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Kartun: "Se posicionan candidatos que ves fallados a una cuadra"

El dramaturgo y director teatral habla de los asesores de imagen y los coaches en la política como representación de una ficción

Sus años de trabajo nocturno en el mercado del Abasto después de la muerte de su papá, las noches siempre heladas en esa nave monumental donde calentaba su cuerpo con maderas de cajón ardiendo en tachos de lata y tirándole cada tanto a las brasas una pulgarada de azúcar para perfumar o unas cáscaras de ajo que le abrían el apetito al amanecer, forman parte de ese lugar que nunca permaneció lejano a él.

O el recuerdo de alguna costilla de asado a las 6 de la mañana y una ginebra hasta que se hicieran las 10: "Era la revelación de un universo extrañamente apareado, el de la mala vida y el del trabajo, a una edad en la que eso forja mitos", confiesa hoy con un recorrido poético implacable Mauricio Kartun, dramaturgo y director teatral, hijo de inmigrantes de una madre gallega y un padre de familia judía, quien sostiene que "de las delicias de la bastardía, el revoltijo y las mescolanzas" surge el acto creador natural que rompe con el tejido de lo reglamentado, de "lo acomodadito", según sus propias palabras. "Creo que de esa mixtura promiscua viene mi gusto por lo poético. Ir al corso con disfraz de asturiano y comer a la vuelta un borsh frío con crema al que mi vieja le sumaba hispano pimentón. Aparear lo imposible es el procedimiento más fértil de la poesía".

¿Cuándo fue el momento en que descubriste que podías vivir del teatro?

Hubo una revelación temprana. A los 20, gané un premio literario. Fue un faro en el sentido más literal, una luz que me decía hacia dónde. Todo indicaba por entonces que el camino pasaba por allí, por el mercado, y vaya a saber dónde se perdía. La mirada confirmatoria de los otros nuevamente, como en aquellos concursos de disfraz, el empujón, la revelación de que eso que se hacía por placer o narcicismo, vaya a saber, podía resultar al fin una profesión. La fantasía lejana al principio hasta que un día pasás por Argentores y te das cuenta que hay unos mangos para cobrar

¿Qué tan importante es trabajar con un método en tus clases y qué lugar ocupa el alumno en ese proceso?

En la enseñanza el alumno es todo, porque la energía pedagógica es justamente la interlocución, el encuentro entre una demanda de algo desconocido y ese conocimiento, que debe adoptar la forma posible de transmisión, siempre a la medida de la capacidad del otro, de sus códigos y saberes. En mis clases el método que uso no es tan importante como las herramientas. Las pongo en un orden por cuestiones de facilidad en su enseñanza o por prioridad reflexiva, pero son en realidad artefactos muchas veces independientes.

¿De qué manera se manifiesta hoy el llamado teatro alternativo o independiente?

Siempre la misma: la que le moldea el deseo. Hay una vieja frase en desuso, con olor a naftalina quizá, pero que me gusta recuperar cada día: "por amor al arte". El teatro independiente es eso, un acto de amor al arte. Pero es importante diferenciarlo de la actividad puramente vocacional, de las experiencias de puro aprendizaje o de ingenuidad amateur, aficionada. En el teatro independiente trabajan auténticos profesionales que invierten tiempo, guita, energía, en esa obra artística. Y lo hacen allí porque sólo en ese circuito se encuentran las variables imprescindibles. No es raro de entender por qué es por ese circuito justamente que se conoce a nuestro país como generador de un teatro de la más alta calidad.

Por tu condición docente, ¿cómo te pegó que se hayan querido cerrar las escuelas nocturnas?

Lo sufrí como en carne propia. Yo cursé la mayoría de mi secundario en una escuela nocturna. Sin esa chance, hubiese sido imposible. El argumento para cerrarlos era que había baja demanda. Son caraduras. No se puede pensar en la educación pública como oferta pasiva: creo que al alumno con dificultades hay que buscarlo, instarlo, ayudarlo a resolverlas. Es como la salud: se debe hacer curación pero, sobre todo, prevención. Creo que la educación debe ofrecerse hasta convencer, salir a buscar, debe ser tentadora. Se vende cada cosa y los políticos consiguen a veces el milagro de posicionar candidatos que los ves fallados a una cuadra.

¿Hay mucha sobreactuación, mucho coaching y poco debate alrededor de la política?

Los políticos siempre dependieron de su imagen, pero hace 60 años les bastaba con salir bien en una fotito blanco y negro y leer un discurso con énfasis y suficiente claridad para que lo puedan transcribir. Con el paso del tiempo y los nuevos medios, la exigencia de la imagen se volvió todo. Entonces aparecieron los asesores de imagen, los coaches y los políticos empezaron con clases de actuación. Donde aparece la representación desaparece el concepto de lo verdadero y se lo reemplaza por lo creíble. Y eso, en términos políticos es funesto, porque implica aceptar que todo es una ficción, por lo tanto alcanza con la verosimilitud. Estamos al horno.

¿Qué te sugiere una fecha tan significativa como el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia que acabamos de recordar?

El Nunca Más debería ser un símbolo nacional y el 24 de marzo un día de ritual, para que su sentido siga vivo hoy en cada uno de nosotros. Aquella realidad parece lejana, pero uno ve hoy que Trump es capaz de mandar tropas a Venezuela y que en el Brasil de Bolsonaro aparecen indicios peligrosos del pensamiento represor. Es cierto que el 24M mucha gente va a las marchas, se junta, pero no deja de ser apenas una parte, siempre la misma. Y una tragedia como aquella no la impide una parte. Ojo al piojo. 

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