MIÉRCOLES 22/01/2020
Alfredo Arias: “En vez de elegir hadas de cuento, elegí a Eva Perón”

Alfredo Arias: “En vez de elegir hadas de cuento, elegí a Eva Perón”

Es el director y dramaturgo argentino más exitoso en  París, donde vive hace 50 años. Sin embargo, siempre está volviendo a Buenos Aires para montar espectáculos donde reflexiona sobre “la gran fábula de nuestra historia política”, haciendo especial énfasis en el peronismo.

Afuera del bar de Recoleta en el que se desarrolla la entrevista el mundo se cae a pedazos y la lluvia condena a los ciudadanos de a pie a hacer movimientos apurados para no empaparse. Pero Alfredo Arias está impecable, sentado a una mesa como si nada de lo que sucede en el exterior estuviera pasando realmente. Lleva un elegante saco de paño negro, un sombrero y anteojos espejados que dificultan mirarlo a los ojos. Arias es autor y director de teatro. Sus piezas forman un abanico diverso que incluye comedia, music hall y ópera. Formó parte del movimiento artístico del Instituto Di Tella y hace más de 50 años que vive en París, ciudad en la que se radicó a sus 23. Estuvo los tres últimos meses en la Argentina, ocupado en dos proyectos que abordan temáticas que le apasionan. Terminó de filmar Fanny Camina, una película para el canal Encuentro que evoca a Fanny Navarro -amiga íntima de Eva Perón y amante de su hermano, Juan Duarte- en el contexto de la Argentina actual. Y montó Happyland, una obra de teatro escrita por el dramaturgo Gonzalo Demaría que habla sobre María Estela Martínez de Perón y ya es uno de los hitos del año en el San Martín.

¿Qué fue lo que más te atrajo de una obra sobre Isabelita?

Principalmente, que me permite continuar esta especie de reflexión y análisis sobre el peronismo que hago a mi manera, sin ser didáctico, a través de la fantasmagoría del teatro. Me pareció muy oportuno porque es un personaje olvidado, del que nadie habla. Una persona que, por una cantidad de situaciones aleatorias, llega a ser presidente de los argentinos sin ninguna preparación. Es fascinante porque contribuye a la gran fábula de la historia política argentina, tan rica en eventos absurdos que, cuando uno lo cuenta en el exterior, casi que no pueden creer que nos hayamos alimentado de tantas pesadillas.

¿Por qué elegiste el peronismo como eje de tu carrera internacional en el teatro?

El peronismo es mi infancia. Fui un niño peronista en una familia de radicales. Fui un chico relativamente problemático porque no respondía a lo que se esperaba de un niño en ese marco de gente modesta. Pedía a gritos hacer cosas artísticas: dibujar, pintar, aprender música, ballet. Constituía una gran preocupación. Seguramente buscaba mi identidad. Y hoy pienso que mi refugio en la iconografía peronista, en Eva Perón, debe haber sido una búsqueda de mi lugar que finalmente, al ser contemporáneo del régimen, encontré cuando estaba en la escuela primaria y pude participar de los actos peronistas. Y existir.

¿Y cómo, siendo un niño de familia radical, te identificaste tan temprano con el movimiento político antagónico?

Es difícil decirlo… Tenía 6 u 8 años y me llegó por las imágenes, por la fábula, por lo que se contaba y se decía de Evita. Que iba a pasar tirando juguetes por las calles o que, como una aparición divina, iba a surgir en medio de un barrio, caminando. Había como una esperanza de algo extraordinario a través de esa mujer. Y pienso que, en vez de elegir hadas de cuento, elegí a Eva Perón. También me fascinaba La razón de mi vida, sus fotografías. Todo lo que constituía su iconografía era muy motivante, más que otra que me interesaba muchísimo, que era la del mundo del cine. Pero ella la superaba: tenía un poder más allá de la pantalla.

¿Cómo fue pasar tu infancia y adolescencia en el Liceo Militar?

Fui separado de mi familia muy tempranamente, a los 11 años. Y no volví más. Mi familia durante mi infancia no sabe muy bien dónde ubicarme, porque soy una personalidad que se mueve todo el tiempo pretendiendo estar en otro ambiente, en otro mundo, y estudiar otras cosas. Entonces me manda al Liceo Militar. Eso crea en mí un mecanismo de protección que es imaginar cosas: cuentos, fábulas, filmes, piezas de teatro, imágenes. Es lo que me protegió de un ambiente y de unas circunstancias que me eran constantemente hostiles. No encuentro, ni en mi infancia ni en mi adolescencia, ningún eco afectivo en ningún lugar. No tenía otra cosa que hacer más que sobrevivir o renunciar. Y ese último no fue el caso.

Emigraste a Francia hace 50 años. ¿Por qué siempre estás volviendo a trabajar en Buenos Aires?

Porque mis raíces están acá. Nunca tuve la pretensión de volverme francés. Además, acá están los fundamentos de mi persona. Cuando estás en la Argentina, todo es identidad. Todo habla y, en cada persona, uno reconoce la profundidad de sí mismo. En un país extranjero eso no pasa. Y no tiene nada que ver que te vaya bien o mal: sos una persona solitaria que trata de descifrar el misterio de otra cultura. Es muy arduo. Soy alguien que nació en la Argentina, que vive desde hace mucho tiempo en Francia y viajo según el interés de los eventos y de los proyectos.

¿Ya descubriste qué es ser artista?

Es ser una persona que pretende modificar la realidad todo el tiempo. Es decir: la realidad es de una manera y el artista va a proponer otra manera de verla y vivirla. Es nuestro trabajo a través de cosas a veces nimias, pequeñas, arbitrarias o innecesarias. Pero ese es el lenguaje del arte: poner cuñas, señaladores que pueden dar una perspectiva de pensar de otra manera. Que no son definitivas, porque es la elaboración de la sociedad. El lenguaje de los artistas es desacomodar para que se acomode.

¿Qué significado tiene el teatro en tu vida?

(Ríe) Después de tantos años, lo puedo decir: quedé atrapado en el teatro. Debo confesar que veo más cine, exposiciones, escucho música de todo tipo... Mi lenguaje está más abierto hacia una perspectiva más de creador con varias disciplinas más que al teatro. Fundamentalmente, quería hacer cine. Después la vida me condujo hacia el teatro y quedé atrapado. Ahora estoy tratando de salir. Salir quiere decir que voy a hacer en el teatro solamente una temática que me parezca fundamental para mí. De creación y no de repertorio. Y después tratar de hacer cosas multidisciplinarias, donde se puedan reunir la danza, el teatro, el trabajo videográfico, la pintura.

¿Cuál de todas tus obras es la que más te representa?

Tatuaje, sobre Miguel de Molina. En ella se combinan el problema de la percepción por la identidad sexual confrontado con la política y con Eva Perón. Esa es la obra que me representa profundamente.

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