Al calor de Sevilla: guía para recorrer la capital de Andalucía

Al calor de Sevilla: guía para recorrer la capital de Andalucía

La capital andaluza es sinónimo de sol, tapas, flamenco y arquitectura mudéjar. Desde sus antiguos barrios hasta sus monumentos, un recorrido por la ciudad más alegre y bulliciosa del sur de España.

Sevilla tiene un ‘calor’ especial, podría decirse parafraseando la famosa canción de Los del Río. Sobre todo, si se la visita entre junio y agosto, cuando la temperatura puede alcanzar tranquilamente los 40 grados. Pero fuera de estos meses, siendo abril y mayo los favoritos, el calorcito sevillano se vive -y respira- de un modo mucho más amigable para salir a recorrerla.

La capital andaluza, ubicada a sólo tres horas en tren de alta velocidad desde Madrid, es una ciudad que invita a visitarla con calma, a pasearla, a descubrirla poco a poco, a dejarse atrapar por su encantador casco histórico, sus bares de tapas, sus monumentos y su cultura flamenca.  

Desde el antiguo barrio de Santa Cruz hasta el de Triana, al otro lado del río Guadalquivir, Sevilla vibra y nos lleva a sumergirnos en un ambiente alegre y bullicioso, con una caña o una copa de vino de naranja a la mágica luz que refleja la Torre del Oro.

Un trío monumental

Santa Cruz es un auténtico laberinto de calles que conforman uno de los cascos históricos más grandes del mundo. Es el antiguo barrio judío de Sevilla, donde durante la época de Fernando III de Castilla se concentró la segunda comunidad judía más importante de España después de Toledo.

Formado por pintorescas plazoletas, estrechos callejones y varios pasajes empedrados, alberga importantes edificios y esconde una historia en cada uno de sus muros y paredes.

Allí se encuentra la Plaza del Triunfo, el lugar más monumental de Sevilla: en ella se ubican los históricos edificios del Archivo General de Indias, más la Catedral con la Giralda y el Real Alcázar, los tres declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Viajar a Sevilla y perderse la visita a la Catedral y el Real Alcázar sería un pecado. Por eso, para evitar las largas colas que suelen formarse en la entrada, es clave sacar las entradas con anticipación por internet, con una fecha y hora asignada.

Por un lado, hablamos de la catedral gótica más grande del mundo. Esta antigua mezquita pasó a ser catedral de la archidiócesis del Reino de Sevilla tras la reconquista en 1248. Su reconstrucción duró más de 500 años, lo que dio lugar a la mezcla de varios estilos arquitectónicos que hoy le aportan una belleza especial. En su interior alberga los restos de Cristóbal Colón y en la parte de afuera, el tradicional Patio de los Naranjos y La Giralda, el monumento más emblemático de la ciudad. Esta torre, con sus 101 metros de altura, fue en su época la más alta de Europa. La buena noticia es que no tiene escaleras, sino 35 rampas hasta su mirador. Esto le permitía al sultán subir a caballo para ver las increíbles vistas desde el campanario.

Por el otro, hablamos del Real Alcázar, el palacio real en uso más antiguo del Viejo Continente. Sus patios, sus jardines de ensueño y sus espectaculares salas repletas de azulejos hacen de este conjunto palaciego una ciudadela casi irreal. No por nada los productores de Game of Thrones lo eligieron como escenario para recrear el Reino de Dorne en la exitosa serie de HBO.

Por último, con entrada gratuita, el Archivo General de Indias. Se creó en el siglo XVIII y actualmente alberga más de 40.000 documentos que relatan los viajes de los exploradores y conquistadores españoles al Nuevo Mundo, incluyendo cartografía y cartas de Cristóbal Colón y Hernán Cortés.

Al otro lado del río

La capital de Andalucía es mucho más que monumentos. Al otro lado del río Guadalquivir se encuentra Triana, el barrio gitano, cuna de un gran número de artistas flamencos, célebres toreros, insignes alfareros e históricos navegantes. Está unido al centro de la ciudad por el Puente de Isabel II, spot perfecto para ver el atardecer. Basta cruzarlo para darse cuenta de que Triana es un barrio, ante todo, auténtico y con una fuerte identidad propia. De hecho, muchos trianeros cuando lo cruzan desde sus casas dicen “voy a Sevilla”.    

A sus pies se encuentra la Plaza del Altozano, donde nos recibe el mercado popularmente conocido como Plaza de Abastos: un lugar donde los vecinos del barrio hacen sus compras y los turistas pueden probar sabores locales en pequeños puestos de comida.  Fue construido sobre los restos del Castillo de San Jorge, que funcionó como sede y prisión de la Inquisición española de 1481 a 1785. El mismo fue derribado en el siglo XIX y hoy funciona como museo de esa época oscura de la Historia. El recorrido por este singular barrio puede seguir por el paseo Nuestra Señora de la O, junto a la mítica y ajetreada calle Betis que corre en paralelo al río Guadalquivir. Desde esta orilla se puede ver una linda postal de Sevilla, con La Giralda y la Torre del Oro como protagonistas.

Y como no se puede hablar de Triana sin mencionar el flamenco, no podemos irnos de este lugar sin visitar un tablao, heredero directo de los antiguos cafés cantantes que se popularizaron a mediados de siglo XIX. Orillas de Triana es uno de los lugares más recomendados para disfrutar de este arte de origen andaluz: ofrece shows de una hora con cuatro artistas en escena.

Clásica y moderna

Sevilla tiene su cara clásica, la más conocida, con lugares como la Plaza España y la Plaza de Toros, pero también otra más moderna con edificios que se infiltraron en el tradicional casco histórico de la ciudad durante los últimos años.

El lugar más espectacular  –según sevillanos y turistas- es la Plaza España: encuadrada dentro del Parque de María Luisa, fue diseñada por el arquitecto sevillano Aníbal González como espacio emblemático de la Exposición Iberoamericana de 1929. “Señores, yo sabía que esto era bonito… Pero no tanto”, dijo el rey Alfonso XIII al verla terminada.

La monumental plaza tiene en sus paredes una serie de 49 bancos de azulejos que representan a provincias españolas. Además, está bordeada por un canal de 500 metros, donde se puede navegar, que atraviesa cuatro puentes. Estos representan los antiguos reinos de España: León, Castilla, Aragón y Navarra.

Pero durante los últimos años se infiltraron modernos –y polémicos- edificios en el tradicional casco histórico. Uno de ellos es el Metropol Parasol, más conocido como Las Setas de Sevilla, en la Plaza de la Encarnación. Esta gigantesca escultura de madera serpenteante fue diseñada por el alemán Jürgen Mayer-Hermann y presenta una arquitectura muy diferente al resto de la capital andaluza.

El otro, que generó una fuerte polémica entre los sevillanos por superar por unos 70 metros la altura de La Giralda, es la Torre Cajasol, diseñada por el arquitecto argentino César Pelli. Se trata del primer rascacielos de toda Andalucía, ya aceptado como parte de la silueta urbana.

De tapas por la capital andaluza

Sevilla -España, me atrevo a decir, pero eso es otra discusión- es sinónimo de buen comer. Y para ello, nada mejor que darse una vuelta por la Alameda de Hércules: la zona con más bares y restaurantes por metro cuadrado de la ciudad. Son un par de cuadras llenas de opciones para comer y beber en terracitas o mesas ubicadas en la vereda, que empiezan a llenarse de sevillanos y turistas a partir de las 6 de la tarde.

La oferta gastronómica es muy amplia, pero algunos lugares para agendar y visitar por la noche son Dúo Tapas, La Terraza y Antojo, todos sobre la calle Calatrava. Más cerca de Las Setas, en la calle Gerona, El Rinconcillo merece una visita por ser el bar más antiguo de Sevilla (abrió en 1670) y sobre todo por sus famosas espinacas con garbanzos.

Fuera de esta zona también hay excelentes opciones: abierto desde 1850, Casa Morales es un clásico de las tapas sevillanas; y Las Teresas, desde 1870, otro histórico con jamones colgando sobre la barra. La Bodeguita Romero y la Bodega Dos de Mayo, dos must para visitar a precios muy económicos.  Al mediodía, ideales para almorzar y hacer una pausa de las visitas monumentales, Ovejas Negras y Mamarracha son dos locales con opciones modernas de tapeo situados a pasos de la Catedral.

¿Qué pedir? Si bien cada local tiene su especialidad, con propuestas de clásicas a modernas, hay platos que representan la verdadera gastronomía sevillana: la ensaladilla rusa, el montadito de pringá, el gazpacho, el rabo de toro, el flamenquín y el cocido andaluz.

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