Felipe Pigna: "En la Argentina no se puede ser más grande que Gardel"

Es el historiador especializado en contar el lado be de los sucesos y los protagonistas del pasado de la Argentina. Publicó más de 20 libros de divulgación. El más reciente es 'Gardel', una biografía que le llevó más de dos años y medio de investigación y ya es best seller del verano

Felipe Pigna quiso ser bombero y también veterinario. Su primer trabajo fue a los 14 años como cadete en un negocio de regalos en Callao y Alvear. Lo que ganaba lo gastaba en salir, pero también en comprar libros. "Me fascinaba ir a comer a Pippo y ver películas en la cinemateca, en la Sala Lugones. Aquella calle Corrientes tan linda de mediados de los '70, antes de la dictadura", recuerda entusiasmado quien tras un breve paso por la carrera de Medicina, recaló en su verdadera vocación: la Historia.

Especializado en los sucesos argentinos de todos los tiemmpos, publicó más de 20 libros de divulgación. El más reciente es 'Gardel', una biografía que le llevó más de dos años y medio de investigación.

 

 

"Desde que llegué a Toulouse me devoraba la ansiedad por ir al lugar de peregrinación de todos los rioplatenses en esa ciudad, la llamada casa natal del 'Mago'. Es un edificio de departamentos, una bella construcción de ladrillos a la vista de tres plantas, con una puerta principal de madera y hierro y ventanas celestes (...) Desde el 22 de marzo de 1997 la casa que ocuparía con su madre luce una placa que dice: 'Aquí nació el 11 de diciembre de 1890 Charles Romuald Gardes, que se volvería célebre en el mundo entero bajo el nombre de Carlos Gardel'. Hoy el inmueble está dividido en varios departamentos que se alquilan por Airbnb bajo el nombre de Appartements Casa Carlos Gardel a un promedio de 200 euros los tres días", señala un fragmento de esa biografía 'definitiva' del Zorzal, uno de los best sellers de Planeta en 2020.

 

Ph: Gentileza Editorial Planeta

 

¿Cómo fue escribir la vida de uno de los ídolos mundiales del país?

Fue un viaje alucinante por el universo gardeliano y del tango, más repasar todo lo que transcurrió en la Argentina y el mundo entre 1890 y 1935. Primero, leí todo lo que había disponible, viendo cuáles eran las grandes líneas de esa vida, tanto en lo profesional como en lo artístico. Luego le agregué mucho contexto desde mi punto de vista, como me gusta escribir mis biografías: qué estaba pasando en nuestro país y en el mundo mientras Gardel era chico, crecía, cantaba, filmaba. Tuve la suerte de viajar a los lugares gardelianos.

 

Ph: Gentileza Editorial Planeta

 

Más allá de Buenos Aires y Montevideo, también estuve en Medellín, Bogotá, Nueva York, París, Toulouse, Barcelona y Madrid. Ver sus películas fue algo fundamental: es muy importante ver en acción a la persona sobre la que estás escribiendo, cómo se mueve, cómo habla y su personalidad, que se trasunta a través de la pantalla. También hice entrevistas, claro que ya no a sobrevivientes porque no hay nadie con vida que lo haya conocido, sino a especialistas que trabajaron mucho el mundo del tango, una música popular extraordinariamente profunda y culta, con poetas enormes como Celedonio Flores, Homero Manzi o Enrique Cadícamo.

¿Qué hallazgo de la investigación te sorprendió más?

Varias cosas de su personalidad. La primera, su enorme profesionalismo. Tenía muy claro cómo ir armando su carrera paso a paso, cómo ir construyendo el personaje Gardel. Porque sabía que era por un lado su vida y por otro lado el cantante, el actor, el que le gustaba a la gente. Era muy metódico, de hacer gimnasia todos los días, de hacer footing, de cuidar su voz, de perfeccionarse con maestros de canto lírico. Me impresionó mucho su cultura, su gusto por conocer escritores, poetas, cantantes.

Esa confluencia de mundos que tiene Gardel en su persona tiene que ver con sus dos orígenes. Por un lado, con su crianza, con el haber transitado la calle Corrientes angosta porque repartía las camisas que planchaba su mamá a los actores, a los escritores, a los periodistas de los diarios que estaban sobre Corrientes: entró al mundo de la cultura de una manera muy particular, en contacto con esa gente interesante. Y por otro lado el Abasto, ese barrio tan popular; de puesteros italianos, españoles, franceses, judíos, más los que traían el azúcar de Tucumán, la yerba de Misiones, el vino de Mendoza. Se producía ahí una Babel mágica donde nació el tango.

 

Ph: Gentileza Editorial Planeta

 

¿Cómo explicás el todavía vigente fenómeno Gardel?

Tiene que ver con su profesionalismo. Su capacidad para armar un repertorio amplio y de alta calidad. Su enorme calidad musical, tanto como compositor como cantante. Su voz fue elogiada por Enrico Caruso, quien le dijo que no se esforzara como tenor porque era un barítono perfecto que podía cantar en cualquier teatro lírico del mundo.

Ahí está un poco la clave: cómo cuida su voz, cómo la perfecciona, cómo estudia canto lírico, cómo está atento a la última novedad. A un año apenas de haber aparecido 'El cantor de jazz', la primera película sonora, ya está grabando cortos sonoros en Buenos Aires. Hizo el primer dúplex de radio entre Nueva York y Buenos Aires: él allá cantando a capella y los guitarristas aquí. Siempre estuvo a la vanguardia: el último micrófono, el mejor parlante, el mejor sistema de grabación. Además, era una muy buena persona: cuando la gente dice "es Gardel", quiere decir eso. Es algo superlativo, muy fuerte. No se puede ser más grande que Gardel en la Argentina.

 

Ph: Gentileza Editorial Planeta

 

¿La muerte lo hizo mito?

Hay elementos para pensar que Gardel habría tenido una carrera rutilante. Murió a los 44 años y tenía por delante el estrellato absoluto: su consagración definitiva en América latina con aquella gira y sus películas; y su vuelta a Nueva York, donde vivía, para firmar contrato con la Paramount y filmar en inglés y también para tener un programa en la NBC en inglés. Se le abría un mercado mundial, infinito. Así que no es cierto que Gardel se hizo famoso por el accidente.

 

 

¿Cuál es tu personaje favorito de la historia argentina?

Belgrano me parece una de las personas más importantes de la historia argentina en cuanto a su claridad de conceptos, a adelantarse mucho a lo que venía y a tener razón en lo que planteaba. La igualdad entre el hombre y la mujer, la necesidad de fomentar la industria y la agricultura y no solamente la ganadería. El plantear que el campo y la industria son necesariamente complementarios y que no pueden ser antagónicos. Hablar de la necesidad de la educación pública como motor de desarrollo nacional. El cuidado del medioambiente y de los ríos, no talar árboles, plantar otros. Todo está escrito por Belgrano de una manera extraordinaria hace más de 200. Tiene una cuestión muy fuerte que es el haber sido el primer pensador de la Argentina. Fue un pionero porque él empieza a escribir en 1794 esas Memorias del Consulado donde habla de género, de cuestiones de medioambiente, de cuestiones económicas, y con un nivel de avanzada. Lo admiro muchísimo.

Entre los "padres de la patria" ¿quién sería un buen presidente en este momento?

Siempre me pareció que Belgrano hubiera sido un extraordinario presidente, una persona con una enorme capacidad teórica y mucha experiencia en la burocracia estatal. Más de 16 años en la administración pública, en su cargo de Secretario del Consulado. Una persona con enorme capacidad de estadista a la que -lamentablemente- no dejaron ser presidente en aquel contexto que le tocó vivir. 

 

 

 

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