Dalia Gutmann, la capocómica que 'aprendió' a ser feminista y llena teatros

Dalia Gutmann, la capocómica que 'aprendió' a ser feminista y llena teatros

Es la pionera local del stand-up en clave femenino con 'Cosa de minas', el unipersonal que lleva 9 años en escena. De locutora a humorista, encontró el éxito al compartir sus vivencias cotidianas como mujer, esposa y madre “neurótica y normal”.

Dice que es cabeza dura y que eso la salvó siempre. Recuerda que cuando era chica quería tener un negocio, o ser cajera de un supermercado. Que era muy simpática, la chistosa del grupo. Pero que eso cambió cuando llegó a la adolescencia, porque se inhibió. Todo empezó a darle vergüenza y se sentía sapo de otro pozo entre sus compañeras.

A los 21 descubrió la carrera de locución y cree que eso -encontrar una vocación- fue su salvavidas. Trabajó muchos años en un noticiero, pero lo dejó porque la realidad le hacía mal. Fue entonces que decidió hacer un curso de stand up. Se envalentonó cuando se dio cuenta de que podía hacer reír al público y ganar unos pesos. “Ví que, con esfuerzo y laburo, podía vivir de esto. No es que me viene por el lado de la danza o algo re artístico, no. Es de neurótica y de mina normal que le pasan cosas y trata de transformarlas en algo”, dice.

Dalia Gutman tiene 41 años, está casada hace 18 con el conductor y humorista Sebastián Wainraich, y tiene dos hijos: Kiara y Federico. Conduce 'La culpa es de Colon' -se emite por el canal Comedy Central y por Telefe- y 'Animadas', en la Televisión Pública. En octubre se publica su tercer libro, 'Tengo algo para decir'. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Y un dia vino @sebawainraichok a @animadastv y lo dio todo�� Si, los dos tenemos alma de raperos baby

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“¿Me pasa a mí o nos pasa a todas?” Esa pregunta es el disparador de 'Cosa de minas, el unipersonal de Dalia Gutman que, tras 9 años en escena (500 funciones y 150 mil espectadores), se despide el viernes 15 de noviembre con una gran fiesta en el Teatro Ópera Orbis. Estrenada en 2011 en un bar-teatro para 100 espectadores, el show creció hasta hacer temporada en las salas Liceo Comedy y Maipo, más gira por el país y la región (Ecuador, Perú, Chile y Uruguay).

¿Qué es para vos 'Cosa de minas', un fenómeno teatral con 9 años en cartel?

Es mucho. Es mi hijo laboral. Básicamente, 'Cosa de minas' surge de algo muy genuino: la necesidad de contar cosas que me pasan por ser mujer, sin guardarme nada y sin estar reprimiéndome. Siempre fui muy busca en lo laboral y en toda mi vida. Y me daba cuenta de que en muchas situaciones me decían: “Ay, vos sos mujer, no queda bien que hagas eso”. Desde lo físico hasta el vocabulario que usaba. Entonces, 'Cosa de minas' surgió de esa necesidad mía de ir contra todo ese discurso de “la mujer, no” o “por ser mujer no queda bien que hables así”. Quise hacer un show visceral para hablar de lo que se me canta sin estar pensando qué queda bien y qué no. Arrancó antes de la ola verde y todo el movimiento feminista, y maduró mucho. Siento que aprendo un montón. Lo produzco con Ale Bavera, que es comediante y súper militante del feminismo, y hay millones de cosas que discutimos y debatimos. Aprendo. Es un show muy particular porque empezó en el 2011: en estos 9 años en cartel se fue modificando pero nunca le cambiamos el nombre. La idea es cerrar este show armar uno nuevo el año que viene. El espíritu va a ser el mismo: hablar de cosas que nos pasan por ser minas, pero ahora que entré a los 40...

¿Cuán diferente es aquella Dalia de la actual, como mina?

Un montón. En principio, entendí la responsabilidad que tengo. Antes me cagaba de risa y era lo único que me importaba. Eso, y que la gente se ría. Después de un par de cagadas que me mandé, me di cuenta de que la gente viene al teatro y me escucha, que tengo una responsabilidad social y no puedo ir a un programa a hablar sin estar informada. Si vos estás ante un micrófono o querés ocupar cierto lugar artístico, hay cositas que tenés que cuidar más. Una vez Ángela Torres contó que había dejado el colegio y yo la festejé: después me di cuenta de que “no, loco, tenés que ir al colegio”. Me di cuenta de que tengo que pensar más en grande, porque hay un montón de gente que se va a sentir influenciada por lo que diga. También cambió cómo me paro en el escenario y de qué me río. Me estoy deconstruyendo, como mucha gente.

¿No es aburrido tener que hacer reír todo el tiempo?

Es como toda profesión: una no quiere todo el tiempo estar haciendo lo que hace. Por eso los humoristas quedamos tan amargos muchas veces. Puede ser que haya días que esté más divertida que otros. Pero se espera mucho del humorista, que te tiene que divertir y entretener. Tengo la teoría de que el humor viene de un sufrimiento. Hay una frase que me encanta: “El que hace humor ha pagado por ello”. Si vos pudiste hacer un material humorístico, generalmente es porque te pasó algo que te dolió tanto que necesitaste hacer algo con eso. Me parece que el tipo muy feliz jamás se dedicaría a hacer humor.

¿Cómo te sentís en la conducción de 'Animadas'?

El proyecto me gustó mucho desde el momento en que me lo ofrecieron, hace tres o cuatro meses. Me interesa mucho la Televisión Pública porque no tiene ese delirio del rating o del productor loco porque llore el invitado. Si un día me ven hacer eso es porque tengo un problemón económico muy grave y lo tengo que resolver de esa manera. También me gusta llegar a todo el país. Me gusta esto de animarse a hacer cosas, que para las mujeres es re importante: funcionamos en tribu, aunque no lo terminemos de saber. Una se anima a algo y le está abriendo la puerta a otras miles que se van a animar. Y hay otra cosa que me fascina del programa: todos los días me voy aprendiendo algo. Eso es un golazo.

¿Qué aspecto de la maternidad te copa menos?

Me da mucha fiaca, pero lo tengo que hacer, todo lo que es rutina: baño, tarea, cuaderno de comunicaciones, desempiojar, que la comida sea balanceada entre la cena y el almuerzo. Para todo eso soy muy mala.

¿Y en qué sos buena como mamá?

Tengo re en claro un concepto que para mí es importante: ayudar a florecer a mis hijos, entender que son otras personas. Es re psicoanalítico, pero re importante: entender que el otro es otro, que si a vos te gusta la pintura, el pibe puede odiarla. Me parece que soy buena en eso. Mis hijos son re distintos a mí en un montón de cosas. Me encanta ayudarlos a que la pasen bien con lo que les gusta. Igual, todo esto lo aprendí a los ponchazos (ríe).

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Holis. Acá, con mi lomazo abriendole los brazos al mundo.

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Está por salir tu tercer libro, ¿cómo es tu proceso de escritura?

Para mí, escribir un libro es el laburo más laborioso de todos los trabajos que existen. Son muchas horas de culo silla. Así como no soy una chica “cocina – planta”, siempre fui una chica de diario íntimo. Hace como tres años que vengo mandándome mails con ideas. Y, cuando surgió la posibilidad de escribir este tercer libro, los compilé. Son recuerdos de mi infancia, reflexiones que me gusta llevar un poco humorísticamente, pequeños pensamientos que voy teniendo en lo cotidiano que me ayudan. Es como un libro que saca mi lado autoayuda. ¡Pero me río de eso y me gasto a mí misma!

¿Qué te saca las ganas de reír y hacer reír?

Depende mucho del grado de sueño que tenga ese día (ríe). El sueño y el hambre re influyen en lo que te hace sufrir. Más de una vez me ha pasado de estar en el auto sacada, bajar, comprarme un chocolate y que mi vida mejore un 100%. Una amiga mía, que es muy sabia, me dijo: “Que ningún estado te atrape”. Soy muy empática, me afecta mucho lo que le pasa al que está al lado mío. Por eso hago comedia: trato de transformarlo en algo positivo.

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