Con brillo propio: la hermana de Natalia Oreiro lanza marca para novias

Con brillo propio: la hermana de Natalia Oreiro lanza marca para novias

Tras 10 años como CEO de Las Oreiro, marca de indumentaria que creó junto a su hermana Natalia, decidió reencontrarse con su pasión por el diseño y lanzó una línea de vestidos de novia que apuesta a quebrar el estereotipo del ‘blanca y radiante’. 

Un coqueto y luminoso departamento en el barrio de Palermo Hollywood es el espacio en el que Adriana Oreiro abrió su estudio dedicado exclusivamente a los diseños para bodas, bautizado Lovely White. Decorado en un estilo minimalista, se destacan las decenas de vestidos que cuelgan en un perchero contra una pared. Largos, cortos, con faldas sirena, transparencias, encajes, sedas, pero también en versiones que combinan camperas de cuero, pantalones y monos de inspiración rocker. Todos, en formato ready-to-wear, listos para enamorar a primera vista a las casaderas. “No busques ser la novia perfecta, sino vos misma”, es la primera recomendación de la diseñadora que, hace ya 10 años, creó Las Oreiro junto a su hermana menor Natalia, una de las actrices mejor cotizadas del país.

Con Las Oreiro consolidada como una etiqueta prêt-à-porter, ¿cuál fue el disparador que te llevó a emprender este nuevo desafío con foco en el segmento novias?

Las Oreiro fue creciendo y transformándose. Comenzó con vestidos de noche y fue enfocándose en propuestas casual para mujeres ejecutivas: un buen traje, un buen pantalón, una linda blusa. Después de 10 años me surgió el deseo, o la necesidad, de seguir haciendo lo que tanto me gusta, que es diseñar vestidos, mucho más que otras tipologías, como remeras. Y como siento que la novia necesita una atención personalizada, tiempo, atención y escucha, decidí abrir un estudio donde trabajar de manera más privada, como merece la ilusión con la que llega cada clienta.

¿Cómo nace tu pasión por el diseño y la moda?

Cuando Natalia y yo éramos chiquitas, mi mamá nos realizaba toda nuestra ropa. Siempre cuento que nos obligaba a dormir la siesta para, en ese rato, poder tejer y coser tranquila. Ella es sumamente coqueta: mucho de la identidad de Las Oreiro tiene que ver con mamá… ¡Muchísimo! Allá por mis 13 años, empezamos a aprender corte, confección y moldería por las tardes. Cuando Nati comenzó con el modelaje y la publicidad, allá en Uruguay, quería destacarse, diferenciarse, así que empecé a diseñarle algunas prendas para que, en los eventos especiales, llamara la atención, le sacaran fotos y saliera en las primeras páginas. Para unos Reyes me habían regalado una máquina de coser Singer, que cuando estaba cerrada funcionaba como la mesita del televisor de mi dormitorio. Así comenzamos. Sobre mis 20, me fui a vivir a México por amor, y decidí estudiar la carrera de Diseño de Moda, donde me especialicé en vestidos de noche. Cuando Nati los vio, le encantaron. Sumado a que nos extrañábamos mucho, a ella se le ocurrió la idea de crear una marca juntas, algo que siempre habíamos soñado. Y así fue que vine a la Argentina, hace 11 años, para lanzar Las Oreiro.

Novias rockeras. Los diseños de Lovely White, el portfolio para novias de Adriana Oreiro, mezclan “aires de rock con un estilo bohemio. El sello de identidad lo ponen la fluidez y caída de las telas, acompañados de detalles delicados y cortes actualizados donde se destacan escotes y movimiento”.

“Novias femeninas, pero con aires rebeldes” es tu lema. ¿Cómo lo lográs?

Quiero mezclar lo nupcial con la moda, para que las novias se sientan cancheras, modernas, descontracturadas. El estilo de las bodas ha cambiado mucho, más relajado, por eso ya no quieren ese vestido de Cenicienta, de cuento de hadas, con el que se sienten extremadamente ridículas. Me divierte cuando no me piden lo típico. Busco siluetas que resalten el cuerpo en vez de esconderlo bajo capas y estructuras. Una de las ventajas de la marca es la colección de vestidos terminados para que se prueben y vayan descubriendo, con mi asesoramiento, qué las favorece, porque cada modelo lo podemos personalizar.

¿Cuánto te costó conciliar tu faceta creativa con la de empresaria?

Lograrlo fue, en lo personal, el desafío más grande de estos años, porque eso de ser empresaria es un mundo completamente diferente al de ser diseñadora. A veces charlo con las chicas que están estudiando la carrera y les remarco que el diseño no termina en la colección sino que implica un trabajo de producción que continúa más allá de la etapa creativa. En mi caso, hice una formación en Dirección para Pymes en el IAE, así como un curso de finanzas para no financieros. Obviamente, tengo un equipo especializado en el área, pero tuve que aprender para poder liderarlo, aunque no es lo que más me entusiasma. Para conciliar ambas facetas, le asigno días a cada tarea, porque si mientras estás volando creativamente te interrumpen para que firmes un cheque, se te va la inspiración (risas). Entonces, algunos días los destino a revisar informes o aprobar pagos, y otros días me concentro con el equipo de diseño.

¿La moda puede ser una herramienta para el empoderamiento femenino?

La moda siempre acompañó a la mujer en sus luchas, algo que se notó en cambios importantes a través de los años, como los largos de las faldas o la incorporación de los pantalones. Soy muy fan de la mujer, de su identidad, de su ADN. Me encanta resaltar sus virtudes y creo que, más allá de la lucha, tiene que seguir con lo delicado. Eso no significa que sea débil ni nada por el estilo, sino que sepa dar ese toque tan cálido, tan cariñoso. Es pelear por los derechos sin dejar de tener lo que ya poseemos por naturaleza.