Recuerdos de la guerra: Cándido López en el Museo Histórico Nacional

El artista realizó una serie de obras sobre la guerra de la Triple Alianza que abundan en detalles. Lo hizo tras perder su brazo derecho en combate, lo que lo obligó a reeducar su brazo izquierdo.

Recuerdos de la guerra: Cándido López en el Museo Histórico Nacional

Cuando Cándido López (1840-1902) regresó del frente de batalla donde combatía en el marco de la guerra de la Triple Alianza (1865-1870) lo hizo porque un casco de granada había mutilado su brazo derecho. En tierras mesopotámicas había continuado con su oficio de artista ahora abocado a imágenes de batalla que enviaba a Buenos Aires para comercializarse entre una población con sed de noticias de la guerra.

Las lesiones en el enfrentamiento de Curapaytí habían precipitado su pase a retiro por invalidez y una vez instalado en San Nicolás debía volver a comenzar. Entrenó su mano izquierda, apeló a su cuaderno de bosquejos trazados en el frente, y realizó una serie de pinturas sobre la guerra que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay que se convirtieron con el tiempo en documento de uno de los conflictos bélicos más cruentos de la región.

El proyecto original del artista era realizar un ciclo de noventa óleos, de los que llegó a pintar poco más de cincuenta. Veintinueve de ellos fueron expuestos en los salones del Club Gimnasia y Esgrima en marzo de 1885 y luego adquiridos en 1887 por el Poder Ejecutivo, que más tarde cedidos al Museo Histórico Nacional. Por estos días, el museo ubicado en Parque Lezama, exhibe “Cándido López, entre la pintura y la historia”, una oportunidad para acercarse a los característicos óleos apaisados repletos de detalles, donde se mezclan las escenas de la vida cotidiana en el frente, la muerte en combate y los paisajes mesopotámicos.

López se había especializado en la técnica del daguerrotipo antes de convertirse en pintor. En un principio fue autodidacta, luego tomó algunas clases profesionales y cuando estaba por partir a especializarse en Europa fue llamado a combatir al frente. Su pasado en la floreciente fotografía lo acercó a las técnicas de encuadre, elemento fundamental de su serie sobre la Triple Alianza. La precisión en la ejecución, el detalle capturado, la expresión en la pequeñez de sus figuras, son algunas de las características que se repiten a lo largo de su serie.

En las obras de López la sutileza aplaca todo intento de morbo. No es necesario desparramar pinceladas de óleo rojo para dar cuenta de los cruentos enfrentamientos de la guerra. En “Batalla de Yatay” asistimos al dolor de los heridos en las pequeñísimas figuras donde apenas se distingue una boca abierta y un grito de dolor. En “Episodio de 1° de caballería en el Estero Bellaco” los muertos paraguayos se mezclan con sables perdidos, gorros caídos y hombres aún en combate.

El día a día de los soldados está representado en “Campamento argentino frente a la Uruguayana”, obra que se presta a la descomposición en historias mínimas; allí aparecen las cocinas de campaña, el traslado de los enfermos, una charla casual entre soldados, mientras otros preparan sus instrumentos musicales. El abastecimiento de carnes, la misa, el momento alrededor del fogón son escenas que se repiten esparcidas a lo largo de toda la serie de cuadros.

Los paisajes, entre descampados, ríos y palmeras, revelan otro lado del campo de batalla así como la habilidad de López para recrear los amaneceres y atardeceres en el frente. Las penumbras de algunos cuadros remiten a las obras del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich.

“Cándido López, entre la pintura y la historia” puede verse en el Museo Histórico Nacional, Defensa 1600, hasta el 4 de junio.