Gerónimo Rauch: “Invierto en mis shows y corro muchos riesgos”

Gerónimo Rauch: “Invierto en mis shows y corro muchos riesgos”

Es el gran referente de la nueva generación de actores de comedia musical del país. Radicado hace 10 años en Madrid, ultima los detalles de su segundo disco. Y, tras haberse presentado en el Teatro Colón con récord de entradas vendidas en 2017, revela las luces y las sombras de ser un artista independiente.

El gran referente argentino de la comedia musical del nuevo siglo es fanático de Los Beatles por ‘culpa’ de su padre. “Crecí escuchando esas canciones, así que no tuve que aprenderlas porque me las sabía de memoria”, revela Gerónimo Rauch. Con la sonrisa sellada en su rostro, convida a esta cronista un trozo de jengibre. “Es horrible, pero hace bien a la garganta”, justifica el intérprete –canta, actúa, baila durante su reciente visita a Buenos Aires. Exintegrante del grupo Mambrú, que saltó a la fama tras consagrarse en un reality show a principios de la década de 2000, es consciente de que cumplir el ‘sueño del pibe’ lo enfrentó con los pros y las contras de la fama veloz, que lo obligó a camuflarse para evitar la ‘persecución’ de sus fanáticas. “En esa época vivimos una etapa explosiva. Nos volvimos famosos de un día para el otro y fue un shock. Hoy, mi reacción sería más coherente porque tengo un recorrido hecho y estoy en armonía”, señala tras el fin de la gira internacional que, ahora, lo llevará de vuelta a Madrid, donde vive hace 10 años junto a su mujer y su hijo Gael, de 5.

¿Te fuiste a España con apenas una guitarra para ‘huir’ del éxito de Mambrú?
En ese momento estábamos haciendo una producción pequeña, pero muy profesional, de Jesucristo Superstar en el Teatro Bristol, con un elenco y producción excelentes. Filmamos el último show y yo subí el video de la canción Getsemaní a las redes. Ya se había estrenado la versión madrileña pero, a los dos meses, había renunciado el actor que personificaba a Jesús. Fue un  amigo mío quien mostró ese video y logró que me llamaran para audicionar. Y conseguí el papel. Después participé en Chicago, protagonicé Los Miserables, en Londres, y también El fantasma de la Ópera.

Después de tantos años, ¿el estallido del primer aplauso conmueve igual?
Los cantantes vivimos en estado de máxima concentración. Hay mucha adrenalina y nervios hasta que llega el primer aplauso: después no importa para qué lado va el show. El aplauso es el termómetro que fija todo y te afloja. Disfruto cuando la gente se emociona con mis canciones: mi objetivo es crear momentos inolvidables. Mi foco está puesto en llevar a los espectadores a una realidad distinta, que se olviden de los problemas. Me seduce la idea de iluminarlos, pero no pretendo encandilarlos.

A pesar de los 10 años que llevás en España, ¿te sentís local cuando actuás en tu país?
Sí. El público argentino es explosivo, agradecido, maravilloso. Siempre me dan ganas de volver a mi país, es adictivo. ¡Me divierte que me griten cosas! Vengo de un mundo muy acartonado: en el clásico se frena el aplauso apenas empieza la canción, pero en los conciertos es muy espontáneo.

¿Cómo impactan las giras extensas en tu vida familiar, ahora que tu hijo ya es más grande?
Es difícil, muy duro. Cuando me voy de gira, ellos tienen un sentimiento de soledad que no se los quito con nada. Mi hijo, si bien es pequeño, está enfadado conmigo: pensá que estuve ausente 45 días. En este viaje no pudieron acompañarme porque él estaba finalizando las clases en Madrid. Por suerte, después de toda esta peripecia nos iremos de vacaciones. Pero el día a día se pierde.

¿Hiciste las paces con el desarraigo?
Me fui hace 10 años: los primeros 6 viajaba muy poco porque no me daban vacaciones, excepto cuando bajaba la obra de cartel o cambiaba de proyecto. Fue muy duro. Llegué a pasar un año y medio sin visitar a la familia y los amigos. Pero ahora vengo cuatro veces al año, entonces trato de estar en fechas importantes. Ya no siento el desarraigo,  pero tengo la sensación que tienen todos los que se van de su tierra: hay un pequeño dolor que se va haciendo callo.

Tu primer disco (Here, there and everywhere) fue un homenaje a Los Beatles. ¿Qué repertorio elegiste para el segundo, que vendrás a presentar en septiembre?
No puedo revelar mucho, pero es un disco en el cual vuelvo a las bases del romanticismo, un homenaje a los cantantes de las viejas épocas que hablaban de amor. También haré un espectáculo nuevo basado en ese concepto.

¿Qué sentiste al cantar en el Teatro Colón por primera vez, y con lleno total, el año pasado?
Fue un antes y un después. ¡Me cambió la carrera! El Colón fue la bisagra. Reparamos, con el productor Lino Patalano y la gente de Sony Music, que fue sold out en 7 días. ¡Nunca antes había sucedido! Evidentemente, hay un tipo de público que quiere ‘el estilo de Gerónimo’, así que vamos a darles más música (sonríe).

¿Por qué crees que los teatros clásicos están siendo más inclusivos con su programación?
Primero, porque son teatros del Estado y deberían tener espacio para todos. Más allá de las polémicas, deben aggiornarse y llevar públicos distintos que vayan a ver un espectáculo que es especial también por el lugar. Si bien el precio de las entradas no es tan popular, son salas que ameritan ser cuidadas. En España también sucede: lancé mi disco en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, donde debuté como el primero de un ciclo de artistas contemporáneos.

Crooner 
Considerado por la prensa especializada como “el crooner por excelencia en español”, Rauch ya está de regreso en España, para protagonizar Sunset Boulevard, de Andrew Lloyd Webber, junto a Paloma San Basilio. La versión argentina subió el telón recientemente en el Maipo, con Valeria Lynch en el rol estelar.

¿Es difícil ser un artista independiente?
La verdad es que me gustaría que llegara el momento en que no tuviera que pensar en el dinero, aunque tener demasiado me hace pensar en que me la pasaría pensando en él… Me interesa tener estabilidad para sentir que no tengo la soga al cuello, porque invierto mucho en mis shows. En los últimos dos años, gracias a Patalano ofrecemos lo mejor en cada espectáculo, pero obviamente corro muchos riesgos… Beyoncé les paga primero a sus músicos y después cobra ella. Todos los artistas primero somos jefes… Y, al final, terminamos pagando para tocar.

¿Qué musical está en tu lista de pendientes?
Jekyll & Hyde. Es maravilloso. Soy cantante por ciertos musicales que ví: ya pude hacer muchos, menos ese... Todavía.