Galerías de arte pyme: cómo dan pelea en un mercado en alza

Se encargan no sólo de curar las obras sino las carreras de los artistas. Sus estrategias para posicionarse en un mercado pequeño pero súper competitivo.

Galerías de arte pyme: cómo dan pelea en un mercado en alza

Desde el seguimiento de la carrera de los artistas hasta su presentación en ferias, muchas galerías porteñas no sólo funcionan como un nexo con los coleccionistas, sino que juegan un rol fundamental en el funcionamiento de un mercado que, aunque sigue siendo pequeño en comparación con las plazas internacionales–como advierte Nora Fisch: “El arte, en la Argentina, no es una inversión para revender en dos años: generalmente es una inversión a largo plazo, 10 años, para notar una diferencia”–, muestra señales de crecimiento gracias a algunas iniciativas institucionales (como las becas que otorga el Fondo Nacional de las Artes) y al esfuerzo autogestionado de los talentos locales a través de iniciativas como talleres abiertos o exhibiciones pop up, por ejemplo. En este contexto, se suman una diversidad de escenarios locales como los de Tucumán, Salta, Rosario, Mar del Plata o Córdoba, entre otras ciudades, que buscan disputarle la centralidad a Buenos Aires a fuerza de nuevas propuestas y programaciones cuidadas. Las galeristas Nora Firsch (Galería Nora Fisch) y Linda Neilson (Galería Mar Dulce), analizan el fenómeno.

¿Cómo es el mercado del arte argentino?

NF: Soy muy optimista con respecto a lo que está pasando en el arte contemporáneo argentino. La producción de los artistas es muy sofisticada, inteligente, original, y creo que no tiene nada que envidiarle a otras partes del mundo. Si le falta algo, en todo caso, es un mayor apoyo del mercado para poder invertir más en producción: un artista que vende una obra en Nueva York por u$s 100 mil puede gastar tranquilamente u$s 10 mil en la producción, pero acá esa posibilidad no existe. A nivel del mercado también soy optimista porque, si bien es pequeño y los precios todavía son bajos con respecto a los estándares internacionales, hay mucho más interés por lo contemporáneo ahora que hace 5 ó 15 años.

LN: La Argentina tiene algo muy especial y es que existe un nivel de trabajo independiente, con una fuerte tradición en múltiples carreras, que no se da en otros países. Sin dudas, esta característica surgió como un medio de supervivencia en situaciones económicas inestables, pero a su vez ha creado un nivel de participación en la producción cultural que no existe en otros lugares. También el acceso a la educación gratuita es un elemento fundamental: en otros países, el estudio de las artes y las humanidades es cada vez más restringido y sólo accesible a los ricos. Todo esto contribuye a la gran amplitud y vitalidad de la producción de las artes plásticas argentinas en la actualidad.

Linda Neilsen (Galería Mar Dulce) y Nora Fisch (Galería Nora Fisch)

¿Cuánto ha logrado trascender en el mundo?

NF: Menos de lo que nos merecemos. Eso es algo que estamos trabajando desde Meridiano (Cámara Argentina de Galerías de Arte Contemporáneo) y desde este Gobierno con la presencia en ARCO (NdR: Feria Internacional de Arte Contemporáneo). Desde el gobierno porteño, con el programa de Art Basel Cities, se está trabajando muy seriamente para que el arte argentino tenga la presencia internacional que se merece. Lo que viene sucediendo hasta ahora es que hay artistas aislados que hacen carrera afuera, pero lo que está faltando es que desde la escena del arte internacional —que está muy globalizada— entiendan la riqueza de la idiosincrasia y escena nuestra. Hay mucha gente que está trabajando en ello, tanto desde lo gubernamental como desde lo privado. Tenemos que construir más visibilidad para nuestros artistas.

LN: Me encantaría ver que el inmenso talento que existe aquí posea una mejor situación para moverse más libremente en la escena internacional. Es algo que podría ser alentado, por ejemplo, modificando la legislación actual sobre la exportación de arte, algo que se ha estado solicitando durante años. La legislación que hoy rige, y que es de vital importancia para la protección del patrimonio cultural nacional, es desgraciadamente aplicada a todas las obras de arte, de los ya clásicos a los jóvenes, y la exportación es difícil hasta el punto de volverse prohibitiva. Ha habido algunas mejoras al respecto, pero todavía queda mucho camino.

¿Cuál es el rol de las galerías privadas?

NF: Es absolutamente fundamental. Es muy raro ver a un artista que pueda realmente crecer profesionalmente, entrar a colecciones de museos o internacionales si no tiene representación de una galería. Por un lado, desde lo internacional, el artista sin galería está visto prácticamente como un paria, es como que le falta legitimidad, de alguna manera. No digo que esto sea justo o no, pero a nivel internacional funciona de esta manera. Y, por otra parte, para crecer, para ir al exterior, es fundamental el rol de la galería: promociona a los artistas frente a los curadores y les hace llegar material, interpretaciones, imágenes. Hay todo un trabajo administrativo que para el artista se puede hacer muy tedioso y consumirle mucho tiempo. Y, además, la galería es una especie de garantía para el coleccionista o para el cliente en términos de preservación del valor de la obra, porque hay un esfuerzo sistemático de preservar los precios, de no malvender, de promover al artista, de que crezca.

LN: Las galerías proporcionan una ventana para los artistas con los que trabajan a los cuales ayuda a llegar mejor al público en general, tanto en la exhibición en el espacio físico de la galería como a través de las redes sociales. Ellas establecen una representatividad y un “sello de aprobación” a la calidad de la producción y al valor económico de sus obras. Afortunadamente, en la actualidad un gran número de artistas locales está acompañado por un gran número de galerías con una amplia gama de enfoques: algunos se centran en arte emergente, otros en graffiti, conceptual o, como nosotros, en pequeño y mediano formato.

¿Cuesta administrar una galería de arte en este contexto económico?

NF: No particularmente. Es difícil dirigir una galería de arte en la Argentina en cualquier coyuntura económica, porque una siempre se encuentra con gastos altos y un mercado muy pequeño. La galería de arte, como negocio, es una proposición arriesgada. Por eso, en general, muchas galerías tienen un ciclo de entre 5 y 10 años. En mi caso, invertí mucha energía y tiempo: estuve muchos años realmente sin ganar pero, en este momento, la galería tiene un coleccionismo. Hoy estoy mucho mejor que los primeros tres o cuatro años, que fui a pérdida absoluta. No siento que la baja del consumo que puede afectar a otras áreas esté impactando a la gente que me compra obras. Obviamente, el que compra arte tiene todas las necesidades básicas cubiertas y, en general, tiene un cierto excedente.

LN: En mi experiencia siempre hay alguna razón por la cual la gente no compra, ya sea por la incertidumbre en torno a las elecciones, los temores sobre la inflación, las fluctuaciones del dólar y la baja del turismo... No diría que es mejor o peor en el presente. Tenemos la suerte de que nuestro público en particular es muy amplio: clientes locales y turistas, jóvenes coleccionistas o ya establecidos, personas que buscan decorar su casa con arte, alguien que busca un regalo especial o simplemente quien pasa y se enamora de una obra en la vidriera.

¿Hay un prejuicio del público con las galerías?

NF: Más que prejuicio, recelo. El arte contemporáneo es una especie de viaje intelectual y de la imaginación, y parte de lo que hace es llevarnos a un lugar de incomodidad. Porque si repite las fórmulas que ya son conocidas, que gustan, que no incomodan ni requieren algún esfuerzo intelectual y sensible para entenderlas, no sé si es arte... Por ahí, es simplemente decoración. Lo que la gente tiene que saber es que en las galerías —y, definitivamente, es el caso de la mía— estamos muy conscientes de que tenemos también un rol pedagógico. ¡Y nos encanta explicar! La gente tiene que abandonar el recelo, saber que la galería está abierta al público. Lo que tiene de lindo la galería de arte es que, desde una inversión de capital privado, estamos generando una propuesta cultural pública y gratuita.

LN: Por suerte, un comentario frecuente entre nuestros visitantes es que se sienten muy cómodos al visitar la galería. Nuestro espacio tiene grandes ventanales a la calle que muestran lo expuesto e invitan a entrar. La situación de tener que tocar un timbre para ingresar a un espacio desconocido puede ser intimidante, aunque iniciativas como Gallery Days/Nights brindan oportunidades para que el público visite muchos espacios el mismo día, con la esperanza de que los estimule a regresar. A veces, los visitantes no están seguros de si son bienvenidos sólo para mirar —en nuestro caso, ciertamente lo son— y las galerías tienen un papel que desempeñar en hacer sentir cómodo a quienes las visitan.

La versión original de esta entrevista fue publicada en la edición 193 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista Comercial.

 

 

Comentarios1
Ehsan Sherbi
Ehsan Sherbi 10/09/2017 05:48:40

Las galerias de arte deberian ser itinerantes tambien en el interior del pais.

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