Barbarossa: “Cambiar la edad de imputabilidad no soluciona nada”

Comprometida con el debate sobre la inseguridad tras el asesinato de su marido en 2001, la actriz le exige a los políticos dar la discusión que falta sobre narcotráfico.

Barbarossa: “Cambiar la edad de imputabilidad no soluciona nada”

Son las cin­co y me­dia de una tar­de ca­lu­ro­sa del ve­ra­no por­te­ño. La ave­ni­da Co­rrien­tes se ve de­so­la­da. Ge­or­gi­na Barbarossa lle­ga tem­pra­no al te­a­tro. Le gus­ta eso. En­tra, con su ener­gía arro­lla­do­ra, y ba­ja di­rec­to al ca­ma­rín, en las en­tra­ñas del As­tral. Es allí don­de se va dan­do la trans­for­ma­ción, al mis­mo tiem­po que la char­la. Hay fo­tos fa­mi­lia­res y un ele­fan­ti­to sos­tie­ne un sa­hu­me­rio. Hay bi­jou que usa en la obra, el tí­pi­co es­pe­jo XL, to­do un mues­tra­rio de pin­ce­les y un set de ma­qui­lla­je. Com­ple­ta la es­ce­na un pla­to con tro­ci­tos de po­me­los: “Es­te es mi al­muer­zo”, con­fie­sa la ac­triz que pro­ta­go­ni­za Lord, el mu­si­cal jun­to con Pe­pe Ci­brián Cam­poy.

“Pe­pe es mi her­ma­no, mi pa­dre, mi hi­jo, mi ne­ne. Siem­pre di­go que, me­nos se­xo —has­ta aho­ra (se rí­e)—, tu­vi­mos de to­do. Vi­no a mi ca­sa­mien­to con Vas­co —bue­no, fue un ‘jun­ta­mien­to’, por­que en esa épo­ca él ya es­ta­ba se­pa­ra­do pe­ro no exis­tía el di­vor­cio— y al na­ci­mien­to de mis hi­jos. Nos acom­pa­ña­mos en las bue­nas y en las ma­las, en las pér­di­das, en los fra­ca­sos, en los mo­men­tos du­ros... Siem­pre es­tu­vo a mi la­do y yo a su la­do. Nos ama­mos. Hay un pro­fun­dí­si­mo res­pe­to. Y es una de las per­so­nas a las que, cuan­do al­go no me gus­ta, se lo di­go. Él pre­fe­ri­ría que no lo hi­cie­ra, pe­ro me es­cu­cha”, resume, entre carcajadas, el vínculo que los une desde el ’82.

Es un ini­cio de año atí­pi­co en su ca­rre­ra...

Sí, es muy atí­pi­co en to­do sen­ti­do. Pri­me­ro, por­que ha­cía mu­chos años que ve­nía ha­cien­do tem­po­ra­da en Car­los Paz o Mar del Pla­ta y no en Bue­nos Ai­res, ya que me gus­ta y ne­ce­si­to es­tar en con­tac­to con la na­tu­ra­le­za. Pe­ro, ade­más, es muy atí­pi­co por­que es­toy tra­ba­jan­do con mi Pe­pi, con quien so­mos ami­gos ha­ce ca­si 40 años: él me des­cu­brió y me tra­jo a la ca­lle Co­rrien­tes.

En Lord se plan­tea que es tan im­por­tan­te te­ner un buen es­tar co­mo un buen par­tir. ¿Com­par­te esa ide­a?

“Ten­go ma­la pren­sa”, di­ce Lady Par­ca, uno de mis per­so­na­jes. Creo que es ho­rri­ble cuan­do se da co­mo una tra­ge­dia, co­mo fue el ca­so nues­tro cuan­do ase­si­na­ron a Vas­co (NdR: Mi­guel Ángel Le­cu­na, em­pre­sa­rio, fue apu­ña­la­do por la­dro­nes que abor­da­ron el ta­xi en que via­ja­ba en 2001). ¡Pe­ro lo nor­mal es mo­rir­se! En re­a­li­dad, es­ta obra es un can­to a la vi­da, por­que ha­bla del buen vi­vir y de to­do lo que uno pue­de ha­cer pa­ra trans­for­mar­se y te­ner un buen mo­rir tam­bién. Po­drás cre­er en dis­tin­tas re­li­gio­nes, po­drás cre­er en la re­en­car­na­ción o en un cie­lo... Pe­ro si es­cu­chás a Je­an Pie­rre Gar­nier (NdR: Fí­si­co fran­cés au­tor de la te­o­ría del des­do­bla­mien­to del tiem­po y el es­pa­cio) o a otros cien­tí­fi­cos que ha­blan de bio­de­co­di­fi­ca­ción o de fí­si­ca cuán­ti­ca, en­ten­dés que es­ta ener­gía a al­gún la­do tie­ne que ir. Creo que es muy in­te­re­san­te, es­pe­cial­men­te pa­ra los que fui­mos cria­dos con una edu­ca­ción ca­tó­li­ca apos­tó­li­ca ro­ma­na se­gún la cual te en­se­ña­ban que es­ta­bas en pe­ca­do mor­tal e ibas a que­mar­te en el in­fier­no... Co­sas tan ab­sur­das, tan an­ti­guas, pe­ro que ex­pli­can el mie­do de la gen­te a la muer­te. Por eso, cuan­do Pe­pe ha­bla de La Par­ca des­de una mi­ra­da tan ale­gre, me en­can­ta. Ya an­tes de que se mu­rie­se Vas­co le di­je a mis me­lli­zos que, cuan­do me lle­gue, tie­nen que ha­cer una fies­ta. ¡Has­ta ten­go gra­ba­da en mi iPad la mú­si­ca que quie­ro que pon­gan! Quie­ro des­con­trol, be­bi­das y que se di­vier­tan, co­mo en otros pa­í­ses.

¿Nun­ca le te­mió a la muer­te?

No, nun­ca. Es que es­toy se­gu­ra de que hay al­go me­jor. Y de que me voy a en­con­trar con Vas­co, con mi pa­dre y otra gen­te que amo. ¡Es­toy se­gu­rí­si­ma! De he­cho, ca­da vez que sal­go a es­ce­na in­vo­co a mi pa­pá, a Vas­co, a La Cam­poy, a Ni­ní (Mars­hall), a Aí­da y Jor­ge Luz. Sí ten­go mu­cho mie­do a en­fer­mar­me, por eso ha­go me­di­ci­na pre­ven­ti­va, co­mo sa­ní­si­mo y me cui­do mu­cho. No quie­ro su­frir. Me en­can­ta­ría ir­me co­mo Mar­lon Bran­do en El pa­dri­no, sa­can­do to­ma­tes en la huer­ta. Va te­ner que ser en Vi­lla Giar­di­no (rí­e). O en el te­a­tro. ¡En el es­ce­na­rio se­ría ge­nial! Sí, sí: se­ría un em­bo­le pa­ra el pú­bli­co, ¡pe­ro qué re­cuer­do, eh!

Ha­ce 16 años, su ma­ri­do fue ase­si­na­do en un ro­bo en la vía pú­bli­ca. Des­de en­ton­ces, apo­ya a ONGs vin­cu­la­das con las víc­ti­mas de la in­se­gu­ri­dad. ¿Qué opi­na del pro­yec­to ofi­cial de ba­jar la edad de la im­pu­ta­bi­li­dad?

Me pa­re­ce una es­tu­pi­dez si pien­san que con eso van a so­lu­cio­nar la in­se­gu­ri­dad. Por­que creo que hay que ir mu­chí­si­mo más pro­fun­do. Pri­me­ro te­ne­mos que ha­blar de esos chi­cos que es­tán su­ba­li­men­ta­dos y son anal­fa­be­tos, te­ne­mos que ha­blar de lo im­por­tan­te que es la cul­tu­ra del tra­ba­jo... Y del nar­co­trá­fi­co. Pa­ra esos chi­cos que sa­len a ro­bar, la vi­da no va­le na­da por­que sa­ben que se van a mo­rir jó­ve­nes. En­ton­ces, que la edad de im­pu­ta­bi­li­dad sea 18, 16 ó 14, les da igual. Ade­más, te­ne­mos que ha­blar de las cár­ce­les. A pe­sar de que li­be­ra­ron a los ase­si­nos de mi ma­ri­do por bue­na con­duc­ta —que se­ría otro te­ma de de­ba­te—, creo que hay que cons­truir cár­ce­les dig­nas pa­ra no tra­tar a la gen­te co­mo bes­tias. ¡Por­que sa­len de ahí con más ga­nas de dro­gar­se, ma­tar y ro­bar! Si les dié­se­mos pri­sio­nes dig­nas, ten­drí­a­mos opor­tu­ni­dad de lo­grar que, de al­gu­na ma­ne­ra, re­pa­ren el da­ño que han he­cho a la so­cie­dad. No me van a de­vol­ver a mi ma­ri­do y pa­dre de mis hi­jos, pe­ro sí pue­den ha­cer ru­tas, pin­tar co­le­gios o arre­glar los hos­pi­ta­les, que son un de­sas­tre. Por eso, creo que cam­biar la edad de im­pu­ta­bi­li­dad no va a so­lu­cio­nar na­da.

La versión original de esta entrevista fue publicada en la edición 187 de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista.

Comentarios3
Norberto Battilana
Norberto Battilana 08/03/2017 09:35:09

Preguntele al padre de Brian ?

Juan Carlos DEl­a
Juan Carlos DEl­a 07/03/2017 11:24:10

¿Una actriz mediocre opinando de derecho penal?

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