'La dama de los chimpancés' cumple 85: la historia de Jane Goodall

'La dama de los chimpancés' cumple 85: la historia de Jane Goodall

Saltó a la fama en los '60 al demostrar que esos primates tienen emociones y usan herramientas. Medio siglo después, es una de las defensoras del medio ambiente más influyentes del mundo

Es primatóloga y conservacionista británica, fue declarada Mensajera de la Paz por las Naciones Unidas, es miembro de la Orden del Imperio Británico y fue condecorada con múltiples premios y distinciones, destacándose más de 35 doctorados honoris causa, otorgados por universidades e instituciones de todo el mundo. A los 85 años y con más de 50 años de trabajo, Jane Goodall podría tomarse un descanso, pero no se detiene. Con motivo de su cumpleaños y buscando llegar a audiencias más jóvenes: hoy participará de un Facebook Live a las 15:30 (hora argentina), donde responderá preguntas.

En los últimos años, su enfoque ha estado en fortalecer a una nueva generación de líderes ambientales a través del programa Raíces y Brotes (Roots&Shoots) del Instituto Jane Goodall (IJG), fundado en 1977 y que tiene presencia en la Argentina desde 2011, en el que busca concientizar a las generaciones jóvenes sobre el valor de los ecosistemas en los que viven.

Una vida de película

La vida de Jane Goodall es más increíble que la ficción. Quizás por eso su destino comenzó a encontrar el rumbo precisamente a través de un libro. 'La historia del Dr. Dolittle', un clásico de la literatura infantil, marcó a la pequeña Jane de tal modo que, hasta hoy, a sus 85 años, ella sigue encontrando en sus páginas el origen de su vocación. ¿Cómo no iba a maravillarse con las hazañas de ese humilde veterinario que viaja en barco hasta África para curar a los monos aquejados por una terrible epidemia? En el ínterin, Dolittle también escapa de dictadores y se enfrenta a piratas, salva a un niño atrapado en una isla desierta y hasta encuentra un magnífico tesoro. “¡Era fantástico! No podía pensar en algo más exótico ni excitante que trabajar con monos en la selva”, contó Goodall en 2012, cuando de paso por Argentina fue tapa de la revista Clase Ejecutiva. 

La oportunidad de conocer el enigmático continente negro le llegó a los 23 años, cuando una amiga la invitó a Kenia. Goodall tuvo que trabajar incontables horas como moza para pagarse el viaje en barco que, después de tres semanas de travesía, la depositó en las costas de lo que más tarde se convertiría en Tanzania. Lo que pasó entonces podría ser la prueba de que la predestinación existe: en ese viaje le presentaron al doctor Louis Leakey, famoso antropólogo y paleontólogo, quien la contrató como secretaria. Unos años después, Leakey, obsesionado con investigar el comportamiento de gorilas, orangutanes y chimpancés, la eligió para observar a estos últimos en el Parque Nacional Gombe.

Como nunca antes una mujer se había aventurado sola en semejante empresa, el gobierno británico la obligó a ir acompañada: así, en julio de 1960, Goodall se internó en el bosque junto a su mamá, con sólo un par de binoculares y un cuaderno como herramientas de trabajo. Fueron tiempos difíciles que sólo pudo superar con enorme paciencia y tenacidad: “La primera vez que vi un chimpancé me sentí tremendamente frustrada porque todo lo que hizo fue huir de mí. Así se comportaron hasta que, tres o cuatro meses después, uno de ellos comenzó a perder su miedo. Lo llamé David Greybeard. Gracias a que él se acercó, el resto de la manada pudo confiar en mí”, explicó.

Así comenzó a integrarse al grupo y pudo aprender sobre cada uno de ellos: sus lazos familiares y relaciones de poder, sus emociones, sus personalidades. Goodall tuvo que pasar cuatro meses en la reserva –contagio de malaria incluido– hasta que por fin presenció el que sería uno de los mayores descubrimientos de la ciencia moderna: dos chimpancés tomaban una rama, le arrancaban las hojas y la introducían en un nido de termitas para alimentarse de ellas. Esta acción, aparentemente simple, significaba un cambio de 180º. Hasta entonces, la definición de ser humano se basaba en que era el único animal capaz de crear herramientas: “Ahora debemos redefinir qué es una herramienta, qué es un hombre, o aceptar que los chimpancés son humanos”, se pronunció Leakey. La propia identidad de Goodall también adquirió un nuevo significado. La mítica National Geographic no tardó en llegar con sus cámaras para mostrar al mundo a esta joven rubia y menudita que revolucionó el estudio de los animales. Desde entonces, fue mundialmente conocida como “la dama de los chimpancés”. En 2018, National Geographic estrenó un documental sobre la vida de Jane dónde pueden verse muchas de esas imagenes de archivo. 

Goodall pasó unos 30 años de intenso trabajo de campo en la reserva africana donde, además, conoció a los dos hombres de su vida. Su primer marido fue Hugo van Lawick, un fotógrafo y documentalista de National Geographic con quien tuvo a su único hijo, a quien crió en Tanzania. Junto a van Lawick fundó un centro de investigaciones que sigue activo; su matrimonio, en cambio, terminó en divorcio. En 1975 se casó con Derek Bryceson, el director del Parque Nacional de Tanzania, pero él murió apenas cinco años después. A partir de ese momento, Goodall se focalizó aún más en estudiar y cuidar de los chimpancés.

Y si un barco la llevó hasta África y cambió su vida, fue arriba de una avioneta que se replanteó su destino: “Nunca me voy a olvidar cuando volé sobre Gombe, en los ‘90. Desde las alturas pude admirar toda su belleza, pero me horroricé cuando noté cómo las áreas aledañas estaban deforestadas, cubiertas de desechos... La gente, en su desesperación por sobrevivir, estaba talando los árboles y explotando hasta el último recurso disponible”, relata. Así, Goodall cayó en la cuenta de que no había forma de salvar a los animales si el planeta estaba en riesgo de desaparecer. Convencida de que debía transmitir este mensaje de conservación natural, empezó a viajar por el mundo dando charlas motivacionales, reuniéndose con mandatarios y líderes internacionales, apoyando iniciativas para cuidar el medioambiente.

"Probablemente lo más difícil durante mi carrera fue conseguir los recursos económicos para mantener la continuidad de mi trabajo. Conseguir dinero siempre es una tarea compleja. Por eso viajo tanto: debo organizar eventos, hablar con la gente... El primer Instituto Jane Goodall se fundó en Estados Unidos en 1977, y el último que creamos fue el de la Argentina. Pero si esta iniciativa es a largo plazo, ¡tendrá que sobrevivir sin mí! Por otro lado, un gran obstáculo han sido también las restricciones de los gobiernos: en algunos lugares de África nos tuvimos que retirar debido a las guerras civiles. Y el tercer inconveniente: ¡ser una sola persona! Por fortuna, la tecnología ayuda mucho, a veces puedo comunicarme por videoconferencia en lugar de viajar, y así también reduzco mi huella de carbono... Pero, en algunos casos, quieren ver a 'la verdadera' Jane, cara a cara", contó a Clase Ejecutiva.

"Al principio, me preguntaba: ¿por qué yo? Luego me di cuenta de que, para bien o mal, tengo algunos talentos. Uno de ellos es mi habilidad para comunicarme: ya sea escribiendo un libro o dando un discurso, veo que la gente encuentra inspiración en mis palabras. Cada vez me pedían que diera más charlas o conferencias y tuve que aceptar que, si me decían que era una excelente oradora, entonces debía ser verdad. Comprendí también que ese poder de movilizar a las personas era una gran responsabilidad. Por eso es que ahora viajo tanto a diferentes rincones del mundo. A veces es agotador, pero siento que es necesario", concluyó.

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