Federico Fernández: “Los directivos del Teatro Colón son puestos a dedo”

Federico Fernández: “Los directivos del Teatro Colón son puestos a dedo”

Es primer bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. Creó su compañía para democratizar el acceso al repertorio de clásicos. Con vocación política, revela que le gustaría ocupar un puesto de relevancia en la gestión cultural porteña a futuro.

A priori, su historia replica el modelo de esos ‘cuentos de hadas’ que convierten a niños prodigo en monstruos sagrados. A los 14 años, mientras estudiaba en la escuela de Ballet del Teatro Colón, Federico Fernández fue fichado por Julio Bocca para integrar el Ballet Argentino y salir de gira por Europa. En 2004, y por concurso público, ingresó al Teatro Argentino de La Plata como solista y primer bailarín, mismo año en que accedió al Ballet Estable del Colón por concurso internacional. En 2012, a una edad en la que muchos todavía buscan su destino (25 años), ya había alcanzado la cima en su profesión.

Y, sin embargo, resistió la tentación de dormirse en sus laureles. Federico Fernández creó Buenos Aires Ballet (BAB), una compañía autogestiva que tiene el objetivo de democratizar la danza clásica –acercando también las creaciones cross género más innovadoras a un público neófito– y de facilitar a sus colegas –está integrado por bailarines del Colón, del Argentino de La Plata, del Ballet de Río de Janeiro–la oportunidad de sumar horas de escenario, dado el cada vez más acotado calendario oficial de presentaciones anuales.

 

 

 

 

¿Qué diferencia a Buenos Aires Ballet de otras compañías privadas de danza?

Surgió por la necesidad legítima de estar más tiempo en escena, de hacer más funciones de las que programan los cuerpos estables. El programa es concebido como una gala de ballet, en la cual se incluyen piezas clásicas, neoclásicas, contemporáneas e incluso de jazz: esa variedad del repertorio nos permite convocar a un público más diverso. Además, es una oportunidad para ver a las principales figuras y a los talentos emergentes de los elencos oficiales en roles diferentes a los habituales. Y, por si fuera poco, desde hace tres años nos presentamos en ND/Ateneo, un teatro comercial cuya programación habitual está más asociada al rock, el folclore, el stand-up: que nos hayan elegido como su primer espectáculo de ballet es un gran elogio.

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

GRACIAS @fundacionkonex !!! @balletestableteatrocolon @teatrocolon #PremiosKonex

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¿Dirías que tu compañía milita la causa de la democratización del ballet?

Totalmente, porque proponemos diversidad arriba y abajo del escenario. Por eso intentamos, con mucho esfuerzo de autogestión, que las entradas sean a precios populares, y también que haya facilidades en las formas de pago, descuentos y promociones. Soy el director de la compañía, y también el productor: en lo personal, no tengo ninguna ganancia económica, pero todos los bailarines cobran su cachet, algo que no es habitual en este formato. La democratización también se aplica puertas adentro: todos tenemos dos participaciones por función, lo cual nos pone en la misma posición y nos brinda la oportunidad de mostrarnos en roles que no suelen ser en los que se nos encasilla. Algunos colegas son parte inamovible del elenco, pero otros van rotando: depende de la agenda laboral, del cansancio y del interés de cada uno por el repertorio que presentamos mes a mes. En general, un grupo privado tiene una o dos parejas principales, pero acá es todo a la par: eso también es distintivo. En síntesis, esta iniciativa nació para responder a la necesidad de la gente de conectarse con la música y la danza desde un lugar menos intimidante que el Colón y, al mismo tiempo, de la necesidad de los bailarines de probar cosas nuevas en un ámbito más amigable a la experimentación. Mi intención es que el público le pierda el miedo a la lírica, al ballet y a la música clásica y, finalmente, se anime a ver un clásico completo en el Colón. Y también que nos demos el gusto de bailar música popular, folclore, jazz, rock nacional y tango.

 

 

 

 

 

¿Cuál es el principal desafío de gestionar una compañía de ballet independiente en el país?

Mi principal desafío es que esto perdure: no sólo que exista, sino que se visibilice lo suficiente para que todos puedan acceder. Es un reto complicado, no sólo por la situación del país sino también porque el ballet es considerado elitista. Mi objetivo es descontracturar a ambas partes porque sin un público más variado, el ballet no existe. Claro que también me propongo que consigamos un espónsor.

¿Y el mayor reto creativo?

Me gustaría que pudiéramos hacer un trabajo de investigación con jóvenes coreógrafos que creen obras especialmente para nosotros, de modo que podamos hacer producciones nuevas, más vinculadas con lo que nos pasa a los argentinos en lo cotidiano. Me encantaría transmitir, desde el escenario, contenidos más pluralistas. Pero para eso también necesitamos mayor presupuesto. Porque yo me ocupo del 80% de la gestión. El resto lo delego en una excolega que me ayuda a tramitar los seguros y hasta con la venta de las entradas el día de la función; un iluminador, un montajista y algunos proveedores más. No hay una mega estructura porque sería imposible mantenerla. Todo lo hacemos porque tenemos un interés genuino en salir a escena y brindar un buen espectáculo.

 

 

 

Tenés 32 años. Bailás desde los 14. ¿Cómo llevás ser un veterano a esta edad?

Estoy pasando por un proceso de conflicto existencial. Si bien soy maduro y centrado, llevo dos años en la búsqueda de deconstruirme. Quizás tiene que ver con una cuestión generacional, pero me cuestiono si seguir en mi zona de confort, dependiendo de la estabilidad que me da pertenecer al staff del Colón. Estoy tratando de entender si esa seguridad laboral y económica me llena, o si quiero arriesgarme a cambiar.

Por la cantidad de años que llevás en el Colón, has sido testigo privilegiado de distintos modelos de gestión cultural. Y sos de los pocos que han levantado la voz públicamente y sentado posición política. ¿Te ves como funcionario?

¡Sí, totalmente! Me veo y me gustaría. No dejo de entender que los puestos directivos del Colón son puestos a dedo por el gobernante de turno. Por eso, en algún punto, estoy tratando de instruirme políticamente, no sólo porque me gustaría ser director artístico del Colón sino también, en algún momento, ocupar un puesto mayor en la gestión cultural de la Cuidad. Me crié en una casa donde había arte y política. Con los años, el hecho de haberme formado y trabajado en ámbitos públicos me hizo sentir un compromiso mayor, porque el sueldo me lo pagan los ciudadanos con sus impuestos. El arte siempre es político. Esta postura me permite irme a dormir tranquilo. Pero es lo único que gané con expresarla. Todo lo demás ha sido muy complicado.

 

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