Jamón crudo ibérico, delivery de picada, vino, jamón de bellota Enrique Tomás en Argentina

Jamón de bellota: mitos sobre el rey de la picada, que ya se puede pedir por delivery

El jamón crudo ibérico, gran reserva o de bellota de Enrique Tomás ya se vende en la Argentina. Con su local en DOT Baires cerrado por la cuarentena, hay delivery de tablas y patas enteras, también de tapas y vinos. 

En diciembre de 2019, cuando nadie imaginaba la pandemia de coronavirus que se avecinaba, una noticia sacudió el corazón y el paladar de los sibaritas de AMBA: Enrique Tomás, la mayor cadena de jamonerías del mundo, inauguró su primera tienda en la Argentina.

Con un plan ambicioso plan de desembarco que incluía, antes de la cuarentena, la apertura de 20 locales en el transcurso de 5 años, llegó al DOT Baris Shopping con su formato Experience, el tope de gama de su propuesta: combina despacho y consumo in situ no sólo de sus jamones premium (ibérico, gran reserva y de bellota), sino también de tapas, vinos y delicatessen.

 

 

Si bien debido al aislamiento social y preventivo, la primera tienda argentina de Enrique Tomás permanece cerrada, tanto como el DOT Baires Shopping, ya lanzó el servicio de entrega a domicilio.

 

 

De cara al fin de semana, donde es inevitable disfrutar de una picada, los especialistas de Enrique Tomás proponen derribar algunos de los mitos y falsas creencias falsas en torno al jamón. 

 

Cuáles son los falsos mitos sobre el jamón ibérico

 

1 - “Si tiene puntitos blancos está malo”

 

Esos puntitos que a veces salpican las lonchas y que, al no ser habituales, dan la sensación de que algo le pasa al jamón, en realidad sólo revelan ¡que es un jamón excelente! Los puntitos blancos son cristales de tirosina, uno de los 20 aminoácidos que forman las proteínas. Aparecen durante su maduración y son una señal inequívoca de que el jamón ha sido curado correctamente. Una de las propiedades de la tirosina es su baja solubilidad, por lo cual, cuando el agua del jamón tiende a perderse, se reagrupa formando esos cristales blancos que indican un envejecimiento óptimo y un jamón de máxima calidad.

 

 

2- “El jamón debe acompañarse siempre con vino tinto”

      

La tradición popular ha vinculado a menudo el vino tinto con el jamón. Sin embargo, el vino tinto no es la bebida que mejor acompaña la cata de un buen jamón. Si el jamón es bueno y querés saborearlo, mejor tomá el vino aparte. No hay duda, de que el vino tinto se puede maridar con infinidad de platos. Pero justamente tiene tanta personalidad y tanta presencia en el paladar, que puede ensombrecer y ocultar el sabor y los matices del jamón.

 

 

3- “El jamón de bellota procede de cerdos que sólo comen bellotas”

 

Si un cerdo comiera sólo bellotas, enfermaría y moriría. Igual que cualquier ser humano si comiera sólo un alimento, sea cual sea. Los cerdos ibéricos que dan jamones de bellota empiezan mamando de la madre durante las primeras semanas de vida, luego comen pienso de cereales y leguminosas, hierba, raíces y plantas aromáticas y, finalmente, cuando es la época, bellotas. En el tiempo que pasan en las dehesas, se alimentan sobre todo de bellotas, que les encantan, pero también de diferentes variedades de plantas que encuentran a su paso. Si al final de ese período no han engordado lo suficiente, se les vuelve a dar pienso, con lo cual sus jamones ya no pueden recibir la calificación “de bellota”, sino de “cebo de campo”. 

 

 

4 - “Hay que tapar el jamón con su propia grasa”

 

Sigue existiendo la creencia de que, después de abrir un jamón, hay que conservar un pedazo de la grasa que le quitamos para tapar con ella la parte del jamón por donde estamos cortando, para conservarlo mejor. ¡Falso!

En primer lugar, si el jamón se va cortando un poco cada día no necesita otra cosa que estar en un lugar sin corriente de aire y tapado con un paño de algodón -que no suelte pelusa- para que la luz no penetre en el corte. Lo demás, sobra.

 

 

En segundo lugar, si lo dejás en contacto con la grasa, se vuelve más grasiento, y eso desvirtúa su sabor. Y un jamón que lleva meses, incluso años, curándose para adquirir su sabor especial no se merece que se lo estropeemos en el último momento. Tiene la grasa justa, no necesita más.

 

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