Alejandra Stamateas, la pastora bautista que escribe best sellers de coaching para mujeres

Alejandra Stamateas, la pastora bautista que escribe best sellers de coaching para mujeres

Creó el Ministerio Presencia de Dios junto a su marido Bernardo. Y publicó 21 libros de autosuperación espiritual femenina. Por qué apoya la despenalización del aborto.

“Este programa trae suerte”. La frase, repetida una y mil veces por la conductora televisiva Mirtha Legrand, funcionó a la perfección con la pastora bautista Alejandra Stamateas en cuanto publicó su primer libro. Ella, una mujer de fe que cree “en un Dios activo, vivo, que obra bendiciendo, que nos creó con libertad, con potencial, con capacidad y para que seamos felices”, llegó a la pantalla chica de una forma que describe como “sobrenatural”. Y fue a partir de ese momento que no paró de hacer lo que hace: motivar a otras mujeres a que se sientan libres, potentes, capaces y felices.

“Se publicó 'Culpable por ser mujer', un libro sobre cómo se nos echa la culpa de muchas cosas sólo por ser mujeres, y me fui de viaje. A la vuelta, cuando bajé del avión, escuché que me llamaban por los parlantes del aeropuerto. ¡Me asusté! Me acerqué al mostrador y me dijeron: “La vinieron a buscar porque Mirtha Legrand la invitó a su programa de hoy’. No lo podía creer”, cuenta Stamateas. “No tenía tiempo de nada, así que fui con la ropa con la que había volado. El único accesorio que me había quedado en la cartera era un labial rojo fuerte que usaba en ese momento”. Sentada del lado derecho de Mirtha, logró disimular el efecto del jet lag y responder las preguntas de la diva de los almuerzos. Al día siguiente, su casilla se llenó con mails que, en abrumadora mayoría, señalaban: “Si usted puede pintarse los labios de ese color, puede ayudarme con mi problema”. Entre risas, recuerda que pensó: “¡Dios es grande! Hacerme notar a través de eso, que era lo único que tenía en la cartera…”.

Ese fue el comienzo de la popularidad mediática de Alejandra Stamateas, quien acaba de cumplir 53 años y se dedica, desde los 25, a acompañar a mujeres en busca de respuestas espirituales. Lo hace a través de las conferencias que dicta por todo el país y América latina, y también en las charlas que brinda dos veces por semana en el Ministerio Presencia de Dios, la iglesia de confesión bautista que creó junto a su esposo, Bernardo Stamateas, con quien tiene dos hijas.

Nieta de un pastor griego, sus padres se conocieron en un templo y le inculcaron, como a sus tres hermanos, la costumbre de asistir todos los domingos. Cumplió con el ritual hasta su adolescencia. “Si tenés una enfermedad, vas al médico; cuando tenés un problema emocional, vas al psicólogo o te juntás a hablar con tus amigas. Pero a veces no te das cuenta de qué te pasa, creés que es del alma o del cuerpo pero no: es un vacío de Dios. Cuando me di cuenta de que había un vacío espiritual en mi vida, supe que tenía que volver a la iglesia. Y ahí encontré un grupo que estaba haciendo Bernardo. Él también tenía 19 años, pero ya predicaba. Cuando lo escuché hablar, me enamoré”.

Stamateas estudió Teología y obtuvo la licenciatura en Ministerios Teológicos. “Fueron 5 años de formación en los que aprendí un montón, pero a mí me gusta llevar todo a la práctica y que cualquiera pueda entender. Pastora es un título que alguien nos pone dentro de las iglesias, pero a mí me gusta describirme como una mujer de fe. Y me gusta enseñarla a otras personas porque sé el resultado que me da a mí”.

Predicar con el ejemplo

El apellido de Alejandra es Copantsidis. “Como a la mayoría de las mujeres de mi generación, me enseñaron que tenía que usar el apellido de mi marido. Con el tiempo, empecé a trabajar con grupos de mujeres y reflexioné sobre eso. Me di cuenta de que ‘mi’ apellido era, en verdad, el de mi papá. ¡Las mujeres llevamos apellidos patriarcales! Entonces, me dije: ‘Tengo que elegir con cuál quedarme’. Y la verdad es que mi padre había muerto cuando yo tenía 19 años, así que viví más tiempo con Bernardo que con él. Además, en ese momento mi marido ya era muy conocido por los libros, así que decidí: ‘Me voy a colgar de su fama’”, cuenta, risueña.

Ella también escritora, acaba de lanzar 'Sé que puedo más' (V&R Editoras), su libro número 21. “Surgió de hablar con mujeres que se describían a sí mismas como las habían descripto sus familias cuando eran chicas o adolescentes, como las habían descripto sus maridos e incluso sus exmaridos. Mujeres que venían a las charlas con versiones de ellas mismas que no eran las originales, sino las que se habían acostumbrado a escuchar. Y no podían verse a sí mismas porque estaban impregnadas de lo que opinaban los demás. Este libro es un intento de ayudarlas a fortalecer esa confianza en sí mismas que resulta tan esencial para avanzar hacia cualquier objetivo”.

¿Tenés una rutina de escritura?

No. Lo que tengo es la sistematización basada en que todas las semanas doy charlas sobre temas distintos. Eso me obliga a sentarme a escribir. No puedo no hacerlo. No puedo dar una charla si no escribí primero. Estoy tan atenta a lo que escribo que, cuando me sacan de mi contexto y me dicen ‘hablá de algo’, no puedo. Generalmente escribo los lunes para preparar la charla de la semana, y después voy agregando, ampliando, mejorando.

¿Cuánto te lleva escribir un libro?

En realidad, un libro puede ser el resultado de charlas dictadas a lo largo de uno o dos años. Hay un proceso. No me gusta comprometerme a escribir. Es al revés: tengo algo escrito y ahí lo ofrezco. Quiero hablar sobre los hijos, sobre las parejas, sobre la autoestima. Ese es el material que tengo.

Con gran parte de tu obra enfocada en la problemática de las mujeres, ¿sos feminista?

No me defino como feminista porque no tengo un conocimiento profundo sobre lo que es y porque no me gustan los títulos. Soy una mujer que ha peleado batallas en su vida personal y quiere mostrarles a otras que siempre se puede. Simplemente voy aprendiendo de mi propia vida y lo cuento. Lo importante es que cada una pueda tomar lo que le sirve y construirse una vida linda. Una de las cosas por las que más trabajo es para que cada mujer encuentre su libertad interior: si lo lográs, no hay ninguna opresión del afuera que te pueda lastimar.

¿Qué pensás del colectivo #NiUnaMenos?

Vengo hablando con respecto al tema del buen trato hacia los demás hace muchísimos años. Todos mis libros tienen que ver con eso. Mi corazón está ahí. Y, aunque lo hago hace muchos años, nunca salí a la calle a decirlo sino que actué desde el lugar que me tocó. Ahora está más visibilizado. Y me parece muy bien porque en la época en la que empecé a las mujeres les costaba hablar. Tenías que agarrar a una por una, y quizás tardaban un montón hasta poder decirte que el marido las golpeaba o la mamá las maltrataba.

¿Cuál es tu postura sobre el debate por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo?

Creo que Dios nos creó con libre albedrío, que todos podemos decidir qué es lo que queremos hacer y cuándo. Amo la vida, pero entiendo que hay libertad. Y entiendo que las leyes están para todos, que no se puede legislar para un grupo. Mi tarea es que, cuando esa ley esté vigente, las mujeres y los hombres puedan decir: ‘Queremos cuidar de este bebé’. Pero también creo que si alguien desea o necesita hacer uso de la ley, tiene que poder hacerlo. Porque la libertad es el don más valioso.