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De un blog para mamás a escribir en Disney y enseñar storytelling a emprendedores

En 2005, creó el primer blog latino que relataba la maternidad de una manera disruptiva, no romantizada. Hoy, Mujer, Madre y Argentina es referente de la crianza sin prejuicios ni dobles discursos. Y ella se convirtió en una experta en storytelling convocada por Disney, grandes empresas y emprendedores

Los primeros años de los 2000, durante el despertar de la blogósfera argentina, trajeron a la red la voz de Beta Suárez. Aunque todavía no se conocía su nombre ni su cara. Ella ERA 'Mujer, madre y argentina' (MMyA), la autora del primer blog latino que hablaba sobre maternidad con un enfoque, por entonces (y aún hoy) disruptivo.

Quince años después, ella y su bitácora se convirtieron en referentes para quienes buscan otra mirada sobre la crianza sin prejuicios ni dobles discursos. “Empecé a escribir sobre maternidad como si fuera una trinchera, un lugar donde yo pensaba ‘esto no tiene que ser tan malo’. Hay cosas buenísimas, que tienen que ver con correrte la culpa: además de ser madre podés ser un montón de otras cosas, y eso no te convierte en mala madre”, dice.

Phs: @marychristensenphoto (gentileza BS)

 

Comunicadora de profesión, Beta tiene su propia agencia junto a una socia, donde asesora a emprendedores y lanzó una plataforma de cursos online. En todo este tiempo, Beta escribió contenidos para Disney, se convirtió en oradora, publicó el libro 'Las madres tenemos derechos' y dio talleres y capacitaciones, además de alimentar son sus propias experiencias tanto el sitio como sus redes sociales: MMyM supera los 71 mil seguidores en Facebook y se acerca a los 90 mil en Instagram.

Con humor e ironía, Beta pone en palabras lo que muchas (y también muchos) atraviesan en su rol con sus hijas e hijos. “Al subir al blog esos primeros 15 ó 20 textos que tenía escritos en mi computadora, enseguida me empezaron a leer”, cuenta sobre esa noche de 2005 en la que, después de descubrir que uno de sus textos circulaba como anónimo en una cadena de mails, inauguró su espacio virtual.

 

 

¿Por qué creés que interesó tu mirada sobre la crianza, tan disruptiva hace 15 años?

Era algo que nadie estaba diciendo. En ese momento, la maternidad era el modelo de Verónica Varano con el programa 'Mi bebé'. En MMyA no doy consejos, no doy tips, es una experiencia literaria. Escribía mucho sobre cosas que no eran políticamente correctas: si la maternidad es lo mejor que me va a pasar en la vida, primero no puede ser lo único; segundo, no me puede pesar como siento que socialmente lo hace. El modo en que hoy vemos a la mujer y a la maternidad –gracias a la lucha y el esfuerzo de mucha gente– no se parece en nada a la forma en que lo hacíamos, no hace 15 años: hace 5. Creo que por eso la voz de MMyM se destacó.

¿Cómo se formó esa voz propia que terminaste compartiendo?

En el momento no fui consciente. Seguramente tiene que ver con las mujeres de mi familia, incluso cada una en su época, con sus rupturas. Si mi abuela o mi madre hubieran nacido hoy, su vida hubiera sido distinta. Mi abuela era una 'solterona' porque a los 29 años no se había casado y trabajaba: era una mujer rarísima, que se casó grande y no con el novio con el que tenía que hacerlo. Mi madre siempre fue y es una mujer libre, que nos educó libres a mí y a mis dos hermanas. Yo tengo 2 hijas mujeres. Todo eso se combinó. En lo personal me pasaron dos cosas: primero, siempre fui rebelde pero no caprichosa o sin causa. Mi cabeza funciona de ese modo. Entonces, me rebelé frente a lo que sentía, me plantée no qué tipo de madre quería ser yo sino qué tipo de madre quería que fuese mi hija si ella algún día decidía tener hijos. Ahí entendí que si yo no intentaba ser esa madre, ella no lo iba a ser nunca.

 

 

¿Por qué hablás de MMyM como una trinchera?

No tengo mucho registro de las clasificaciones del otro. Cuando trabajo, me hago amiga o me relaciono con alguien, yo no sé, realmente, si es hombre, mujer, un helecho, si tiene 20 ó 70 años, si tiene tres títulos o no terminó la primaria. Tengo registro de mi edad, de mi sexo y de mi tamaño, o del tamaño de mi nariz, cuando hay otro que me lo hace notar. Cuando noté la mirada de los demás sobre mi maternidad, ahí convertí MMyA en una especie de trinchera. Empecé a ponerle palabras a algo que me pasaba, que además le pasaba a otros. Ahí apareció una empatía.

La mirada o la opinión ajena, entonces, ¿terminó como una motivación para escribir?

En este camino que transitamos las mujeres en general, desprendernos de la mirada ajena me parece muy saludable. Eso lo sentí más cuando fui madre: antes no me había molestado, no le daba bola. Cuando hubo alguien más importante que yo, me empecé a cuestionar qué hacía bien o mal, hasta que pude distinguir qué era mío y qué de los demás. Eso lo purgué, lo acomodé escribiendo.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Las mamás que trabajamos muchas veces tenemos todo bajo control y otras tantas se nos desborda hasta el pedido del super. Las mamás que trabajamos a veces no tenemos ganas de cocinar y pedimos una pizza y no pasa nada. Las mamás que trabajamos a veces no podemos ir a las reuniones de padres. Alguna vez, también, nos olvidamos de forrar un cuaderno porque nos pareció más importante terminar el castillo de bloques con los hijos. O porque nos olvidamos y punto. Las mamás que trabajamos sabemos que podemos ser cuestionadas por cosas que nunca van a ser cuestionados los padres. Trabajen o no. Las mamás que trabajamos a veces tenemos ganas de estar solas, y de esas veces, algunas podemos y otras tenemos que ayudar con la tarea. Las mamás que trabajamos a veces no llegamos a fin de mes y preferimos comprar un album de figuritas que ir a la peluquería. Las mamás que trabajamos muchas veces tenemos una red fantástica de abuelas, tías y madrinas y otras tenemos que salir corriendo y dejar lo que sea si el hijo levanta fiebre en el colegio. Las mamás que trabajamos entendemos que el tiempo que vale es el de “calidad” y que no depende de la “cantidad”. Pero a veces no nos sale ni una cosa ni la otra. Las mamás que trabajamos tenemos ganas, de vez en cuando, de renunciar e ir a armar rompecabezas con nuestros hijos, aunque ellos no tengan ganas. Otras veces no vemos la hora de ir a trabajar. Como yo, que amo el trabajo y la vocación que me trajeron hasta aquí. Si bien muchas veces me reclaman (ahora mismo que las deje en paz) a mis hijas les gusta mi trabajo, me preguntan, se interesan. Ocurre que como no hay ni una madre ni un hijo igual a otro, el estado ideal es aquel que se elige de acuerdo a las necesidades y los deseos. Y si así es, los desafío: Relean este texto y a todas las frases quitenle las palabras “Que trabajamos”. Ninguna pierde sentido, porque si el “buen ejercicio” de la maternidad dependiera de trabajar o no, sería mucho más sencillo. Y sobre todo ninguna pierde sentido porque las madres somos madres y, como un dato extra, algunas trabajamos, además, afuera de casa. — Respeto y amor para TODO el trabajo de TODAS las madres, Feliz día, las admiro, las ❤️.

Una publicación compartida de Beta Suárez (@mujer.madre.y.argentina) el

 

¿De ahí se desprende la expresión que solés usar, la invitación a “ser amable” con vos misma y con las otras madres?

Sí, ser amable, respetuosa, tener más caridad en la mirada. La palabra amable no tiene que ver con resignar objetivos o pararte en la mediocridad. Al contrario: vos, con tus proyectos personales y profesionales, apuntá bien alto, sé muy amable con los golpes que te des mientras vas caminando. Manejo grupos grandes, doy conferencias en lugares gigantes, trabajo con mi cabeza. Pero lo más difícil que hago en el día es criar. Las decisiones más complejas son las que tienen que ver con lo que puedo hacer por y con mis hijas, cuándo las puedo acompañar o no, en qué momento hay que dejarlas porque la vida raspa y confiás en lo que ellas son. Entonces, no puedo detenerme en si vos hacés colecho y yo no. Y no puedo juzgarte. Porque al final de tu día también lo más difícil fue eso. Me parece más lógico sentarnos a charlar sobre lo que podemos coincidir, el deseo por el bien del hijo, y no sobre las pelotudeces que nos taran. La maternidad tiene una cosa medio fundamentalista.

 

¿Qué fundamentalismos ves en la maternidad de esta época?

El primero es la división entre los que tienen hijos y los que no. Me parece una estupidez. Decir: “Vos no entendés porque no tenés un hijo” me parece grosero, irreal. Creo que la maternidad y la paternidad debería ser mucho más resguardada desde lo político, lo social, de parte de quienes toman decisiones, con las leyes laborales. Y vuelvo a lo de antes: que alguien que da la teta critique a alguien que no la da me parece tremendo (y al revés también). ¿Qué te importa? ¿Qué te metés? Está haciendo lo mejor que puede. En esa mirada todavía tenemos mucho que aprender. Es un gran ejercicio ver a las madres de tu vida, a las que te amaron, una vecina, una maestra, tu madrina, tu tía o abuela. Me parece sano, un camino que debería acompañar este proceso que estamos haciendo las mujeres. Estos fundamentalismos son tremendos y atrasan, pero todavía existen y son muy duros. Para una madre que está sola, para una que duda, lo que debería haber es ayuda y acompañamiento. Criar en soledad es muy complejo.

 

Cuando surgió MMyM lo presentaban como el “lado B” de la maternidad, una expresión de la que intentabas correrte. ¿Creés que hoy, con el furor que generás en las redes, lograste posicionarte como un espacio auténtico y no polémico?

Creo que depende si hablamos de cuentas de marcas o personales. Las marcas tienen que mantener un tono para que el otro te reconozca. Pero mostrar sólo el lado B es tan irreal como mostrar el lado A. Me encanta ver cuentas de decoración porque mi casa nunca va a estar así de ordenada: es inspiracional, como consumidora acepto que me muestren un recorte. En las cuentas personales pasó con los filtros: todos teníamos la piel iluminada y estábamos casi sin nariz. Creo que hay una demanda de vernos más parecidos a la realidad, y es algo que excede la red social. Es probable que haya un mix más acomodado, no todo es lado B o A. Ahora, la libertad es libre: en tu red hacé lo que se te antoje y mirá si la comunidad acompaña o no.

 

En MMyM hay posteos picantes, con humor e ironía, que quizás buscan descolocar para hacer pensar. Así como la comunidad suele acompañar, ¿recibís comentarios que reaccionan mal?

Muy pocos. Tengo una gran capacidad de escucha de la audiencia, suelo saber qué les duele. Si algo nos pasa a los dos, hace falta ponerlo en palabras. Tiene que coincidir porque me tiene que pasar. Cuando plantás un mensaje, también ponés un tono. Jamás te diría qué hacer con tus hijos, tampoco te puede pesar el mandato de ser una madre libre y moderna. Procuro –y me da mucho laburo desde el manejo de las palabras– que sea de ruptura pero sin quitarle amabilidad con el que está del otro lado. Cuando ves un lugar lleno de haters hay que mirar el tono de los posteos. Mi cuenta es mi casa: acá no se insulta, ni a mí ni a otro, no se habla mal de los demás. Es muy fácil ser jodido en las redes. Y si es muy fácil, me aburre. No subestimo nunca al que está del otro lado.

 

 

MMyA acompañó tu desarrollo de familia, de empresa, de vida. ¿Sigue siendo lo mismo que al principio?

Sí, las veces que me desvié volví enseguida. Sigue siendo un espacio donde hago lo que se me canta: ese es uno de los valores del espacio. El día que no pase, lo cerraré y habrá cumplido su ciclo. Pero sigue siendo un espacio donde hackeo el contenido y la forma de un modo amable y auténtico. Intento anclarme en el humor, que me salva de mí misma. Hago texto esas preguntas que no me dejan dormir. La que fue cambiando fui yo: antes tenia menos conciencia de que podía lastimar al que está del otro lado. Aprendí que la rebeldía no es eso, aún podía ser de ruptura y sin un segundo de censura, pero pensando en los dolores del otro. A pesar de que soy bastante dura en mis palabras, busco que sea un espacio donde la gente pueda sacarse los zapatos y sentirse cómoda, charlar, no necesariamente conmigo sino con la comunidad. Para las madres, quiero que sea un lugar de encuentro, un lugar para tomarte una cerveza fría sin que nadie te juzgue.

 

La pandemia sacudió también a la comunicación. ¿Qué cambios notaste en el vínculo de marcas y emprendedores con sus clientes?

Primero, no creo que la cuarentena sea una oportunidad para nadie: una pandemia es una porquería. Basta de 'oportucrisis' y romantización: hay gente que está enterrando a sus muertos. El desafío es adaptarte y hacer lo mejor que puedas para que tu negocio no se hunda, para llegar a la casa de tus clientes, reinventarte. No está mal vender: tenés que seguir viviendo. Tenés que ser relevante incluso desde tu venta, comunicar menos pero mejor. Ser oportuno no es lo mismo que ser oportunista. Desde hace muchos años capacito a emprendedores en comunicación y vimos una demanda de esa comunidad para no perder el vínculo con sus clientes, ese único punto de contacto que para muchos son las redes.

Por eso adelantamos el plan de las clases online que iba a salir a mitad de año y acompañamos desde los precios. Creo es un momento para ser solidario con lo que podés compartir, aportar algo al que la está pasando peor que vos. La gente hizo un détox de redes en estos días. Al principio se pasó de rosca pero empezó a aflojar porque le iba a explotar la cabeza. También cambiaron de pantalla, largaron el celular y pasaron a PC y tablet. Recomiendo hacerlo.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cuando aún nos chocabamos con los límites de la cuarentena nuevita, y porque la angustia se tramita con acción, publiqué una lista de 32 tareas para emprendedores. Desde entonces, A DIARIO me escriben por ese post. Muchos sobre lo que creían que no iban a poder y pudieron. Así que apenas supimos que esto se extendía, empecé a puntear una nueva lista con la misma intención: ofrecerles un menú que les ocupe el día y les amplifique el cielo y el negocio. Van OTRAS 32 ideas para emprendedores angustiados (y un poco cansados). — Enseñá cómo sanitizar tu producto. Sacá de tu compu lo que no usás. Bajá una app para editar video. A la semana sos Tarantino.�� Hacé tu primer IGTV. Armá y compartí la lista de Spotify de tu marca.�� Estudiá un idioma en Duolingo para exportar al país de tus sueños. Amigate con las estadísticas de tus redes. Escribí el diario íntimo de tu marca en cuarentena. Escribir ordena. Trabajá gratis para una ONG. Usás twitter? Tu competencia usa? Contá en tu barrio lo que hacés, compramos en negocios de cercanía.�� Generá un logo con fondo transparente. ���� Hacé gifs de tu marca para las stories de IG (y tiktok). Reunite con tus proveedores para repensar el negocio. Patentaste tu marca? Inspirate en Pinterest. Hacé una buena placa para el boca a boca de whatsapp.�� Actualizá las portadas de tus stories destacadas. Renová tu packaging.�� Tomá ese curso de fotografía postergado. Despejá tu escritorio, hacé (te) lugar. Leé historias de emprendedores. Suscribite a 5 canales de youtube. Hacé un grupo cerrado con otros de tu rubro y ayúdense. Investigá el concepto de venta futura. �� Fabricá una caja para foto producto. Ofrecé lo que te quedó de otras temporadas. Googlea tu marca. Investigá sobre SEO. Probá aplicaciones agilicen tus procesos. Entrá a ver dos perfiles de seguidores por día. Qué necesitan? Elegí de este post (y del anterior) las tareas que se te canten. Ninguna es indispensable, son ideas para avanzar, entre lo pendiente, lo posible y lo deseado. Compartí esta lista, y tu buena onda, con otro emprendedor angustiado. No son tiempos para escatimar amor.❤️ — (Y sigamos siendo buenos con las agobios ajenos, pero eso siempre, incluso sin pandemia)

Una publicación compartida de Beta Suárez (@mujer.madre.y.argentina) el

 

¿Cómo se hace ese détox de redes?

Si vos navegás por tus redes y algo te da angustia, miedo, incomodidad, indignación, enojo, ¡dejá de seguirlo! Cuando dicen “los influencers son una mierda” o “las redes son una basura”, respondo que elegiste muy mal a quién seguir. Salvo en TikTok, vos ves a quienes seguís. Si esa es tu perspectiva, te querés muy poco: usás tu tiempo para seguir algo que no te interesa. Es un gran momento para hacer que la red sea un lugar en donde te guste estar.

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