MIÉRCOLES 13/11/2019

Humberto Tortonese: “No me río de cualquier cosa”

Dedicado completamente al teatro, donde interpreta a una versión de Dios hecha a su medida, confiesa que se alejó de los medios porque los nuevos códigos lo incomodaron.

Humberto Tortonese: “No me río de cualquier cosa”

En su casa de Colegiales, luminosa y repleta de detalles personales, Humberto Tortonese se mueve en su propia sintonía. Se ríe, dialoga, muestra e invita, siempre rodeado de calma. El año pasado decidió poner un freno: después de más de 17 años de radio como coequiper de Elizabeth Vernaci, en diciembre dejó las cuatro horas diarias que compartían al aire. Antes, ya se había distanciado de la televisión, donde no se sentía cómodo.

En el teatro, de la mano de Lino Patalano, encontró el espacio que le hacía falta disfrutar: en enero estrenó Obra de Dios —texto de David Javerbaum, versión de Elio Marchi—, espectáculo en el que le pone el cuerpo al Supremo, quien lo eligió para hacerse presente en la Tierra. Después de los tres meses de cartel estival, Tortonese pudo tomarse sus esperadas vacaciones a Japón junto a Nico, su pareja, y dos amigos, todos cocineros. Renovado, volvió para encarar, en el Maipo, la segunda temporada de la obra que lo tiene como protagonista casi absoluto, con un texto que requiere mucho oficio. “La obra no me pegó desde lo místico sino desde el humor. No hay una profundidad para meterse en la religión, va por otro lado”, cuenta. Así, Obra de Dios le permitió encontrar una nueva conexión con el humor, ese recurso con el que trabaja desde sus comienzos.

 

Esta obra marca un gran cambio en tu carrera, en coincidencia con tu alejamiento de la televisión y la radio. ¿Qué motivó ese giro?

Me voy adaptando a lo que viene en la vida. Durante mucho tiempo hice radio. Cuando hacía teatro, estaba mal vista la televisión. Eso cambió: los programas se volvieron más políticos, van más detrás de la última noticia. Y lo mío es hacer humor. De pronto, me encontré como coconductor de temas que no me interesaban. Cuando me fui transformando en otra cosa, decidí alejarme. En cambio, la radio me llenó sin darme cuenta. Hace más de 17 años, La Negra (Vernaci) me dijo: “Vení”. Ella es muy visionaria, ve facetas diferentes en la gente. Pasó algo distinto, hubo una conexión que duró muchísimo tiempo. Me enseñó todo de la radio. Cuando nos echaron de Rock and Pop hubo un impasse, fue rarísimo, y ese año hice poquitas cosas. Me ofreció volver a Radio Con Vos. Después llegó Lino con este proyecto y me pareció una oportunidad para procesar el alejamiento de la radio y trabajar la obra con tiempo. Lo disfruté.

En el teatro, encarás un texto extenso y estás todo el tiempo en escena. ¿Te costó?

Venía de un año bastante agotador, pero tuve un estreno muy placentero. No pensé que sería así pero, cuando sucedió, supe que lo que venía era todo bueno. Cuando empezás, es como una montaña rusa. Creo que influyó la manera en que trabajamos todos. Unos cuantos meses antes empecé a estudiar acá, en casa, cómodo, pasando letra. La cabeza se acomodó. Es cierto que llevo gran parte de la obra. Cuando regresé de vacaciones, con total libertad decidimos hacer esta nueva temporada. Por el momento, quedó pendiente la gira por el interior. Además, esta obra también es accesible en precio. Si mirás, los que empezaron con entradas a $ 700, las tuvieron que bajar y tampoco les fue bien. Hay gente que hace mucho esfuerzo por ir al teatro.

Te alejaste de la tele porque no te sentías  cómodo. ¿Qué te gustaría hacer si un gerente  de programación te diera a elegir?

De pronto, estaba conduciendo algo medio dramático, que no era para mí. Me gustaría hacer cosas con humor negro, pero tampoco se puede. Todo cambia. Por un lado, para hacer un programa tiene que haber anunciantes. Por otro, hoy todos están viendo qué decís. Antes, la gente entendía que se trataba de humor fuerte. En los límites es en donde hay que jugar con el humor. Si no, se pierde la espontaneidad. Llegaron a pedirme que no dijera culo. ¡Pero sí que se pueden mostrar culos y tetas!

¿El humor es un recurso profesional o un mecanismo personal para ver las cosas?

Es raro... Yo no me río de cualquier cosa. Me río mucho; ahora, ya más grande, incluso más. Antes me costaba, me reía con cosas raras, cotidianas, entre trágicas y ridículas. Nunca me llamó la atención el humor común, el contar chistes. El objetivo siempre fue contar una historia. Es una conjunción de cómo es uno y cómo puede decir las cosas. Yo no decía cosas para provocar risas, pero hacía algo serio y sucedía. En los sketches del Parakultural ya hacía eso: cada uno tomaba lo que quería de lo que se decía y se reía. De ese modo sucede algo más auténtico.

¿Cómo fue pasar de la usina contracultural de los ‘80 que fue el Parakultural a los magazines del prime time de la tele?

Primero fue ahí, en el underground. Después me llevó a la tele Antonio Gasalla, luego llegó el personaje de la Diputada Gascón con Susana Giménez. En esa época, hacía humor y estaba bancado por gente que era importante, que hacía 40 puntos de rating por noche, tenía respaldo. Pero me seguías viendo a mí: pasé a ser muy popular porque eran programas exitosos. La verdad, pensé que iban a ser pruebas, que iban a durar un poquito, pero funcionaron y las fui disfrutando. En la radio pude continuar con esa actuación que me gustaba. Con los años, te das cuenta en dónde querés —o podés— estar y en dónde no. A mí me interesaba hacer los sketches, crear con Alejandro Urdapilleta esas obras únicas... Hoy, cuando alguien me dice: “Vi en YouTube esa escena que hiciste con Gasalla”, es la prueba de que hay un recorrido.

La versión original y completa de esta nota fue publicada en la edición 192 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista Comercial

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