"El caos" de Luis Felipe Noé en el Bellas Artes

La exposición reúne pinturas, dibujos e instalaciones de todas las épocas del artista y pone el acento en los rasgos que se mantuvieron constantes mientras desarrolló su estética del descontrol, una marca personal.

No es casual que la retrospectiva de Luis Felipe “Yuyo” Noé (1933) que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes inicie con una de sus últimas obras, la instalación “Entreveros” que condensa lineamientos estéticos de todas las etapas del artista. “Yuyo”, como se lo apoda, pasó los últimos 60 años de su vida pintando y a los 84 considera que esta exhibición, que no por nada se titula “Mirada prospectiva” es la primera pincelada de su futuro.

“Me gustó la propuesta del título. Eso de tener 84 años y hacer una retrospectiva… he leído en el diario que ahora se puede vivir hasta los 115 años. Por eso la exhibición me parece una mirada prospectiva”, sostuvo Noé durante la recorrida que compartió con los periodistas por el pabellón de exposiciones temporarias del museo.

Noé, quizás el último gran maestro vivo del arte argentino, comenzó a pintar en sus últimos años de adolescencia. En 1959 realizó su primera exposición individual en la Galería Witcomb. Entre 1961 y 1965 formó parte del grupo Otra Figuración o Nueva Figuración Argentina donde compartía trabajo con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega. “Yuyo” se caracterizó también por su amplia producción como ensayista.

La exposición, con curaduría de Cecilia Ivanchevich, reúne pinturas, dibujos e instalaciones de todas las épocas y pone el acento en los rasgos que se mantuvieron constantes mientras el artista desarrolló su “estética del caos”. Aunque se puede rastrear una línea cronológica en el montaje, la muestra fue pensada en torno a tres claves de lectura: la conciencia histórica, la visión fragmentada y la línea vital.

La primera línea, la conciencia histórica, refleja el compromiso del artista con los tiempos políticos y sociales que le tocó vivir. Apela a la ironía, la cita y el humor para soslayar una crítica. Ivanchevich lo explica de la siguiente manera: “Un tema que siempre lo convocó fue el pueblo. “Introducción a la esperanza”, de 1963 (una obra donde se ve una muchedumbre que remite a una manifestación con pequeños bastidores que sobresalen al lienzo mayor y que emulan carteles que los sujetos alzan), se colgó al lado de una obra de 2006, “La pueblada” (una obra donde la gentío ocupa un lugar menos destacado y donde se distingue la mezcla de materiales como el cartón y la tela). Aquí la constante sigue siendo la temática, pero se puede observar una maduración estética, un desafío que el artista se presenta para poder encarar el mismo tema a lo largo del tiempo”.

Cuando se aborda la obra de Noé desde la concepción de visión fragmentada se entra en una época de delimitaciones bien definidas. Son cuadros donde el artista divide el bastidor en distintas áreas para crear. Los de arriba y los de abajo, los de adentro y los de afuera serán algunas de las hipótesis de trabajo que abordará.

La línea vital, tercer enfoque que desarrolló la curadora, es uno de los más presentes a lo largo de toda la producción. A fines de los ’60 atravesó una etapa donde, desilusionado con el rol de arte en la sociedad, deja de pintar, pero no de crear. En terapia, a donde acude para tratar sus inquietudes, dibuja a mano alzada y crea personajes. Surge de esas sesiones la serie “Dibujos en terapia” de los cuales se exhiben algunos de los 70 que la conforman.

En la medida que Noe ingresó al nuevo milenio la utilización del papel se hizo más predominante en su obra. Eso le permitió jugar con otras irregularidades mientras continuaba desarrollando sus trabajos sobre líneas.

En 2009 su carrera toca uno de los puntos máximos de consagración: es elegido como representante de Argentina en la Bienal de Venecia. El envío se tituló “Estática-Velocidad” una obra de 11 metros de largo y 3 de alto que condensa muchos de los planteos que Noé hizo durante su carrera.

“Trabaja con una especie de patchwork de sí mismo. Lo hace sobre papeles y cada sector es un papel donde él genera distintas lógicas de trabajo y las pone en tensión a través de la vibración del color”, afirma Ivanchevich.

La recorrida concluye en la instalación “Entreveros” que recibe a los visitantes. Noé interrumpe a la curadora para agradecer públicamente a sus colaboradoras. “Sin ellas esto hubiese sido imposible”, afirma. Los fotógrafos le piden que se coloque en medio de su obra, entre las vigas dibujadas con líneas, pintadas de tonos vibrantes y en algunas partes decoradas con pequeños pedazos de vidrio. “Yuyo” está en su caos y parece feliz.

“Mirada prospectiva” se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Del Libertador 1473, hasta el 20 de septiembre.