MIÉRCOLES 13/11/2019
El argentino que creó un negocio millonario por afuera de los perfumistas de lujo

El argentino que creó un negocio millonario por afuera de los perfumistas de lujo

Con tiendas en Nueva York, Tokio, Milán, Zúrich y Buenos Aires, Julián Bedel es un autodidacta que desmitifica el cliché de la memoria olfativa.

Una charla con Julián Bedel puede resultar una clase magistral sobre química. “Es muy fácil hacer perfumes”, plantea el creador de Fueguia 1833, un laboratorio de fragancias fundado en 2010 que cuenta con 5 tiendas exclusivas en el mundo: Nueva York, Tokio, Milán, Zúrich y Buenos Aires. Hijo del artista Jacques Bedel, es un autodidacta que escapa a la imagen convencional de ‘los narices’, profesionales de la alquimia que la industria resguarda celosamente, quienes suelen posar con los ojos entrecerrados mientras acarician flores para acentuar la faceta emotiva de su metier. 

De pie en la puerta del Palacio Duhau, justo enfrente de su boutique de la Avenida Alvear, le quita deliberadamente todo romanticismo al asunto aromático. Habla por celular. Se lo escucha preocupado porque hay una planta que trata de destilar en Uruguay y no sale. “Tendrá que esperar un año más”, se resigna. Sonríe. Y sigue con la conversación. “Mi viejo tiene su taller en la casa donde vivíamos cuando éramos chicos. Eso exacerbó mi curiosidad. Mejor dicho, me dio la posibilidad de convertirla en algo tangible. Al principio gestioné esa libertad en la pintura y en la música, que luego continué al trabajar con el perfume”.

Bedel se preocupa por la sostenibilidad y la calidad de sus productos. En Fueguia 1833 se utilizan ingredientes biodegradables y ninguno es de origen animal sino verde, un recurso que sustituye esas notas para llegar al mismo resultado sin resignar excelencia. “Cuesta 100 veces más caro, pero se puede hacer”, comenta. Y revela que defiende el precio hasta la última molécula porque sabe que las plantas que selecciona y terminan en cada frasco suyo no se han olido antes en ningún otro perfume.

¿Cómo llegó a crear un laboratorio de perfumes de lujo en la Argentina?
Leí una teoría científica que explica cómo olemos y me fasciné. El perfume terminó siendo como la pintura o la música: algo que uno puede combinar y sabe hasta dónde da una fórmula o qué se le puede agregar, más allá de toda la parte química y científica que tiene que ver con la extracción de las plantas. Si bien no tenía una inclinación previa por los perfumes o su estética, cuando me mudé con mi novia vi que ella sí disfrutaba de ese universo. Es apasionante descubrir que todos olemos todo diferente.

¿Se puede afirmar que la memoria emotiva vinculada a los aromas es un mito romántico que tiene una explicación científica?
Ese olor que asociamos con los recuerdos se modifica y tiene un efecto diferente en cada persona porque depende de los cambios fisiológicos individuales. Al estar relajados o excitados, esa imagen nos condiciona: entonces, no es sólo un tema de memoria o de recuerdos. El poder que tiene el olfato sobre nosotros es más profundo de lo que se cree: es un sentido que no descansa nunca y estar atentos a él es parte de nuestra naturaleza. Nuestro cerebro es el responsable de que podamos apropiarnos de ese disparador olfativo y construir asociaciones con un momento o persona.

Laboratorio de Fuegia 1833 en Milán, Italia.

¿Por qué los perfumes huelen distinto en cada piel?
Cualquier olor que llegue a tu nariz lo hace porque algunas de sus moléculas son volátiles. La percepción cambia según la cercanía o la intimidad: no es lo mismo en una persona querida que en alguien que pasa cerca tuyo por la calle. En pos de preservar nuestra capacidad de supervivencia, como especie neutralizamos moléculas a las que estamos expuestos. Así, todos tus olores, sintéticos o naturales –lo que te tires encima-, a la media hora ya son considerados propios por tu olfato. Lo interesante es lo que provocás en el otro…

¿Cuál es el desafío de trabajar sólo con ingredientes de origen verde?
El primer desafío fue como extraía esas plantas con las que empecé a trabajar en Entre Ríos: me involucré con ese ambiente de naturaleza desde muy chico y me comprometí a crear un vehículo para preservarlo. Ahí empecé con el concepto de laboratorio y a buscar destiladores pero, ante varias imposibilidades, lo gestioné por mí mismo. Todos nuestros productos son de edición limitada porque somos la única marca argentina premium con fábrica, research botánico, laboratorio certificado y venta integrada. No tenemos tanto volumen de ingredientes para aprovechar esa oportunidad y ser más rentables, es verdad; pero también queremos que nuestra historia de origen siga siendo auténtica.

¿Qué te diferencia de ‘los narices’?
A diferencia de los perfumistas de las casas de lujo, que en general crean una ilusión y trabajan con muy pocos elementos, yo trabajo directamente con la planta natural. Para mí la historia tiene que tener una validación real, algo que para otros perfumistas es innecesario. Sólo vendemos en nuestros locales y, aun así, a veces tenemos el problema que no conseguimos mucho de lo que da origen a nuestro portfolio. Producimos 400 frascos de cada perfume, que se desprenden de los 20 kilos de esencias que producimos en el laboratorio, en fórmulas que tienen entre 80 y 100 ingredientes.

El display de tus boutiques exclusivas en 5 ciudades trendy es muy innovador. ¿Qué diferencial supone en la experiencia de compra?
La historia siempre es muy simple. El diseño de las tiendas, excepto las de Nueva York y Tokio, es mío. La idea de replicar la forma en que olemos un perfume es una patente de invención mía y es resuelta con un recurso económico: se trata de un vaso invertido con perfume adentro, más un vidrio especial para que no se oxide. Pensé en cómo se podían samplear para ser olidos de modo lúdico, sin que hubiera alguien al lado abrumando al consumidor con la enumeración de las 60 notas de la pirámide olfativa. Quise que se pudiera recorrer como dándole la vuelta a un altar… La idea es que concentres todos tus sentidos en el olfato. También acompaña la acústica. Por eso las tiendas son oscuras y con cortinas de terciopelo índigo, para que nada distraiga.

¿Por qué el boom de las fragancias de celebridades y marcas de indumentaria?
Es muy fácil hacer perfumes, porque son las mismas 5 grandes distribuidoras las que los venden: nadie más fabrica las esencias. Entonces, si sos una marca nueva o una figura cool que tiene potencial de crear una historia con el perfume, alguna de esas empresas te va a comprar la licencia y te va a pagar un 5%. Se pueden hacer cosas copadas con poca inversión: se anuncia, se distribuye, se vende y listo. A la marca o la celebridad le quedan alrededor de $ 40 mil al año sólo por poner la cara o el nombre.

¿Coincidís con la máxima de que los perfumes son el ítem del affordable luxury por excelencia?
Cualquiera que consuma redes sociales es influenciable. Y si un referente usa tal perfume, aunque la persona todavía no lo haya olido, ya lo valida como deseable. Hay una gran necesidad de proyectar la personalidad con algo único y esa búsqueda de individualidad no la encontrás en Instagram.