenos Aires o en clínicas como la que vamos a dar en Miramar y que quede una semillita del sueño plantada”, explica. “Gracias a Dios puedo no sólo seguir inmerso en el mundo del deporte después de retirarme y vivir de la industria del deporte sino que sigo con una gran misión, que es transmitir”, agrega el atleta, casado con Melisa y padre de Zamira.

Uno de los trabajos de Crismanich en el COI es viajar para darles oportunidades a jóvenes del interior y así nutrir la selección cadete y juvenil de taekwondo. “Vi que creció muchísimo el interés en este deporte a partir de la medalla olímpica. Igualmente uno siempre quiere que haya más. El taekwondo es un deporte muy formativo. Siempre fui muy introvertido, por demás, pero gané confianza gracias al deporte. No sólo es formativo a nivel físico sino mental: tiene mucha filosofía porque está inmerso en una cultura milenaria”, explica.

En cuanto a los Juegos Olímpicos de la Juventud que se realizaron en 2018 en Buenos Aires, Crismanich los considera muy positivos. “Me pareció que se ha dejado un legado importantísimo que ojalá se pueda continuar y que las federaciones sigan con el empuje y difundiendo lo que es el deporte para que la sociedad pueda tener este tipo de herramientas. Que no que sea un pasatiempo sino parte de la cultura”, explica. En lo que refiere a la reciente y polémica transformación de la Secretaría de Deporte en Agencia, Crismanich prefirió no realizar aún ningún comentario al respecto.

Clínica deportiva en Miramar

El fin de semana del 9 y 10 de febrero, en Miramar -en la playa pública ubicada en calle 21 y Avenida 12, de 16 a 20-, Weber (marca del grupo Saint Gobain) dictará una serie de clínicas deportivas de la mano de estrellas olímpicas, como Ana Gallay (beach vóley), Pilar Geijo (natación en aguas abiertas), Yésica Bopp (boxeo), Sebastián Armenault (ultramaratonista), Federico Molinari, (gimnasia artística), Paula Pareto (judo) y Sebatián Crismanich (taekwondo), quienes compartirán su pasión con los que se acerquen, además de los valores de sus disciplinas y su fuerte compromiso social. Todos ellos, forman parte de la Huella Weber, un programa de responsabilidad social que genera acciones que perduran en el tiempo.

El deporte nos enseñó a vivir una vida digna y diferente, por eso ahora buscamos compartirlo a través de estas actividades para los que niños y sus familias puedan meter el deporte en su vida”, explica Crismanich. “Uno de los grandes desafíos en esta era digital es cautivar a los chicos que están enfrente a una pantalla, por eso invitamos a las familias a que traigan a sus hijos a compartir una tarde a puro deporte”, concluye.