Ecuador: un rompecabezas en Sudamérica

Basta con entregarse al ritmo reposado de sus días y noches para comenzar a descubrir un velo tras el cual se oculta el singular encanto latinoamericano que se materializa en las exquisitas construcciones coloniales de Quito, las pinturas y tejidos de los pueblos indígenas y los increíbles paisajes de las islas Galápagos.

Ecuador: un rompecabezas en Sudamérica

Cubierto por el oro de los Andes, el altar de la iglesia de San Francisco, en Quito, hace gala del barroco impuesto por la estética colonizadora. Inevitablemente, los ojos se pierden en centenares de detalles, frisos, adornos y columnas que brillan con fastuosa imponencia. Al admirarlos, súbitamente resulta muy sencillo comprender cómo a lo largo de la historia la capital ecuatoriana ha oscilado entre el esplendor y la dominación. Allá por el siglo XIII, la ciudad era el próspero centro del Reino de los Quitus, que más tarde fueron dominados por los Incas, estableciendo allí la floreciente capital norte de su imperio.

En esa época nacieron monumentales construcciones, que durante los siglos XVI y XVII los españoles se encargaron de destruir, para levantar en su lugar fabulosos templos que multiplicaban la magnificencia de los anteriores. Como demostración de poder, utilizaron los mismos cimientos de piedra incaica, y cubrieron los interiores de los santuarios con la resplandeciente riqueza americana.

Al bajar las escalinatas de San Francisco, Quito devuelve la imagen paradojal de una urbe que fue llamada "la Florencia de Sudamérica" por su importancia artística y arquitectónica, y que hoy deja ver claras muestras de empobrecimiento. En contraste con aquel pretérito apogeo, algunas calles del centro histórico, que se encuentra a más de 2800 metros sobre el nivel del mar, exhiben edificios derruidos o en mal estado y puestos callejeros que venden cualquier cosa imaginable ocupando los sitios menos esperados.

Pero esto no debería extrañar a nadie, puesto que Ecuador es un lugar de contrastes, un rompecabezas en mil colores en el que se mezclan desde playas bordadas de palmeras, nieves eternas situadas en la mitad del mundo, fértiles colinas repletas de rosas, selvas indómitas e islas que parecen salidas de la prehistoria. La mitad del mundo Hay, a unos 25 kilómetros al norte de Quito, una línea amarilla que simula dividir el mundo entre el hemisferio sur y norte. Cerca de allí se encuentran las ruinas de Rumicucho, de particular importancia ya que se supone que allí había un observatorio solar y una fortaleza de los pueblos preincaicos.

La notable riqueza arqueológica del país se ha visto incrementada recientemente a causa de un descubrimiento en el poblado de El Guayabo, al sur del país, donde se hallaron numerosas vasijas y una hilera de grandes piedras talladas, que aun no han sido analizadas.

Arte latinoamericano

En Ecuador hay un mercado indígena para cada día de la semana, y hay un pueblo para cada tipo de artesanía. Una buena idea es salir de la capital con rumbo norte hacia el cercano pueblo de Calderón, donde se elaboran preciosas figuras de mazapán. Más adelante se llega a San Antonio de Ibarra, famoso por las tallas de madera que realizan sus habitantes. También merece la pena hacer una parada en Cotacachi, un pueblo dedicado a la confección de artículos de cuero, y que posee una iglesia cuyo interior está íntegramente pintado con motivos locales.

Pero, sin dudas, el fin de fiesta es Otavalo, donde tiene lugar la más famosa feria indígena de Sudamérica. En este pueblo, a unos 100 kilómetros al norte de Quito, se pueden encontrar todo tipo de tejidos y tapices, adornos, blusas y vestidos bordados, bijouterie hecha con materiales autóctonos, pinturas naif y esculturas. Además, suelen ofrecerse los famosos sombreros panamá, que los ecuatorianos aseguran son de origen nacional, y que se vendían a ese país centroamericano del que tomaron el nombre.

Cierto o no, es un hecho que los que venden en Otavalo son de excelente calidad, y algunos hasta pueden doblarse como una tela y al abrirlos retoman su forma original.

Los hombres otavaleños, sencillos y amables, visten sobrios pantalones negros, camisa blanca y el pelo muy largo recogido en una trenza en la espalda. Las mujeres, en cambio, complementan sus faldas oscuras con bordados y encajes, y unos collares de colores cubriéndoles el cuello; de acuerdo con su color y su cantidad se establece su importancia social. Serenos, seguros, van y vienen por entre el callado fervor de la Plaza de los Ponchos, donde el olor de las comidas típicas se mezcla con el rumor de los visitantes.

Allí aparece el retrato más auténtico de Ecuador: el de su gente, el de sus costumbres, el de su arte; una imagen que en el fondo desmiente aquella primera idea de que todo esplendor ecuatoriano ha sido absorbido por las sucesivas dominaciones, ya sean políticas o económicas. En las manos de estos hombres de expresión apacible perdura una riqueza inigualable, inconquistada.

Datos útiles

- Aéreos: Desde Buenos Aires hay vuelos diarios a Quito con precios que rondan los u$s 600.

- El costo de alojamiento y comidas en todo Ecuador es más económico que en la Argentina. Los precios de los hoteles de tres estrellas comienzan en los u$s 60 diarios. Hay también alojamientos de lujo con precios que oscilan alrededor de u$s 430 por noche.

- Más información: www.turismo.gob.ec; www.quito.com.ec.