MIÉRCOLES 22/01/2020
Impostores en la oficina: cómo detectar a los profesionales sin profesionalismo

por  DANIEL COLOMBO

Facilitador y Máster Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos; comunicador profesional. www.danielcolombo.com

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Impostores en la oficina: cómo detectar a los profesionales sin profesionalismo

Tener títulos académicos y una carrera consolidada (o prometedora), no es garantía de estar comprometido con darlo todo en términos de excelencia y mejora continua.

Ser profesional no garantiza tener profesionalismo. De hecho, todos vivimos situaciones con personas que tienen títulos y trayectoria, y que distan mucho de comportarse como profesionales.

Entonces, ¿qué es tener profesionalismo en el trabajo? Se trata de la cualidad de la excelencia aplicada al desarrollo de determinada actividad, donde se destacan los valores, la responsabilidad sobre el proceso y el resultado, el compromiso puesto en la tarea y la calidad superior en todo momento.

Si bien conceptualmente se habla de profesionalismo en personas con títulos académicos, también se aplica para todo tipo de profesiones, disciplinas como el arte y el deporte, y sería deseable que, por ejemplo, en el ámbito empresarial y de los gobiernos también prospere este rasgo de calidad superior.

En mi percepción, tener profesionalismo está directamente ligado con la ética del trabajo, es decir, el conjunto de valores, cualidades distintivas y aportes positivos de excelencia que hace una persona, aplicando sus conocimientos en pos de lograr un resultado superador.

15 señales de la falta de profesionalismo

Por más que alguien se diga “profesional”, abundan los casos en que hacen agua. Ejemplos concretos:

  1. Impuntualidad
  2. Incumplimiento en plazos y tareas (prometer y no cumplir)
  3. Desconocimiento técnico de la tarea
  4. Falta de empatía en la relación con los demás
  5. Búsqueda de polémica y discusión permanente
  6. Chismes
  7. Faltas de ortografía, errores gramaticales groseros
  8. Hacer el mínimo esfuerzo
  9. Dedicarse a criticar a los demás
  10. Mezclar relaciones amorosas con el trabajo
  11. No asumir los compromisos
  12. Falta de responsabilidad
  13. Brindar una mala atención
  14. Generar más problemas que soluciones
  15. Tener trato, presencia y formas que no están acordes con sus responsabilidades.

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Parece ser que en tiempos ásperos, también las relaciones interpersonales se convierten en espinosas. La decepción, frustración y el enojo irrumpen a cada momento, y tenemos que lidiar con comportamientos que rozan el mal trato.

Las ventajas de tener profesionalismo

Una persona que es reconocida por su profesionalismo va construyendo su reputación positiva. Esto se logra en el tiempo, lleva años y se basa en pequeños “profesionalismos” cotidianos que, sumados, dan un resultado de excelencia y calidad reconocible.

El tener profesionalismo te transforma en una persona confiable, un espejo que refleja algunos aspectos que otros quisieran emular; y, también, en un orgullo personal que hace aumentar tu autoestima y autovaloración, ya que sabés que estás haciendo, siempre y bajo toda circunstancia, todo lo humanamente posible en el máximo nivel de excelencia.

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Posiblemente, las tres palabras más repetidas dentro de la cultura organizacional en cualquier empresa del mundo son: pasión, compromiso y responsabilidad. La cuarta es resultados. Esos tres grandes motores impulsan a las personas, tanto en forma individual como colectiva, a la posibilidad de lo imposible; a generar transformaciones que ni ellos mismos podían imaginar, y a conquistar resultados que, sin esos componentes, jamás llegarían.

Si bien esta descripción parece muy exigente al leerla, es así como se construye el profesionalismo: dándolo todo. El que tiene profesionalismo no es tibio: es apasionado, comprometido y agrega valor, su milla extra, en cada cosa que hace.

Incluso en sus puntos débiles (que los tienen), los que son reconocidos por esta cualidad se corrigen, aprenden, estudian, piden feedback, mejoran permanentemente. Esto es, también, lo que los distingue de los demás.

Cómo afrontar la falta de profesionalismo

A veces, el profesional sin compromiso que trabaja “a reglamento” puede llegar a viciar y opacar la labor de los que sí se destacan.

Para combatir la falta de profesionalismo en las organizaciones es necesario encarar un programa consistente de calidad que involucre a todos, ya que no alcanza con que el directivo llame a solas a la persona y le llame la atención: así no se producirá la transformación.

Y, bueno es saberlo, habrá personas que jamás van a comportarse con profesionalismo, en parte porque les da lo mismo -se llama mediocridad-, y en parte porque quizás para ellos su medida interna de “darlo todo” es bien baja, a ras del suelo: frente a esto, no hay mucho para hacer.

Algunas ideas para encarar el tema:

  1. Fomentar la meritocracia. Se trata de diseñar la estrategia de gestión humana y del talento en las organizaciones -sin importar el tamaño- donde el que más se esfuerza en términos de calidad, cumplimiento y profesionalismo accede a mejores oportunidades. Es una política que necesita ser sostenida en los años para ver los resultados. Un aspecto fundamental es a la hora del reclutamiento de colaboradores: la vara necesita elevarse por sobre lo básico para detectar a los mejores y sumarlos. Es importante que todos sepan cómo se crece dentro de la empresa, y que esto forme parte de un programa sistemático y reglamentado.
  2. Dar oportunidades de capacitación. Si bien un profesional viene con una serie de conocimientos o experiencia en su materia, para combatir la falta de profesionalismo es necesario seguir capacitando permanentemente, no sólo en temas duros y técnicos, sino en habilidades blandas. Este proceso de sensibilización traerá como resultado que se pueda visualizar más claramente si la persona tiene aptitudes para empezar a tener profesionalismo, o, pasados varios meses, se evaluará que no lo logrará por distintos motivos. El enfoque que sugiero es que siempre se apueste por la oportunidad y posibilidad de autodesarrollo hacia un mayor profesionalismo, y no anteponer el prejuicio que se ha formado la empresa respecto al colaborador en cuestión.
  3. Poner plazos límite para los poco profesionales. Cuando las situaciones de falta de profesionalismo se repiten y se han convertido en un problema para la empresa, es necesario mantener evaluaciones frecuentes respecto al desempeño, dar y recibir feedback de calidad, y establecer indicadores de menor a mayor para invitar y desafiar a la persona a moverse hacia algo superador. Es importante aquí advertir el proceso, cuánto durará esta evaluación a la que está siendo sometido, y las consecuencias que podría tener si no se arriba a buen puerto, por ejemplo, un despido, un traslado a tareas menores, etc.
  4. Establecer un código de ética en la práctica profesional en la empresa. También sugiero que cada empresa establezca claramente un código de ética profesional que contemple los aspectos básicos del nivel que se exige para el desenvolvimiento de las tareas. Aquí lo relevante es saber que, así como se exigirá a los empleados. Los directivos, socios, accionistas y demás integrantes también necesitan adherir, firmándolo y que quede constancia y archivo de su legitimación.
  5. Estimular el compartir conocimiento y mentoreo. Una estrategia que aplico en muchas organizaciones donde trabajo como coach empresarial y ejecutivo es la de establecer programas y políticas permanentes para socializar el conocimiento que adquieren los trabajadores. A su vez, personas con experiencia en cierto ámbito pueden transferirla a otros (incluso a los que se detecten como faltos de profesionalismo), para estimularlos e invitarlos a elevar la vara.
  6. Incorporar a los poco profesionales en proyectos que los desafíen, para medir su rendimiento y compromiso. Para poder evaluar el desempeño de aquellos colaboradores faltos de profesionalismo, es posible involucrarlos en proyectos especiales y dejar a cargo a ellos mismos el liderazgo. Aquí la norma estará muy clara respecto a qué sucede si no se alcanzan los objetivos; de qué forma se van a estimular entre ellos y cómo se supervisará ese proceso. Es una forma de medir el rendimiento, compromiso y calidad profesional, para visualizar en forma tangible qué podemos esperar de ellos. En definitiva, del resultado final dependerán las decisiones a tomar a futuro.

Aplicando estas estrategias es posible que algunos 'despierten' su profesionalismo; otros puedan ser reubicados en otros sectores, y, agotadas las opciones, desvincular a aquellos que, habiendo pasado por distintas instancias como las descriptas, no han accionado lo suficiente para moverse hacia un mayor profesionalismo en su desempeño.

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