Ana Viola, CEO Bodega Malma, mujer líder de bodega familiar de Patagonia, vino de Neuquén

Es médica, su padre fue pionero del vino en Patagonia y hoy es CEO de una bodega innovadora

Ana Viola es la directora de Bodega Malma, un emprendimiento familiar pionero y de alta gama en San Patricio del Chañar, polo productivo del vino patagónico, en Neuquén.

Ana Viola es una de las líderes más querida y respetada en la industria del vino argentino. Su receta, cuenta, es trabajar con entusiasmo y ser respetuosa con las personas que la rodean. “Esa es la clave para obtener óptimos resultados”, afirma con la frescura y sinceridad que la caracterizan.

De perfil bajo, médica y bodeguera de pura de cepa, hace un año es CEO de Bodega Malma, emprendimiento de su familia, pionera en el polo vitivinícola de San Patricio del Chañar, en Neuquén. “Nos une un gran amor y hoy podemos darle rienda suelta a un hermoso anhelo, con vinos de excelente calidad, que expresan en cada copa el terruño, la cultura y el clima de nuestras vides más australes”, indica la joven empresaria, que además está comprometida con la colecta de sangre y otras acciones para colaborar con la salud pública.

 

Ana Viola, CEO de Bodega Malma

 

¿Qué es el vino en tu vida?

¡Simboliza muchísimo! Primero, me encanta beberlo. Soy una frecuente consumidora. Todos los días de mi vida tomo una copa, excepto que tenga que hacerme algún estudio médico. Por otra parte, es nuestra forma de vida familiar. El vino representa lo que hacemos con orgullo y dedicación. Atraviesa mi vida, las 24 horas, desde que me levanto hasta que me voy a dormir. Sin ir más lejos, en estos días, desde las 9 de la mañana, estoy probando cortes nuevos junto a nuestro equipo enológico, conformado por el prestigioso consultor Hans Vinding-Diers y Diego Perticarini.

¿Y cómo fue tu acercamiento al mundo del vino?

Mi historia rompe todos los esquemas tradicionales. No vengo de una familia de bodegueros, ni me he criado, desde pequeña, entre viñas. Todo comenzó cuando mi padre, Julio Viola, pionero en la vitivinicultura patagónica, empezó a desarrollar la industria en San Patricio del Chañar, Neuquén. Cuando él desembarcó allí, estaba finalizando el colegio secundario. Ese fue el germen de mi vínculo inicial con el vino. Antes de eso y de meterme con mayor profundidad en el tema, la única experiencia vínica que recuerdo la tuve a los 12 años, cuando 'robaba' un sorbito de la copa que disfrutaba mi tía, por la noche y a escondidas.

 

Bodega Malma, en San Patricio del Chañar

 

De todos modos, el campo siempre estuvo presente en tu vida.

¡Por supuesto! La actividad productiva signó mi existencia desde que tengo uso de razón. Nací en Cipolletti, corazón del Alto Valle de Río Negro, y pasé mi infancia entre chacras dedicadas a la venta de peras y manzanas. Soy gran amante de la naturaleza. De hecho, el interés por la medicina llegó a través de la biología. Soy, en general, muy curiosa.

Soy simple y disfruto los pequeños momentos de la vida. Me fascina un buen plato de comida casera, en familia y con amor. Nunca he sido gourmand, ni tuve preferencia por los gustos exóticos.

 

 

¿Cómo diseñaste el restyling y cambio conceptual de la bodega?

Desde el momento en que decidimos seguir nuestro propio camino del vino como familia unida (NdE: Fundaron Bodega del Fin del Mundo, hoy en manos del Grupo Eurnekian), nos propusimos hacer lo que nos gusta, queremos y deseamos. De la filosofía de trabajo a la relación personalizada con nuestros clientes, proveedores y empleados, y la propuesta de etiquetas de nuestro portfolio.

Cada detalle lo hemos moldeado a nuestro estilo, a nuestro modo de entender un emprendimiento familiar. Por ello, cuando nos preguntaron hacia dónde iría el perfil de nuestros vinos, decidimos llamar a Hans Vinding-Diers, genial, talentoso y experimentado winemaker que conoce la zona como nadie.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Hace 20 años, una familia descubrió el gran potencial que encerraba un rincón neuquino para elaborar vinos. Confiaron en su intuición y transformaron a San Patricio del Chañar en una grandiosa región vitivinícola en la Patagonia. . Enfocados en su proyecto familiar, hoy la familia Viola sumó a su equipo a Hans Vinding-Diers, prestigioso enólogo consultor, para explorar las posibilidades del terruño y elaborar vinos que reflejen su esencia. Afincado en el sur desde la década de 1990, Hans se transformó en uno de los winemakers más icónicos de la región. . "La Patagonia todavía tiene tanto para dar, tanto por descubrir, un potencial inimaginable y nuestro objetivo es trabajar con amor por este terruño como cuando empezamos hace más de veinte años. Creemos que Hans es un gran enólogo y viticultor y nos une el espíritu y el tesón de los que quieren a esta tierra." – Julio Viola . . #MalmaWines #FamilyWines #PatagoniaArgentina #FamiliaViola

Una publicación compartida por Bodega Malma (@malmawines) el

 

Si bien en el día a día está Diego Perticarini, un crack total de la enología, tiene sólo 25 años y necesita a su lado alguien con mayor experiencia, que lo fuese guiando. Así, Hans se sumó al proyecto con mucho entusiasmo y la cosecha 2020 ya tiene su sello al 100%.

Él nos ayuda en el manejo del viñedo, en la personalización de cada actividad en bodega y en la estirpe de cada una de nuestras etiquetas. Estamos en pleno proceso de cambio y tenemos mucho por desarrollar y mejorar. Tenemos grandes expectativas, a corto y largo plazo. Queremos contar que somos una familia y que estamos orgullosos de estar en la Patagonia.

 

 

¿Cómo es el vino como negocio familiar?

Es un negocio muy lindo, atractivo, vinculado a la producción. A diferencia de la mayoría de las bodegas argentinas, nosotros somos productores primarios. Es decir, producimos el 100% de nuestra uva con la que elaboramos el total de nuestros vinos. El rubro es tan atractivo, que compensa lo complejo que es estar en un mercado saturado, lleno de competidores de todas las latitudes. Exportamos el 50% de la producción y, cuando salimos nos damos cuenta que somos uno más en la góndola, con márgenes pequeños de ganancia.

 

 

El negocio del vino no es el más maravilloso en cuanto a números, pero es una pasión inexplicable. Es hermoso y estresante, a su vez. En lo particular, nos estresamos cuando llega la primavera, pues corremos riesgo de sufrir heladas tardías. Más allá de este inconveniente climático no tenemos otros problemas relevantes. Contamos con agua suficiente, hay muy poca probabilidad de granizo, no nos complica el viento y las lluvias son escasas. En definitiva, vivimos el negocio familiar con intensidad y, en nuestro día a día, nos emociona hacer un vino propio.

 

Ana Viola, con su compañero e hijos

 

La familia Viola ha sido pionera en San Patricio del Chañar. ¿Cómo evolucionó la región?

Estamos en una zona que ya tiene trayectoria. Plantamos los primeros viñedos en 1999, cuando nos involucramos en Bodega del Fin del Mundo hasta que, el año pasado, decidimos continuar con Malma, lo que significó iniciar un proceso nuevo muy interesante. Después de 20 años de tener las viñas en el mismo lugar y de conocer el clima, aunque siempre sea impredecible, pensamos que en la nueva bodega nos encontraríamos con los mismos patrones geográficos. Sin embargo, notamos cambios muy pronunciados y estamos aprendiendo, día a día, sobre las diferencias de suelos. Por ende, no haría una especie de globo con San Patricio del Chañar, pues el manejo del viñedo y la bodega puede cambiar radicalmente entre un productor y otro.

 

 

Hoy, en Malma, hacemos vinos diferentes, muy centrados en la importancia del terroir, interviniendo lo menos posible en el proceso de elaboración. En síntesis, estamos en una región vínica consolidada, con pocas bodegas, que elaboran productos buenos. Hoy, ningún producto neuquino te va a decepcionar. Eso, gracias al esfuerzo de todos, ya está establecido y podemos competir de igual a igual con otras regiones con mayor tradición vínica.

 

Vista aérea de Bodega Malma

 

Las variedades pinot noir y merlot parecen estar definitivamente consolidadas en la región. ¿Qué otros cepajes tienen potencial?

Pinot noir y merlot son sinónimo de Patagonia. Además, son dos de mis varietales favoritos. Si tuviese que elegir un tercero, me inclinaría por el chardonnay, que nos está dando satisfactorios resultados y es uno de los favoritos de Hans. Además, le prestaría mucha atención a los sauvignon blanc patagónicos, que empiezan a dar exponentes muy interesantes.

Por otra parte, quiero destacar los espumosos, que siempre gozaron de prestigio en estas latitudes. Actualmente, estamos trabajando un nuevo producto bajo el método champenoise, a base de pinot noir y chardonnay. En San Patricio del Chañar podemos obtener muy buenos vinos. Estamos en un terruño que no es limitante en relación a las variedades.

 

 

Tengo la sensación de que a San Patricio del Chañar o, incluso, al Alto Valle de Río Negro, le falta una Ruta del Vino.

¡Exacto! Es nuestro gran pendiente. Mendoza tiene un desarrollo espectacular del turismo, a través de gastronomía, hotelería e infraestructura de altísimo vuelo. Siento que aún estamos muy lejos. En Patagonia, todo el turismo se concentra en la zona cordillerana. Por ende, en el Alto Valle o en Chañar, tenés que buscar con lupa dónde quedarte a dormir o cómo trasladarte de un lugar al otro. Tenemos que impulsar y desarrollar el área turística, pero, por las circunstancias de la pandemia, nos hemos quedado a mitad de camino. Tenemos en mente la idea de construir un hotel al lado de la bodega y otro más sobre la barda. Por el momento, contamos con una casa de huéspedes, en la que recibimos amigos o gente vinculada a la bodega.

 

 

Nuestro objetivo es desarrollar una propuesta interesante y hasta imaginamos una Ruta del Vino que comience en General Roca, pase por San Patricio del Chañar y siga hasta Chubut, la nueva y prolífica región patagónica. Imagino un viaje largo, de varios días a través de los viñedos más australes. Esperemos que, algún día, este anhelo se convierta en realidad.

 

 

¿Cuál es tu momento de pausa cotidiana?

Me fascina estar en casa, tomando una buena copa de pinot noir de Chacra La Papay, mientras Pedro, mi marido, cocina, mis hijos corretean por algún lado y yo musicalizo el ambiente. El mejor momento del día es cuando estoy tranquila, relajada y en familia.

 

 

¿Cómo analizás la actualidad del vino argentino en el contexto de la pandemia?

Desde el punto de vista analítico es importante destacar que, definitivamente, se estableció el canal de venta online y venta directa. Había muy pocas vinotecas que lo hacían y, a partir de la pandemia, tuvieron que empezar a incursionar en ese canal. Nosotros, de hecho, tuvimos que enfocarnos en ello. Tengo la sensación de que el mercado interno se verá afectado a largo plazo. Si bien hubo un repunte del consumo doméstico, en adelante, puede caer la curva por el contexto económico desfavorable, hasta que haya recuperación.

 

 

Mi deseo es que se recuperen los canales tradicionales de consumo y que, entre todos, ayudemos a los restaurantes y las vinotecas, que son lugares fundamentales para la recomendación de vinos. Allí, la función del sommelier es clave para asesorar a los consumidores. Deberemos hacer un esfuerzo como industria para reconstituir esta importante cadena de valor del vino.

 

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar