EE.UU. vs. China: cómo puede afectar la guerra comercial a la  economía argentina

EE.UU. vs. China: cómo puede afectar la guerra comercial a la economía argentina

El conflicto comercial entre los Estados Unidos y China acaba de sufrir una nueva escalada con la devaluación del yuan, que se suma a las nuevas multas por parte de ambos países, efectivas desde septiembre y octubre próximos. 

Van más de 400 días de un conflicto que tiene más que ver con el liderazgo tecnológico del futuro que con la balanza comercial. De un lado, Donald Trump impone tarifas a las importaciones chinas a riesgo de terminar perjudicando a parte del electorado que lo votó en 2016. Del otro lado, China debe sufrir las consecuencias de ser una economía –por ahora– más pequeña, al tiempo que Xi Jinping intenta mostrarse más contemporizador sin parecer débil a los ojos del Partido Comunista. En el medio, empresas como Apple o Huawei, entre otras, están obligadas a subsistir en un escenario de incertidumbre.

El analista Jorge Castro (presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico) y el politólogo Patricio Giusto (director del Observatorio Sino-Argentino), analizan el escenario a corto plazo y cuáles son las eventuales consecuencias para la Argentina.

China vs. Estados Unidos, ¿cuál es el escenario a corto plazo?

JC: Hay un acuerdo completo entre los Estados Unidos y China en lo que se refiere a los aspectos accesorios del conflicto. La única diferencia en este momento se refiere a un aspecto crucial para China, y sobre el cual insiste Trump, quien quiere que en el texto final surja de forma inequívoca que lo ya pactado se trata de un acuerdo de carácter jurídico y que los Estados Unidos aparezcan como garante. Por otra parte, China sostiene que esto afecta su interés y su honor nacional en lo que hace a su soberanía política. Pero este conflicto de comercial no tiene prácticamente nada. El núcleo es que las dos superpotencias del siglo XXI se están disputando la supremacía en lo que hace a las tecnologías decisivas de la nueva revolución industrial: Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas y robotización.

PG: Este es un conflicto con varias dimensiones. Una comercial, donde ambos se están haciendo daño: la economía china se ha ralentizado pero, al mismo tiempo, es como darse un tiro en el pie porque al estar tan interconectado el comercio, han empezado a sufrir los productores rurales y los consumidores estadounidenses. Pero el principal trasfondo de este conflicto es la disputa por la supremacía tecnológica en algunos campos como la inteligencia artificial, la robotización, las telecomunicaciones, el desarrollo aeroespecial y de tecnología militar. Tiene un plano geopolítico, vinculado con el avance de China en su región (básicamente en el Mar del Sur) que considera como aguas soberanas y eso le genera un montón de conflictos con vecinos y con los Estados Unidos, que las considera aguas de libre navegación. 

Y, por último, está la cuestión ideológica, porque hay un choque de ideologías: entre Donald Trump y los neoconservadores que consideran a China como una amenaza y la visión de China que propone un ascenso pacífico, la construcción de una comunidad de futuro compartido. 

¿Cuánto influyen las próximas elecciones en los Estados Unidos?

JC: Las elecciones del año que viene no dependen del conflicto con China. Dependen del hecho de que la economía estadounidense hace 6 trimestres consecutivos que crece a una tasa del 3 % anual y que la tasa de desocupación en este momento es de 3,6 %, la más baja en 60 años.

PG: A medida que se acercan las elecciones, aumentan las posibilidades de que Trump siga cediendo un poquito más y la posibilidad de llegar a un acuerdo más o menos comprensivo. Trump lanzó esta guerra comercial y tecnológica y, de alguna manera, hasta ahora no ha mostrado logros concretos: no redujo el déficit comercial, afectó a sus empresas, a sus productores y a sus consumidores. Y China, si bien sintió un poquito el impacto, sigue ahí y mejor posicionada en términos de imagen internacional. Las exportaciones de China a los Estados Unidos son el 19 % del total, es casi un quinto, pero China no depende solamente de eso. De hecho, las exportaciones netas son el 2 % del PBI de China. Ellos dependen más que nada de la demanda interna. Otra arma muy poderosa que tiene China es una canasta de importaciones y exportaciones bien diversificada, entonces tiene la posibilidad de favorecer a grandes competidores de los Estados Unidos y poner en serio riesgo el grueso de las ventas y de las inversiones de importantes empresas estadounidenses.

Jorge Castro

Dólar vs. renminbi ¿cómo podría afectar una guerra de  monedas a la  economía mundial?

JC: La denominada devaluación del renminbi fue de 0,53 %: desde el punto de vista económico, esto carece prácticamente de relevancia. Lo que tuvo es un enorme impacto simbólico porque los mercados financieros internacionales creyeron que este era un acto de represalia del gobierno chino a la imposición del 10 % respecto a estos u$s 300 mil millones que restaban sin ser sancionados de las exportaciones chinas al mercado estadounidense. En definitiva, no fue así. La prioridad absoluta de China es priorizar la internacionalización del renmibi, y para eso necesita el mantenimiento de la estabilidad cambiaria y monetaria. No hay devaluación alguna en este camino. 

PG: Los chinos consideran como una barrera psicológica los 7 yuanes por dólar, que se pasó la última vez. Hubo un impacto enorme en los Estados Unidos, pero también hay que analizar lo que pasó adentro de China: la incertidumbre y la desconfianza generó un impacto muy negativo. Es un arma de doble filo, porque cualquier movimiento que Xi Jinping haga con el renminbi es peligrosísimo para su sector financiero interno y para la confianza de los consumidores. 

Hubo gente que salió a los mercados a comprar más productos que de costumbre, por ejemplo. Entonces él sabe que es como jugar con fuego. Pero, en términos económicos, es quizás el arma más poderosa que tiene porque automáticamente hace más competitivas sus exportaciones, y eso para los Estados Unidos es un impacto fortísimo.

¿Cómo influye el lobby de las empresas de ambos países?

JC: El caso fundamental en este sentido es la empresa Huawei. Trump ya ha dicho que todo lo referido a la empresa Huawei es parte de la negociación con China. En lo que se refiere a la tecnología de avanzada de la nueva revolución industrial, a través de la red móvil 5G, la mayor empresa del mundo es Huawei. Esto es lo que está en juego en definitiva. Y está sujeto al texto público de un eventual acuerdo entre los Estados Unidos y China, que es lo que todavía está pendiente de negociación.

PG: Apple, por ejemplo, tiene muchas inversiones y mercado en China, y eso le pasa prácticamente a todas las tecnológicas estadounidenses. Y cuando a las empresas chinas les va mal, hay un impacto en Wall Street, porque está todo interconectado. Entonces, el lobby de ambas partes también está jugando fuertemente para que haya un acuerdo y un compromiso de no agresión, de estabilidad y de predictibilidad. Pero Trump tiene una postura distinta: prohibió las ventas de semiconductores, que es un segmento que los Estados Unidos viene liderando y que es indispensable para las tablets, los smartphones. Y en términos de software, la prohibición de Android lleva a Huawei a tener que preparar rápidamente un sustituto, que todavía no ha logrado. Pero las empresas no quieren el conflicto. De hecho, los principales directivos de las empresas estadounidenses manifestaron que la guerra comercial es lo peor que le puede pasar a la economía en términos de baja de consumo y aumento de los costos.

 ¿Cuál de los dos  países tiene  más reservas para soportar una  guerra larga?

JC: No sabría decir cuál de los dos. Lo que es seguro es que los Estados Unidos tiene claramente un predominio en materia de liderazgo mundial, cosa que acepta y reconoce la República Popular China. Acá hay una relación de competencia estratégica entre las dos superpotencias de la época. Lo que está en juego es lo que ha establecido la estrategia de seguridad de los Estados Unidos en 2017: caracteriza a China como el principal adversario y competidor estratégico. 

Con el agregado de que estiman que a través del sistema denominado Made in China 2025 está produciendo una aceleración en su dominio de la tecnología de avanzada que implica una amenaza hostil para los intereses vitales estadounidenses.

PG: En el corto plazo, los Estados Unidos está en una situación mucho más poderosa porque si bien China está camino a superarlos, ellos siguen dominando esos campos estratégicos de la tecnología. Pero creo que en el largo plazo China se va a terminar imponiendo en esta carrera tecnológica. Por su capacidad y su fortaleza, por todo lo que significa un país con 1.400 millones de habitantes y su desarrollo económico: ya tiene la mayor clase media del mundo. En el medio pueden pasar muchas cosas. Algunas que no estamos previendo: no se puede terminar de descartar un conflicto militar.  

 ¿Cómo juegan las personalidades de ambos líderes?

JC: Tanto Trump como Xi Jinping son líderes de una extrema fortaleza política, de modo que lo que se decida entre los dos es, en definitiva, lo fundamental del acuerdo. Ambas figuras son auténticos líderes políticos de envergadura, no son burocracias las que gobiernan a los Estados Unidos y a China

PG: Desde ya que no es el único factor, pero la personalidad de estos dos individuos es decisiva. Y ahí tenemos un personaje más bien imprevisible, Trump, a quien le gusta golpear para después negociar. Y China está acostumbrada al diálogo, a que se cumplan los acuerdos. Ahí entra la tensión entre una cosmovisión china de planificación, a la que no le gusta que le falten el respeto, y un líder que no viene de la política y ejerce la presidencia con el mismo estilo que cuando era empresario. Sin embargo, no han cortado el diálogo y siguen cooperando en otros planos, como la no proliferación nuclear o la lucha contra el terrorismo. Acá no hay guerra fría: este es un mundo globalizado con dos potencias económicas que están pujando. 

Patricio Giusto

¿Cuál de los dos arriesga más?

JC: Creo que los Estados Unidos es el número uno en esta época y China es la primera en reconocer esa supremacía en este contexto. La capacidad de decisión y el poder político que tiene Trump en el mundo es incomparable históricamente.

PG: Los dos están poniendo mucho en juego y saben que lo mejor que les puede pasar es llegar a un acuerdo. El tema son los plazos y el cómo. Por un lado, Trump está arriesgando mucho en términos de afectar su caudal electoral para 2020 en un momento en el que la economía está realmente muy bien: baja del desempleo récord, crecimiento, las acciones volando, la inflación estable. Puede hacer enojar a importantes sectores que lo votaron. Los productores agropecuarios del centroeste de los Estados Unidos votaron mayoritariamente a Trump y son los que están sufriendo las retaliaciones. Por el lado de Xi Jinping, se juega su prestigio y su liderazgo en el Partido Comunista. No puede mostrarse débil: está ante el desafío de querer acordar pero tampoco puede manifestar debilidad porque pone en juego su liderazgo. Y también su prestigio internacional porque, justamente, se está planteando como la contracara de Trump, quien se retira de acuerdos, es proteccionista y aislacionista, critica a las organizaciones internacionales. Y Xi Jinping es todo lo contrario: “Acá esta China para garantizar el crecimiento global”.

¿Puede afectar esta guerra comercial a la Argentina?

JC: En este conflicto entre las dos superpotencias no hay terceros países. Los Estados Unidos y China constituyen una realidad aparte del resto del sistema. Son las dos superpotencias de la época: el acuerdo o el conflicto entre ellas establece la línea fundamental del desarrollo de los acontecimientos globales. Los coletazos de eso se sienten en todo el mundo. La Argentina es un país mediano, ubicado en América del Sur, segundo después de Brasil: esa es la ubicación de la Argentina frente al mundo. Nos va a afectar como va a afectar a otros países, sobre todo en términos financieros porque se genera un factor de incertidumbre.

PG: En un mundo globalizado, si las dos potencias más grandes entran en guerra es muy difícil que haya un beneficio para el conjunto. Nadie gana con una guerra comercial: cuando aumenta la incertidumbre financiera, impacta muchísimo en los mercados de bienes y servicios. En la foto general, y en la situación de tanta fragilidad en la que está la Argentina, no hay forma de que salgamos beneficiados de esto. Podemos vender un poco más de soja o algún otro derivado, pero si llega a haber un acuerdo comercial, China se comprometió a aumentar las compras de productos agropecuarios a los Estados Unidos. ¿Y qué pasa cuando se devalúa el yuan? Nos impacta negativamente. 

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