Amor no es literatura

La autora nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de esta palabra y dejar de lado su costado más abstracto para "llenarla de contenido" a través de nuestras acciones.

Amor no es literatura

Amor no es literatura si no se puede escribir en la piel", dice un tema de Joan Manuel Serrat, personaje tan querido por la mayoría de los argentinos y que nos visita por estos días. Me quedo con esta frase que, a pesar de ser poética, nos invita a encarnar las palabras y llenarlas de contenido a través de las acciones.

Porque si quisiéramos definir el amor en términos de significado abstracto, estaríamos haciendo filosofía y entrando en el campo de la metafísica. Pero hablando de lo cotidiano, de lo que nos ayuda a sentirnos plenos, si nos preguntamos: ¿qué es el amor? ¿Amo a esta persona? ¿Esta persona me ama? ¿Amo mi profesión?, la pregunta habría que contestarla en concreto, escribiendo en la piel. 

Una madre puede decir que ama muchísimo a sus hijos, pero evidencia su amor cuidándolos, proporcionándoles alimentos, bienestar físico y estímulo psicoemocional para que crezcan y evolucionen como personas.

Alguien puede decir que ama profundamente a su pareja, pero el amor se ve concretado cuando ama compartir las cenas, ama acariciarse, ama acompañarse, quiere viajar o proyectar cosas juntos. 

Ante la pregunta sobre si queremos nuestro trabajo, llenar de contenido la respuesta se da a través de lo concreto que logramos, que hacemos, que aportamos, que compartimos cada día con nuestros colegas, empresa, proyecto.

Entender el amor en términos psicológicos, de dependencia, de buscar lo que nos completa o lo ideal puede llevar la vida entera. En cambio, llenar de contenido concreto la palabra amor nos ayuda a trabajar sobre nosotros mismos, despejando la idealización de la que solemos estar presos. Es muy habitual que nos engañemos y perdamos años y tiempo valioso de vida imaginando lo que "deberíamos" sentir si amáramos o nos amaran. Esa es la meta a la que aspiramos: que nos amen y amar en esa sintonía inventada que es difícil que exista en el plano humano, al menos no sostenida en el tiempo, cuando la ilusión de la novedad cae (el bebé que crece y luego exige cada vez más responsabilidad de nuestra parte, la pareja que con el tiempo comienza a aburrirnos y nos exige renovarla o el trabajo que fantaseaba y que no puedo sostener). 

Todos tenemos derecho al amor. A ese amor que nos cuestiona qué hacemos para encarnarlo. Es necesario despedir la postura de que el amor está siempre al otro lado de nuestras posibilidades y darnos cuenta de que las historias de amor las escribimos día a día y las materializamos llenando de contenido esa palabra: si amo mi jardín lo cuido, lo riego, lo abono, lo podo…  eso es amar el jardín. ¿Qué significa para mí y ante cada persona o situación que la "amo"?  ¿Cómo puedo escribir en la piel la palabra amor en cada vínculo que quiero más allá de toda la literatura, poesía, libros de autoayuda o tratados teóricos sobre el tema?

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