Elecciones 2019: Berensztein y Fornoni analizan el camino a las PASO

Elecciones 2019: Berensztein y Fornoni analizan el camino a las PASO

Los temas económicos se vuelven protagonistas en un escenario que todavía se caracteriza por la ausencia de definiciones. Mientras el oficialismo y una parte de la oposición sigue apuntando a la grieta, la opinión pública busca candidatos para superarla.

El camino a las elecciones está lleno, por ahora, de silencios e indefiniciones. Mientras  la economía pivotea como un arma de doble filo –entre la recuperación o la emergencia  de nuevos problemas–, los ‘desencantados’ y la ausencia de liderazgo jaquean a las fuerzas políticas. En un contexto donde los candidatos se conocen más por lo que miden que por lo que piensan hacer. Sergio Beresztein y Mariel Fornoni analiza el escenario en la cuenta regresicva a las PASO y el efecto de las encuestas en la opinión pública. 

¿Cómo analiza el escenario electoral?

SB: Incierto. Precisamente porque todavía no están definidos los espacios y los protagonistas, y eso vuelve muy compleja la posibilidad de proyectar las cifras que uno puede ver hoy en sondeos de opinión pública. En particular porque todas esas son hipótesis de laboratorio: faltan los candidatos de los principales distritos –la oposición no los tiene ni en la Ciudad de Buenos Aires ni en la Provincia, por ejemplo–, faltan fechas de elecciones fundamentales, como Mendoza. Extrapolar una visión más o menos precisa en función de los datos de hoy es imposible.

MF: En general, los votos que saca el oficialismo durante la elección correlacionan bastante bien con el nivel de aprobación de gestión que tengan. En el caso de Mauricio Macri, ronda un 30 por ciento, y esto indicaría que podría obtener un 30 % de los votos. Si la elección fuera contra Cristina Fernández, eso le haría crecer quizás unos 5 puntos más, producto de que hay mucha gente que no quiere a Cristina candidata. Esto, por supuesto, es aproximado y si las elecciones fueran hoy y todavía sin candidatos determinados. Todos presumimos que Cristina Fernández va a ser candidata, pero la realidad es que eso todavía no está claro, y tampoco está claro qué va a pasar con una tercera opción peronista, si va a haber alguna opción mezcla de peronismo con el socialismo. Todavía no están claros ni siquiera los actores.

¿Cómo impacta la falta de definiciones a esta altura?

SB: La dinámica de las elecciones va a generar un momentum. En febrero de 2015 no se sabían quiénes eran los candidatos para la gobernación en Provincia de Buenos Aires: si la interna la hubiera ganado Julián Domínguez, o se presentaba Florencio Randazzo, o encontraban otro candidato en vez de Aníbal Fernández, probablemente María Eugenia Vidal no hubiera sido ganadora y cambiaba totalmente la elección. Si tuvieras un país con partidos estables, con candidaturas... Pero no es el caso, con lo cual hay que ser muy prudentes. El sistema político argentino es disfuncional, está en crisis. Ni siquiera tenemos en claro las reglas de financiamiento de la política. Así se gobierna en la Argentina: con improvisación, con el 'vamos viendo'. Es una política de Estado: el resultado pasivo de debilidades estructurales de una política disfuncional que nadie se ocupa de reparar, incluyendo a este Gobierno que no hizo nada para mejorar la calidad de las instituciones.

MF: La indefinición de Cristina Fernández hace que hoy el peronismo se encuentre absolutamente dividido, porque con un liderazgo fuerte de CFK, que tiene unos 20 puntos para arrancar -algo que no tiene cualquier otro candidato del peronismo-, los intendentes prefieren jugar con una alternativa más segura que los arrastre. Si ella no se presentara, quizás el peronismo encontraría una alternativa más fácil de consolidar. Porque Cristina tiene un piso alto y, en función de eso, al peronismo le cuesta encontrar un lugar. Pero también tiene un techo bajo de gente que nunca la votaría, que hoy sería un 57%. Hay bastante ego: cada uno negocia su situación personal y les cuesta consolidar una alternativa más consensuada, más de cara a la gente. De todas maneras, todavía hay tiempo: cuando aparecieron Néstor Kirchner o Carlos Menem, la verdad que unos meses antes no se los veía venir. También va a depender mucho de la situación económica y social.

¿Hay lugar para que aparezca un outsider?

SB: Me parece que un ‘Bolsonaro’ –entendido como un fenómeno que rompe el statu quo de la política– en este sistema electoral, con este financiamiento, con la lista sábana, con un ejército de miles y miles de fiscales, es imposible. En el Pro no hay espacio porque eso es un negocio del Presidente. De los candidatos en Alternativa Federal no veo que surja ninguna otra figura que pueda irrumpir, porque si el ‘Bolsonaro’ de Alternativa Federal es Roberto Lavagna, tenemos que revisar el término; y, por supuesto, el kirchnerismo siempre fue una pyme familiar, así que eso no va a cambiar. Me parece que la chance de que irrumpa una fuerza política desde los márgenes del sistema es extremadamente acotada, sino nula. Únicamente si se genera un caos en la economía, algo que hoy, gracias al acuerdo con el FMI y a la disciplina fiscal y monetaria que está mostrando finalmente el Gobierno, no es muy probable. En la Argentina no faltan candidatos: faltan políticos formados, generaciones de políticos con visión, con experiencia, con formación profesional, con experiencia en el mundo, como para poder nutrir al sistema político de talento y empezar a gobernar mejor.

MF: Cristina tiene un 57% de rechazo y Macri tiene 54%, con lo cual es probable que haya un porcentaje de gente que esté esperando que aparezca alguna otra opción. Eso igual no quiere decir que, aunque haya un núcleo duro de 20% o 25% para cada uno, que haya un 50% que vaya a votar a otro candidato, puede que sí o puede que no, o puede que parte de ese 50% después termine apoyando a alguno de esos dos extremos, pero lugar hay. Podría ser peronista o no, hoy todavía no se lo ve, pero sí podría aparecer. Lo que pasa es que, en general, esos liderazgos se producen en un contexto determinado, de situaciones más extremas: una crisis económica o del estilo que sea.

¿Cómo analiza la decisión de no desdoblar en la Provincia de Buenos Aires?

SB: Queda ratificado que Cambiemos es una muy buena marca, pero detrás de la buena marca hay un liderazgo híper presidencialista dominado por Mauricio Macri y sus dos principales espadas, en materia estrictamente electoral, que son Marcos Peña y Jaime Durán Barba. Y lo que se esconde, en definitiva es la prioridad del proyecto personal de Macri. El Gobierno está convencido de que la economía va a mejorar este año y que el tiempo le va a dar la razón a los más optimistas. La idea de que “equipo que gana no se toca” no es solamente para las personas, sino también para las estrategias: fueron con esta fórmula y fueron todos juntos. Y si en 2015 les fue bien, ¿por qué cambiar, no? En el hipotético caso de que ganara María Eugenia Vidal y perdiera Macri la elección presidencial, ¿cómo haría ella para gobernar? Me parece que ella entendió esa disyuntiva y terminó priorizando el trabajo en equipo. Para bien o para mal, su suerte está ligada a la de Macri.

MF: El Gobierno tendrá sus razones. A priori es una estrategia que puede resultar, pero es bastante arriesgada. Electoralmente, tanto para Macri como para Vidal, hubiera sido mejor el desdoblamiento: si se adelanta la elección en la provincia de Buenos Aires, Vidal probablemente es la que más chances tiene de ganar, y ganar la Provincia implica ganar casi la mitad del país. Además, eso le iba a permitir a Macri mostrarse con la gobernadora con mejor imagen en campaña. En esta situación, probablemente Vidal tenga que hacer campaña sin Macri –porque en el Gran Buenos Aires es donde él tiene los números más negativos–, y ella se va a tener que concentrar en su campaña, que tampoco va a ser fácil. Y si la elección se da en tercios probablemente no tanto, pero una polarización extrema Macri o Cristina puede hacer que la boleta del medio termine castigada, y entonces podés ganar la Nación perdiendo la provincia, y puede ser bastante complicado.

¿La polarización sigue siendo funcional electoralmente?

SB: La polarización es una estrategia típica de la política, no es un invento argentino. Ahora, ¿la opinión pública está dispuesta a entrar en esa dinámica? Un segmento sí, porque tanto Cristina como Macri tienen apoyos consolidados de casi un tercio. Pero también tienen rechazos enormes, y parte de eso es gente que no se siente identificada con ninguna de estas dos fuerzas. Creo que hay espacio para una alternativa, sobre todo ahora que tiene el apoyo de los gobernadores y de un segmento crítico del sindicalismo. No es Sergio Massa y el Frente Renovador hablando de la tercera vía o de la ancha avenida del medio. Ahora tenés poder real, y no me parece menor. Si a eso le sumás la posibilidad de ampliar esa base y armar una construcción más plural –con el socialismo de Santa Fe, con Margarita Stolbizer–, estamos hablando de una alternativa que puede tener un crecimiento como para cuestionar la idea de la polarización. Pero todavía hay que ver si esto cuaja o se diluye.

MF: Por ahora les está resultando funcional tanto al Gobierno como a Cristina. Y las dificultades que tienen para conciliar intereses, egos y demás el resto de los potenciales dirigentes que pueden construir otro espacio, hace que también esto sea funcional a ellos dos. Pero cuando mirás a los ‘desencantados’ por ejemplo, hay muchos de esos segmentos que plantean que la única manera que tiene la Argentina de salir de ‘la grieta’ es no más Cristina ni Macri. Creo que también por eso fue la noticia del verano lo de Lavagna. Y, sin quitarle mérito, tampoco es por él sino porque hay un segmento muy amplio que quiere encontrar una salida superadora.

¿Qué le preocupa a la opinión pública?

SB: Los temas económicos predominan por lejos: inflación, incertidumbre sobre la situación económica, aumento de tarifas y de los impuestos. Por eso me parece un poco extraño que el Gobierno pretenda que esto se vaya diluyendo. Hay una enorme preocupación por las cuestiones económicas, y no creo que cambie. La corrupción, por ejemplo, es algo que se caracteriza como positivo –controversial para el electorado de Cristina– pero no creo que diluya el efecto negativo de la cuestión económica, en particular las consecuencias de la crisis cambiaria.

MF: Los temas económicos en su sumatoria: algunos más preocupados por el desempleo, otros por la inflación, por las tarifas, pero, en definitiva, más del 60% nombra razones económicas como sus principales preocupaciones. De todas maneras, la inseguridad sigue siendo un eje fuerte, y desde hace años; lo que pasa es que cuando la economía empieza a andar mal es como que la inseguridad pasa a un segundo lugar, como la corrupción.

¿Qué se busca hoy en un candidato?

SB: La Argentina es una sociedad que está muy fragmentada, donde no hay ‘un votante’sino distintos grupos. Los atributos de los candidatos varían en función del segmento y muchas veces en una familia tenés preferencias distintas. Entonces, al no poder generalizar, eso te obliga a ser muy cauteloso y a entender que el todo es la suma de las partes: por eso necesitás candidatos que generen la menor cantidad de reacciones negativas posible y la mayor cantidad de cuestiones de identificación con la gente. Aparte es un caleidoscopio que va modificándose en función de determinadas coyunturas, sobre todo cuando hay un escenario tan incierto de acá a las primarias.

MF: Depende. En las elecciones legislativas, donde generalmente se busca una mayor distribución de poderes en el Congreso, las fuerzas más minoritarias tienen una mejor performance. Mientras que en las ejecutivas, generalmente, el tema de la gestión pesa. De todas maneras, lo que uno ve es que las últimas elecciones – y esta no va a ser una excepción– es que la gente vota por el no, por lo menos en el ámbito nacional. Van a votar a Macri para que no vuelva Cristina y van a votar a Cristina para que se vaya Macri, o van a votar a un tercero porque no quieren a ninguno de los dos. No es una elección donde la gente esté mirando atributos positivos de algún candidato. En general, es una elección más por lo negativo que por lo positivo.

¿Por qué las encuestas despiertan polémica?

SB: Cuando el diagnóstico te condiciona el debate quiere decir que lo que falla es el debate. No digo que no haya una utilización política de los datos, pero si el debate es sobre los datos o sobre quién los genera, estamos en un problema. Parte de la pobreza de la política, de la disfuncionalidad del sistema, surge del hecho de que hay gente que cree que una encuesta puede hacer la diferencia, que puede influir en la toma de decisiones, en alguna candidatura, en una campaña. Hay que desdramatizar: dejar que los políticos tomen sus decisiones, hagan sus propuestas y no pensar que las encuestas son tan importantes. Además, el método está cuestionado en todas partes del mundo por razones bastante objetivas: muchas veces se hacen sondeos basados en encuestas telefónicas y el teléfono de línea ya no lo usa nadie, por ejemplo. La gente cambia de opinión rápidamente, no hay afinidades tan extremas. Hay un voto que es mucho más emocional que racional. Cambiar el voto muchas veces es como cambiar el champú. Todo eso forma parte de una nueva dinámica donde los medios, las redes sociales, los mecanismos para influir en el voto son muy dinámicos y múltiples. Esto vuelve aún más complejo el desafío de poder determinar las características que puede tener el proceso electoral.

MF: Me parece que pensar que un candidato crece o no por lo que dicen las encuestas es subestimar al votante. Y creo que también se sobrestima el valor que tienen las consultoras. El tema es que la política dejó ese lugar: antes la gente no hablaba de lo que medía un candidato porque el candidato hablaba por sí mismo. Ahora, en vez de haber debate político o de ideas, nadie sabe qué piensan... Nadie dijo qué va a hacer Macri si lo reeligen, qué va a hacer Cristina, o los que están apareciendo. Entonces hacemos más hincapié en cuánto mide una opción frente a otra. Y eso les dio un valor a las consultoras que antes no tenían, y que no deberían tener tampoco. La realidad es que las encuestas son el insumo de lo que la gente dice qué va a hacer, aunque después no siempre es lo que hacen. Pero bueno, en nuestro país siempre se habla de que uno dice tal cosa porque quiere influir sobre los votantes, porque les paga uno o les paga el otro.

Comentarios3
Gaston Mattivi
Gaston Mattivi 21/02/2019 08:35:57

Buena nota, nos pone en contexto.... pero futuro incierto... esperemos encontrar esa vía de escape a la disyuntiva, Argentina lo necesita.

Emilio José Maria Cerato
Emilio José Maria Cerato 20/02/2019 08:50:56

Que nota pedorra.

Capullos, según uds Macri contra Otro perdería, pero resulta que nadie se llama Otro. En cuanto remplacen a Otro por alguien con nombre y apellido, gana Macri, sobre todo si el otro se llama Cristina. Muy pobre lo de uds. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

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