De Barracas a Nueva York a través de las obras de Alejandro Avakian

La galería Azur exhibe obras de la última década del artista. En diálogo con Clase Ejecutiva cuenta cómo llego a Brooklyn y cómo influyeron las luces de Nueva York en su técnica.08

De Barracas  a Nueva York a través de las obras de Alejandro Avakian

La galería Azur exhibe “Untitled” una selección de obras de la última década de Alejandro Avakian, el artista de origen armenio que distribuye sus tiempos de producción entre el barrio porteño de Barracas y la zona más bohemia de Nueva York, Brooklyn.

Formado en talleres a principio de los ’90, abrió su estudio en el barrio sureño en 2007. Durante un viaje a Estados Unidos cruzó el puente de Brooklyn y descubrió DUMBO, el barrio vinculada al diseño y al arte que comenzó a popularizarse a principios de los 2000. Se enamoró del lugar, pero no sería hasta tiempo después que abriría su taller allí.

Rodeado de sus pinturas que cuelgan en la galería de la calle Arroyo, Avakian recuerda cómo desembarcó en un ámbito artístico difícil, pero fascinante y anhelado para cualquier artista. “Me contacta una persona de Estados Unidos, un empresario de origen argentino que a los 5 años se fue a vivir allá. Vino a Barracas y le llegó mucho lo que yo hacía. Fuimos a comer y me dice ‘vos lo que tenés que hacer es unir lo que estas haciendo en Barracas con Nueva York’. Le comenté que había estado ahí y me dijo ‘Si vos das el paso, yo te compro y financiamos el proyecto’”.

Era 2010 y Avakian no apostó a la promesa del hombre de negocios. Con los gastos cubiertos viajó nuevamente a Nueva York e instaló su taller en esa zona que tiempo antes tanto lo había cautivado.

“Se dio una conexión muy fuerte con él, viajé, alquilé un estudio. Hicimos tres proyectos juntos – él financiaba el proyecto a cambio de obra-  Me aseguraba la posibilidad del financiameinto para viajar. Pero cuando vas a Nueva York te explota la cabeza, una cosa es ir dos días otra instalarte”, recuerda el artista.

El estilo de Avakian se asemeja al action painting que popularizó el estadounidense Jackson Pollock en la década del ’40. Pinta sin hoja de ruta, recurre a sentimientos, estado de ánimo y niveles de energía. Si emerge alguna historia o figuración, será con la obra finalizada y porque las libres interpretaciones así lo quisieron; de él nunca surgirá. “Las líneas se arman solas – explica frente a sus cuadros en Azur-, yo les llamo líneas lúdicas, dramáticas, románticas”.

Las telas de gran formato lo dejan exhausto. Las puede pintar en un día siempre y cuando considere que tenga la energía suficiente para hacerlo. Cuando la fuerza es menor se vuelca a las tintas de menor tamaño. “Tengo un autoconocimiento sobre qué tengo ganas de pintar; hay días que no tenés ganas, uno no es una máquina de pinta”, admite.

En sus obras más dramáticas las líneas se cruzan, se amontonan, emergen los colores, se esfuman. Aparecen las huellas de sus dedos que cruzan el lienzo. Utiliza pincel, espátula, chorrea los óleos, que los aplica de forma más densa o más transparente.

La experiencia neoyorquina lo llevó a variaciones en sus composiciones. “Allá son muy concretos: va o no va. No hay término medio. Eso me llevó a ser más directo en la pintura. Antes era más romántico. Ahí sobrevivís si estas, si no estas, afuera”, cuenta. De la densidad pasó a un espacio pictórico más abierto donde los blancos del lienzo no son elemento a temer.

Avakian (centro) frente a una de sus obras en Azur.

El uso del color disminuyó también a partir de pintar en la ciudad estadounidense. Lo marcó también un viaje a Japón donde experimentó con la tinta y las posibilidades del blanco y le negro. Sin embargo, el color no lo abandonó del todo. “La elección del color tiene que ver con un tema espiritual, como sentís vos la necesidad en ese momento. No es que yo elijo hacer la serie negra, yo no trabajo así, yo pinto”, explica.

“Untitled” de Alejandro Avakian puede visitarse en galería Azur, Arroyo 981.

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