Julián Mizrahi, de galería Del Infinito, sobre la crisis de arteBA y la estrategia para vender obras de arte de la Argentina en el exterior

Julián Mizrahi, de galería Del Infinito, sobre la crisis de arteBA y la estrategia para vender obras de arte de la Argentina en el exterior

Julián Mizrahi es el director de la galería Del Infinito. Y una de las figuras de Meridiano, que agrupa a 50 galerías de arte. Su análisis de la crisis institucional de arteBA, el impacto de la pandemia de coronavirus en el mercado argentino y la fórmula para planificar la pospandemia

La Galería Del Infinito es uno de los espacios culturales tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires. Abrió en 1998 y desde entonces ha mantenido un sostenido recorrido. Representa a grandes maestros modernos del arte argentino, como Julio Le Parc, Federico Manuel Peralta Ramos, Alberto Greco, Rogelio Polesello, Raúl Lozza, Enio Iommi.

 

 

Julián Mizrahi, uno de sus directores junto a Estela Gismero, dialogó con Clase Ejecutiva sobre la actualidad del sector, el impacto económico de la pandemia en los museos y galerías de arte y la crisis institucional de arteBA.

 

 

Abrieron hace poco más de dos meses, ¿cuál es el balance?

El balance es complicado porque acá tenés varios factores que influyen. En estado de pandemia es muy complicado llamar a un cliente para ofrecer una obra. La obra de arte no es bien de primera necesidad. Si vos el día anterior ves por la tele que hubo 16.000 contagiados al otro día no te dan ganas de llamar y ofrecer una obra de Greco. Tenés que ir con cautela, tanteando el terreno, no tenés el público que tenías antes. Las cosas hoy son mucho menores: visitas con citas, muy espaciadas. Somos una galería muy romántica en el sentido del contacto del cliente. Las plataformas digitales no lo reemplazan, lo dañan y producen acostumbramiento. Hoy en día si vos no me das un diferencial que pueda tangibilizar en tu propuesta digital vas a caer en lo mismo que el resto, que es poner una foto online con un precio. Fue tanto el incentivo digital que hoy en día es casi obsoleto.

 

 

Hace poco Meridiano, la cámara que agrupa a más de 50 galerías de arte del país, hizo una alianza con Artsy, la plataforma internacional de comercialización de obras. ¿Qué expectativas tienen?

Nos pusimos todas las galerías de acuerdo en Meridiano para esa alianza. Artsy se posiciona de acuerdo a la cantidad de gente que este trabajando sobre lo mismo en la plataforma. Si vos tenés 50 galerías que están en Artsy de parte de la Argentina crece la exposición a nivel mundial. Tiene un algoritmo que aprende por la cantidad de búsquedas. Meridiano no puede dar soluciones mágicas a un mercado que no las tiene, pero podemos dar posibilidad a que los artistas contemporáneos por lo menos tengan una visualización mundial. Para esto nos ayudó la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, sino todo el comercio internacional iba a quedar trunco porque no hay ferias, no hay viajes.

¿Por qué no se trabajó antes para sistematizar el comercio internacional?

Meridiano va aprendiendo de las circunstancias y nos vamos a adaptando. Meridiano nuclea a las galerías: ahora parece una situación media paternalista que intenta ayudar a que las galerías se proyecten. Antes era más “lo veo de afuera”, ahora se involucró muchísimo más: las galerías más importantes están tranquilas y las pequeñas o que recién comienzan necesitan un expertise. Esta buenísimo que se sientan apoyadas y que podamos ayudar a profesionalizar.

 

¿Por qué el mercado de arte argentino sigue siendo tan chico?

Es como la Selección: tenemos los mejores jugadores del mundo, pero nos preguntamos por qué no salimos campeones. Tenemos un gran acervo de artistas de calidad espectaculares, pero somos muy entrópicos. Por ejemplo: en los Estados Unidos un coleccionista se jacta cuando paga u$s 40 millones por un Rothko, se pone feliz. En la Argentina las cosas son al revés: cuanto más barato se pueda sacar la obra, mejor. A todos nos gusta pagar lo menos posible, pero si tenés un artista contemporáneo que vive de su laburo… Los argentinos no confían en los precios que se ponen y quieren pagar lo que quieren. Pero es la única opción porque el artista tiene que vivir. Hoy tenemos dos o tres coleccionistas de arte como máximo, el resto son compradores. Observemos qué pasa con los grandes maestros argentinos: históricamente, se tuvieron que ir a vivir a otros países. ¿Por qué hace 6 ó 7 años han venido oleadas de brasileños a comprar arte concreto, madí y geométrico? Porque pagan el 10% de lo que valen los brasileños.

¿Qué impacto tiene en las galerías los vaivenes económicos?          

Los museos del exterior son instituciones que tienen boards consolidados con mucha gente, con mucho poder, que pone mucha plata y que son finalmente los que se llevan las mejores obras argentinas. Besos brujos (NdR: obra en formato collage de Alberto Greco, clave en su producción artística, que Del Infinito vendió al MoMA de Nueva York) estuvo a disposición de todos los coleccionistas y museos argentinos, pero nadie levantó la mano. Los que se mueven son los museos del exterior. 

Los coleccionistas ni se quieren meter: para qué van a comprar una obra por u$s 5.000 si en 10 años, con el mercado recesivo que tiene Argentina, va a valer u$s 6.000. Pero si compran por u$s 5.000 una obra de un chico de 23 años en Estados Unidos, en 10 años valdrá mucho más.

A eso, sumale las dificultades para exportar una obra. Hoy se están dando algo que nunca había pasado: cancelaciones de venta a museos importantes en el exterior porque no se puede hacer la operación por burocracia. Y, lo más importante, porque no me sirve que si vendo una obra en u$s 10.000 al Museo de Houston cuando tengo que traer las divisas a la Argentina las liquidan a $  75. Tenés que duplicar el valor de venta para que más o menos estés hecho, pero no podés subirle el precio a un museo por eso. El Gobierno está ayudando para internacionalizar la obra pero también está poniendo palos en la rueda para no vender.

 

 

¿La pandemia cambiará la forma de trabajar de las galerías?

A muchas nos beneficia. En Del Infinito trabajamos mucho con investigación porque le damos el tiempo a la gente que viene a visitar de explicarles, mostrarles, poder trabajar tranquilos. Pero uno también trabaja por volumen y estadística. Si entran 50 personas por mes, una o dos te debería comprar, pero ahora tenés 20 por mes, entonces te compra el 0,5.

Hoy se nos pone muy difícil en muchos sentidos. Los artistas que no venden lo que hacen es buscar un segundo trabajo porque no pueden vivir de lo que hacen y al momento de elegir sus materiales eligen más baratos. Eso lo vas a sufrir de acá a 10 años cuando las obras se empiecen a descomponer, los óleos se empiecen a lavar, a resquebrajar... Va a dejar una marca histórica. 

 

 

A propósito de las investigaciones de Del Infinito, recientemente publicaron La Aventura de lo real. Escritos de Alberto Greco…

Venimos trabajando en investigaciones de puesta en valor de artistas de primera categoría y que por alguna razón fueron eyectados del mercado. Es un trabajo que venimos haciendo desde 2005, trabajando asiduamente con la obra de Greco, quien se fue a Europa. Esta investigación es resultado de un faltante, un gran agujero histórico por la poca bibliografía que hay sobre algunos argentinos: no la hacen los museos ni el Estado, entonces los privados tomamos la posta. Nos ayudó el MoMA, el Museo Reina Sofía, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: privados que cedieron sus archivos para transcribirlos. Estamos intentando aportar desde el punto de vista cultural porque hoy no sólo es mostrar la obra y vender: al cliente hay que darle un valor agregado. Hay una responsabilidad social que las galerías tienen de hacer un aporte. No somos museos, vivimos de lo que vendemos, pero en el transcurso podemos hacer un libro, sentar un precedente, completar un capítulo histórico. Y al mismo tiempo se le da trabajo a editores, traductores, diseñadores.

 

 

¿La crisis institucional de arteBA afecta a las galerías?

Perjudicó a todo el espectro porque no es una crisis interna solamente. Hasta el día de hoy no hay respuesta clara de quiénes son los directivos o quiénes van a ser (NdR: días después de realizada la entrevista, arteBA anunció que Larisa Andreani fue designada presidenta). 

arteBA es una licencia que se dan coleccionistas para comprar, condensa gran parte de las compras anuales de las galerías y para muchas era el único incentivo de venta anual. Hay galerías que hoy no pueden sobrevivir: una parte de la responsabilidad es de la pandemia, otra de arteBA y otra de cada galería por no haber administrado sus bienes, su dinero o su proyecto.

 

 

¿Este contexto fortaleció a Meridiano?

No, las cosas no son directamente proporcionales. Lo fortaleció porque tuvimos que unirnos mucho más ya que no teníamos ni una figura donde descansar. Inevitablemente teníamos dos opciones: nos quedábamos mirando la catástrofe o nos reinventábamos. Somos gente con capacidad, contactos y capacidad de organizarnos. Pero somos facilitadores de gestión, no organizamos ferias. Ayudamos a un entorno a salir adelante. Toda esta crisis nos fortaleció directa o indirectamente, pero no es algo de lo que Meridiano esté orgulloso: preferiríamos que la feria se ejecute como siempre. Siempre estuvimos para apoyar a arteBA, pero para bailar tango hacen falta dos.

¿Cómo se planea el calendario 2021?

El plan A es que todo va a mejorar, el B, que todo va a empeorar. Las galerías deberían tener los dos planes. Si apuntás a uno solo te vas a pegar en la cabeza porque no hay nada más inestable que la realidad. Tenemos que estar preparados para que todo pueda suceder: si un día no te dejan cambiar dólares, un corralito, un cepo, pueden suceder un montón de otras cosas. Meridano hoy tiene un protagonismo que no tenía hace 2 años, la coyuntura hizo que terminásemos fortalecidos. Detrás de todo esto hay mucho trabajo: las comisiones que trabajan en Meridiano son un montón y desde las galerías dejamos de darle tiempo a nuestros espacio para dárselo a Meridiano.

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