Murió el escritor español Carlos Ruiz Zafón, autor de La sombra del viento

Murió el escritor español Carlos Ruiz Zafón, autor de La sombra del viento

Tenía 55 años, estaba radicado en Los Ángeles, Estados Unidos y tenía de cáncer de colon. Es el escritor español más leído en todo el mundo después de Miguel de Cervantes. En 2017, estuvo en la Argentina para participar de la Feria de Libro y habló con Clase Ejecutiva. Compartimos algunos fragmentos de esa entrevista.

El mundo literario está de duelo. "Hoy ha fallecido Carlos Ruiz Zafón, uno de los mejores novelistas contemporáneos'', escribió la Editorial Planeta, casa de sus libros, en un tuit. "Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él'', agregó la editorial haciendo referencia a una conocida cita del libro que lo catapultó de Barcelona al mundo. El escritor español Carlos Ruiz Zafón, autor de la tetralogía del Cementerio de los libros olvidados entre los que se encuentra "La sombra del viento'', el autor español más vendido que Cervantes, murió en Los Ángeles, Estados Unidos. Estaba enfermo de cáncer y tenía 55 años.

Fue un cotizado publicista en Barcelona y guionista de cine en Los Ángeles, pero a los 30 años decidió renunciar a todo para hacer lo que quería desde los 5: escribir novelas. Su ambicioso proyecto le llevó 16 años de dedicación exclusiva. 

En 2017, estuvo participando en Buenos Aires presentando el cuarto y último libro de la serie del Cementerio de los libros olvidados, El laberinto de los espíritus. Más de mil personas se congregaron a escucharlo  en vivo aquel día. El nivel de fanatismo de sus seguidores locales se tradujo en una espera de cuatro horas para la firma de ejemplares, todo un récord en la edición 2017 del festival porteño de la literatura. Durante esa estadía en nuestro país, Carlos Ruiz Zafón charló con Clase Ejecutiva sobre su vida y su literatura. Compartimos algunos fragmentos de aquella entrevista. 

El éxito te puede empujar en una dirección, pero esa no era la dirección que yo me había trazado. No es que lo desprecie, pero no era el que yo quería seguir. Son necesidades personales. Y eso fue un poco la historia que me llevó a meterme en esto”, resumía en ese momento con 52 años. “Esto” es la literatura, su vocación desde los 5 años, y La sombra del viento es el resultado –en formato best seller– del punto de quiebre a partir del cual, con poco más de 30 años, decidió darse una oportunidad con la literatura.

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Su primer encuentro con el éxito fue temprano, accidental y excesivo. Ruiz Zafón tenía 18 años cuando entró en el mundo de la publicidad y en seguida quedó obnubilado: “Los años '80, en España, fueron un momento de sobreabundancia de todo. Yo recuerdo que mi padre estaba convencido de que yo me dedicaba al crimen organizado o algo así. Me pagan una fortuna por hacer comerciales de coches caros, tarjetas de crédito, lo que sea, y entre medio esto me permite vivir aventuras surrealistas en un momento de exceso y de locura, cuando tengo 21 años, pues es difícil decir que no. Pensaba ‘como renuncie a ello y me dedique a la pureza del arte literario, ¡no me voy a comer una rosca!’ (cuenta entre risas). Y entonces dices: ‘Mañana, lo haré mañana. Renunciaré mañana’, y ese mañana duró 6 años”.

La segunda trampa apareció bajo la forma seductora del cine, cuando Ruiz Zafón ya estaba instalado Los Angeles, lugar donde todavía vive. “Era un momento particular –define–, en aquellos años había estado trabajando como guionista y estaba un poco harto de ello. Tenía la sensación un poco de haberme extraviado. También llevaba para entonces unos 6 ó 7 años en California y eso de ir de un lugar tan antiguo como Barcelona a un lugar como Los Angeles, pues también hace que te plantees muchas cosas .Yo creo que todo eso convergió en un momento que me hizo pensar en querer volver a empezar de nuevo, en querer finalmente hacer por primera vez en mi vida lo que nunca había hecho: lo que yo esperaba de mí mismo y no lo que los demás esperaban de mí. Y ahí decidí que ese era el momento, que si no lo hacía entonces no me atrevería a hacerlo nunca y me lancé a ello, y estuve trabajando durante dos años aproximadamente en lo que me parecía era la primera pieza de este ciclo”.

¿No era un proyecto muy ambicioso para intentar algo por primera vez?

Era un proyecto ambicioso. Quizás por eso creo, por la desesperación esa que me hacía sentir que se me acaba el tiempo, que ya había llegado el momento, que no estaba centrado en lo que tenía que hacer... Decidí intentar capitalizar todo lo que había aprendido para ver si realmente lo podía poner al servicio de un proyecto que fuera lo que yo quería hacer. Y de ahí que me lanzara a esta aventura, que acabó durando muchísimo más de lo que yo pensaba –más del doble–, que llevó para arriba y para abajo. Pero esa es la vida, ¿no? Comprendes, tomas una decisión, haces planes, y alguien se ríe en algún sitio y dice: “Eso es lo que tú te crees”. Pero yo creo que vale la pena hacerlo. Y, la verdad, es que después de todos estos años y de tenerlo completado, pues me siento satisfecho de ello y me alegro de haber tomado esa decisión y de haber hecho lo que pensaba que quería hacer.

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Y de mantenerse fiel a sí mismo...

Era una obsesión. El intentar ser fiel a uno mismo, yo siempre he pensado que ese era un valor importante, y que de algún modo había muchos elementos en la vida que te empujaban a no serlo. Empiezas por no ser fiel a ti mismo, luego no eres fiel a los demás, no eres fiel a nada, eres un poco una veleta. Y la vida te empuja ahí, y en la necesidad muchas veces no tienes más remedio y te rindes, y te vendes a lo que sea, lo que haga falta para sobrevivir. Esa es la vida y es la lucha, ¿no? Pero por eso quizás valoro más esa sensación de al menos intentar ser fiel a las cosas en las que creo, esté equivocado o no, son en las que yo creo, las que son importantes para mí y las que dan sentido a las cosas, y quiero intentar pelear por ellas. No porque sea un santo, si no me va bien y me estrello tres veces, pues correré como el primero a buscar otra salida y a sobrevivir en otro sitio. No soy un héroe ni tengo vocación de ello. Pero, bueno, si consigo que me salgan las cosas que quiero, evidentemente, lo tengo que intentar.

¿Cree que llegó a la mejor versión de sí mismo?

No, desde luego que no soy la mejor versión de mi mismo ni muchísimo menos. Soy la que he intentado, la que he conseguido ser. ¿Podía haber peores? Sí, sin duda. No estoy particularmente pagado de mí mismo, pienso que voy sobreviviendo y voy tirando adelante. La verdad es que podría ser mucho peor. Pero no me pongo medallas, ni me suelto flores, ni me doy palmaditas en la espalda.

¿Sigue siendo tan autocrítico como lo era hace unos años?

Pues bueno, soy el que soy y he hecho lo que he hecho… Cuando uno llega a la edad que yo tengo, uno o hace las paces consigo mismo –con quién es, con lo que ha hecho– e intenta tirar adelante y, en la medida que pueda, mejorar cosas; o entra en un conflicto. Es, probablemente, casi un mecanismo biológico: nuestro cerebro en algún momento nos hace pararnos y mirar atrás y decir: ‘A ver, evaluemos, llegado este punto ¿qué pensamos?’. Y eso lo vas teniendo en diferentes momentos de tu vida: cuando llegas a los 30 años, empiezas a tener esa sensación ‘Bueno, ya no soy un jovencito, ¿qué pasa?’, pero todavía tienes esa sensación de promesa, de futuro, de que puedes tirar. Cuando llegas a los 40, la cosa es alarmante ya porque dices ‘Bueno, lo de que soy un jovencito ya no cuela aunque me lo quiera decir’. Cuando llegas a los 50, ya dices ‘Uy uy uy esto empieza a tener una coloratura preocupante’. Y a medida que vas haciendo estos ajustes, pues, vas evaluando cómo lo has hecho, que tal, qué ha pasado, y yo creo que de algún modo tienes que hacer las paces con eso y si hay algo que no hiciste bien, pues sigue intentando mejorarlo, pero lo que no puedes hacer es estar en guerra contigo mismo, con lo que ha sido tu vida.

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