"Es muy machista el mundo de la fotografía", asegura la única argentina elegida para una beca en Ámsterdam

Trabaja en la revista 'Lugares'. Participará, junto a 12 colegas, de una exclusiva master class de la World Press Photo Foundation. 

“Nunca supe que quería ser fotógrafa. Arranqué estudiando Bellas Artes, siempre me dediqué a la pintura. Y la fotografía entró en mi vida de casualidad”, cuenta Sofía López Mañan. “En su momento hacía intervenciones en el espacio con mi cama, trabajaba en un tema de propiedad privada: entonces, iba a lugares en demolición e instalaba mi cama y hacía una especie de performance que registraba con la cámara. La fotografía comenzó a ser un registro de obra y así me inicié”, explica. Propuestas editoriales y becas relacionadas a la fotografía la fueron introduciendo hasta llegar a la rama de fotografía documental en la que se desempeña hoy.

Trabajo como fotógrafa en la revista 'Lugares', que sería mi trabajo principal. Realizo series fotográficas personales, documentales y desde hace 3 años trabajo en fotografía de conservación y medio ambiente en el ecoparque porteño, proyecto que me abrió puertas a diversas propuestas en la temática”, destaca.

Fue justamente por un trabajo inspirado en la naturaleza por el que es la única argentina seleccionada entre 12 fotógrafos del mundo para participar de la 26ª edición de la master class de Joop Swart de World Press Photo Foundation, que se realizará del 17 al 21 de septiembre en Ámsterdam.

De la serie 'Miedo'

Tenés series fotográficas muy conceptuales. ¿En qué te inspirás?

Hay algunas series que arrancan como una pulsión de acción que, más adelante, sigo reinterpretando. Es tan viceral el trabajo: me cuesta conceptualizar antes de hacer. 'Anónimos', mi primera serie, la hice en 3 semanas: fue una acción que no pude frenar, después la fui completando. El resto de los proyectos se dio a través de un proceso interno de búsqueda que incluyó ayunos de 21 días, meditaciones largas de silencio, ayahuasca... Algunos pensarán que es un poco extremo, pero en la acción fotográfica necesito poner el cuerpo para sentirlo genuino. Mucho de lo de afuera no funcionaba: me metí para adentro y así fueron apareciendo conceptos. La de 'Miedos' apareció a partir de esto: es un trabajo de vulnerabilidad que tiene como disparador cuáles son nuestros miedos y eso generó cosas muy interesantes en las fotos.  

¿Cómo surgió tu vínculo con el medio ambiente?

Después del trabajo en estas series tuve un parate. Me pinché mucho con el afuera, con el circuito de exposiciones, con la llegada que uno pueda tener y la pregunta del “para qué” me desbalanceó la existencia. Justo en ese momento, una productora me convocó para hacer fotos del día a día en el actual ecoparque porteño y eso me llevó a meterme en temas de conservación y medio ambiente, temática del que surgió un “para qué” que hizo virar todo. Porque la pregunta del “para qué” está siempre: para qué la fotografía, para qué exponer en galerías, para que las vea quién... Y de repente me puse a trabajar más con el proyecto de conservación, desde un nivel personal pero también investigativo. Hace 3 años que estoy con esto y me empezó a abrir puertas para proyectos con muchos grupos de conservación (que trabajan de una manera de absoluta entrega) y a involucrarme más en la temática. Cuando unís el deseo y la vocación en algo más grande que vos, sos un torpedo, porque el motor para terminar de hacer las cosas ya no sos vos.

De la serie 'Miedo'

¿Qué es lo que te atrapó de esta temática?

Es muy loco cómo sentís cuando los animales te agradecen después de una liberación. No soy una fotógrafa de animales ni de naturaleza y no me interesa serlo, porque ellos se representan a sí mismos, no me necesitan a mí. Para mí lo interesante es el vínculo que tenemos con el medio ambiente. Hace poco presentamos para National Geographic un proyecto sobre la Cuenca del Plata, que espero que salga. Empezar a trabajar en problemas medioambientales es entender que el mundo es un problema medioambiental y que la Argentina está completamente olvidada del medio ambiente. Entonces te nace dejar tu granito acá, desde lo que uno sabe hacer.

¿Cómo funciona  el tema de las muestras y exposiciones en el país?

Es una opinión súper personal: vivimos muy lejos. Se supone que Buenos Aires es la metrópolis argentina del arte, pero es muy cerrada: no hay un coleccionismo fuerte, no hay movida, no hay tanta compra, hay muy poca gente a la que le pueden funcionar este tipo de exposiciones. Me cansé. Porque es mucho esfuerzo para que la única  satisfacción que tenés es poder hacer un cierre de trabajo: vienen mis amigos, mi familia, y ya está, no se movió nada y fue un pico de ego sin sentido.

No se puede obviar la crisis muy importante que está atravesando todo el rubro de las artes, el lugar expositivo está en un momento de crisis. Hoy tenés Facebook e Instagram: todo está cambiando y en ese cambio caemos todos en la volteada. Tenemos una clase media que hoy no puede adquirir una obra.

¿Cómo te llevás con las redes sociales? ¿Cómo afectan a la fotografía?

Subo una foto cada tanto. Busco que sea una foto que me represente y que hable del proyecto que estoy haciendo actualmente. Lo uso para difundir lo que hago. No soy mucho de scrollear, no sigo a muchas personas. No podría tener la disciplina -ni quiero tenerla- de subir una foto por día, me angustiaría hacerlo. Subo cuando puedo. Hay muchos con el mismo tipo de foto, todos posan iguales: el fenómeno tiene cola corta. Me parece muy occidental esto de mostrar lo bueno, lo hermoso y lo demasiado perfecto, que se vuelve poco creíble. Un ejemplo claro es que las marcas ya no patrocinan a las grandes instagramers sino a las pequeñas, porque eligen a personas con menos seguidores pero que tengan seguidores importantes que puedan adquirir  sus productos.

¿Cuál es el lugar del fotógrafo en una era de la imagen democratizada?

El fotógrafo no es imagen. El fotógrafo es una idea, que la manifiesta hoy a través de  la fotografía pero podría haber utilizado cualquier otro medio. La diferencia es el concepto y el trabajo por detrás, la manera de mirar. Cualquiera puede agarrar una cámara y es muy fácil imitar una buena foto porque es un recurso. Por suerte eso no hace un buen fotógrafo. Uno se da cuenta de la diferencias cuando ve que hay profundidad en la búsqueda, cuando hay algo que te llega a través de esa imagen. Hoy la gente se mete en Internet y ve la historia en vivo: eso repercutió en que el fotógrafo empezó a ser más subjetivo, más conceptual, empezó a investigar en técnicas y formas de exponer, en materiales alternativos.

De la serie "Anónimos"

¿Cómo llegaste a ser la única argentina seleccionada entre 12 fotógrafos del mundo para participar de la 26ª edición de la master class de Joop Swart de World Press Photo Foundation, que se realizará del 17 al 21 de septiembre en Ámsterdam?

Hace unos años me convocaron y no entré. Esta vez me volvieron a llamar. Vos no te postulás: hay nominadores en distintas partes del mundo que eligen a quienes participan de esta master class. Me presenté con un proyecto muy mío, que es sobre “la no naturaleza”, con la idea de que la naturaleza es una concepción humana, y entró. Haber sido seleccionada me motiva a seguir involucrándome más en estas historias: es un motor para seguir por este camino de la conservación y una posibilidad de vidriera. Hoy necesito esta vidriera para hacer resonar estos temas ambientales que me interesan.

¿Cómo es el lugar de la mujer en la fotografía hoy?

Es muy machista el mundo de la fotografía. Está empezando a cambiar, por suerte. Y el cambio se está dando muy rápido. En la Argentina, la movida es muy fuerte y las fotógrafas acá hacen ruido, tienen presencia. Pero hasta hace tres años, la fotografía era completamente machista: los editores, el entorno, poder ingresar. Mirás dos años para atrás y casi no hay ni una mujer en fotografía documental. Para mí eso impacta en las historias que se cuentan, se abren voces nuevas. La mirada femenina tiene otra empatía, otro acceso a las personas, y eso hace que se vean cosas distintas. Ya era hora.

¿Qué le aconsejarías a alguien que recién empieza?

Esforzate: vas a sufrir, pero es parte del camino. Más que pensar en la foto y en la imagen, conectate con qué querés contar, qué es lo que te da ganas de levantarte de la cama y trabajar en eso. Para mí eso diferencia a una persona que hace fotos para Instagram de un fotógrafo, que tiene un compromiso con una historia tan grande que puede hacer kilómetros, estar sin dormir. Entonces, sugiero poner el foco en eso y confiar en la mirada personal. Creo que el camino es generar autoconfianza y decir "esto es lo que me representa". Estamos tan en el mundo del agradar que no tenemos idea de qué queremos contar, entonces eso cuesta mucho. Afianzarse en un lugar y decir “esto me representa” aunque no represente a nadie. Así que a quien quiere dedicarse a la fotografía le diría que se pregunte qué quiere contar y que ponga el corazón y el tiempo en eso.

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