Conocé al científico argentino que a los 39 años llegó a la élite de la NASA

Conocé al científico argentino que a los 39 años llegó a la élite de la NASA

La investigación de Gerónimo Villanueva en espectroscopia molecular de alta resolución certificaron que hubo un océano en Marte. Como reconocimiento de sus aportes, un pequeño planeta lleva su nombre.

Gerónimo Villanueva cumplió, en términos de la modernidad, el sueño de muchos niños: vivir de la investigación de los planetas. Pero también fue emprendedor en su provincia natal, Mendoza, donde desarrolló una empresa de software de la cual luego se alejó. “De chico me gustaba fabricar mis propios aparatos eléctricos y siempre estaba rodeado de cosas relacionadas con la tecnología. Después de los 15 me rodeé de computadoras y empecé a programar software”, explica.
Desde hace 12 años, este ingeniero electrónico y en electricidad egresado de la Universidad de Mendoza pertenece a la élite de la investigación científica mundial. Es miembro del Goddard Space Flight Center y dedica sus días –junto a su equipo, integrado por otros cinco expertos– a buscar moléculas orgánicas en Marte, liderando los estudios para el telescopio espacial James Webb y la expedición ExoMars. En honor a sus aportes en espectroscopia molecular de alta resolución –o, dicho en criollo, por certificar que en Marte hay agua-, el planeta menor 9724 fue bautizado con su nombre.
A sus 39, Villegas se pregunta cómo será la vida en otros planetas, no sólo en Marte, sino también en cuerpos helados… En realidad, esas dudas surgieron a principios de siglo, cuando se doctoró en el Instituto Max Planck, de Alemania, enfocado en la investigación del sistema solar. Y su tenaz búsqueda de certezas explica que haya ganado el premio Harold Urey al Joven Científico Planetario de 2015. 

¿Qué implica que la NASA tenga un programa de misiones a Marte?
Para la NASA, la llegada del hombre a Marte es un tema prioritario. Para este año estamos planificando una expedición robótica que examinará debajo de la superficie marciana para analizar el estado líquido de algunas moléculas a bajas temperaturas. Además, hay un plan definido, un satélite dedicado exclusivamente a la investigación científica del planeta que lleva a cabo mediciones y tomas permanentes de la atmósfera, como así también si hay nubes de gases y hasta mediciones de sismógrafos para conocer en profundidad la actividad geológica. Para 2020 está planificada otra expedición robótica, pero para analizar la superficie. En ese caso hará una búsqueda bastante básica sobre las condiciones climáticas y la composición química del entorno.
 

¿Cuánto falta para llevar humanos a Marte?
No estamos muy lejos. Hay un plan a largo plazo que involucra desarrollos tecnológicos para poder viajar con tripulación y establecerse. Quizás estemos a 15 ó 20 años para que esa tecnología esté lista y disponible. Hay un desarrollo, a cargo de una empresa privada, en pos de definir los sistemas de lanzamiento de las naves y enviar al hombre en 2023. Porque el problema, por ahora, es que aunque la tecnología está desarrollada, no es eficiente. Tenemos que seguir ensayando para lograrlo.

Laboratorio de emprendedores

El científico mendocino fue uno de los oradores estrella de la última edición TEDxRíodelaPlata, donde reveló que se busca comprobar que hubo vida en Marte por “una cuestión de vecindario”: se considera que Venus es inhabitable, por ser muy caliente; mientras que otros cuerpos celestes del sistema solar, como Júpiter o Saturno, son gaseosos. Hace dos años, Villanueva comprobó con su equipo que hubo un gran océano en Marte y que cubrió aproximadamente la mitad de su hemisferio norte. Esa confirmación generó revuelo internacional y aceleró muchas de las investigaciones y expediciones en ciernes.
Su vocación empezó cuando, luego de recibirse como ingeniero en Mendoza, hizo un máster en telecomunicaciones que tenía vinculación académica con un centro de investigación que estudiaba la atmósfera terrestre. Allí hizo un doctorado de 4 años en astrofísica. Al poco tiempo, le ofrecieron una beca de la Academia Nacional de Ciencias: aplicó y ganó. Y no sólo llegó a la NASA, sino que lo hizo por la puerta grande, es decir, con una beca de prestigio que honra con sus contribuciones.
 

¿Qué metodología de trabajo en la NASA puede inspirar a los emprendedores en general?
Esencialmente, no bajar los brazos. Si me pongo a pensar en lo que hemos logrado en estos 12 años que estoy en la NASA, uno de los mayores méritos tiene que ver con la metodología de trabajo: el éxito se produce por la especialización. Porque se trata de personas con altos conocimientos de un área particular de la ciencia que se combinan con otros colegas. Aunque resulte inocente señalarlo, la diversidad es otra de las claves.
 

Hoy, la NASA representa un 0,6 % del gasto total del presupuesto de los Estados Unidos, pero llegó a tener casi 7 % en su mejor momento, en el inicio de la Guerra Fría. ¿Cómo impacta puertas adentro?
La NASA vive de los impuestos de los estadounidenses y es uno de los más grandes empleadores estatales del país. Sólo en Maryland hay más de 10 mil personas que trabajan para la institución… Lo que ha cambiado mucho en los últimos 20 años es que se ha tercerizado la manufactura, es decir, se contratan empresas para desarrollar tecnología, pero el organismo se ha quedado con la potestad de dirigir la investigación en las empresas que contrata. El vínculo con el sector privado es muy cercano y está totalmente naturalizado. Asimismo, la NASA tiene muchas patentes de productos que comercializa en el mercado y ofrece en formato de alquiler.
 

 

¿Existe rutina de trabajo en un centro de innovación semejante?
Como centro de investigación, la NASA debe reinventarse constantemente. En mi caso, trabajo todos los días de 9 a 18 frente a una computadora haciendo mediciones y estudiando concretamente a Marte. Además integro diferentes misiones o proyectos a ese planeta, como por ejemplo cuando se manda un satélite o un robot. Estudio los fenómenos de la luz, su composición química, y eso permite abordar muchas preguntas y tratar de responderlas con datos. También estoy con un grupo de científicos enfocados a la puesta en marcha del telescopio más grande de del mundo, que mandaremos al espacio en 2019. Y, por supuesto, viajo mucho a visitar telescopios en diferentes lugares.
 

Tu equipo comprobó que un enorme océano cubrió cerca de la mitad del hemisferio norte de Marte. Calcularon que habría alcanzado una profundidad máxima de 1,6 kilómetros, creando un ambiente ideal para la vida. ¿Por qué no lo celebraste triunfalmente?
Soy escéptico. Falta encontrar pruebas contundentes de vida en Marte. Aunque haya indicios de metano, no sabemos todavía si proviene de bacterias. Para probarlo, habría que enviar sondas a la superficie y analizar si hay actividad microbiológica. Y faltan décadas para eso... De todos modos, si encontramos algo, creo que será vida unicelular, tal como pasó en la Tierra durante casi 3.500 millones de años,