Cumple 100 años el único palacio francés abierto al público

Cumple 100 años el único palacio francés abierto al público

El Palacio Errázuriz Ortúzar, sede del Museo de Arte Decorativo, fue hogar de una de las familias más ricas del siglo XX. Para celebrar su centenario, por primera vez se dará acceso al vestidor de Josefina de Alvear. Buscan mecenas privados para financiar la restauración. 

El 18 de septiembre de 1918, el matrimonio del chileno Matías Errázuriz Ortúzar y la argentina Josefina de Alvear inauguró con una pomposa fiesta su casa, un palacio de inspiración francesa de 4.300 m2 que combinaba distintos estilos decorativos con las comodidades del incipiente siglo XX. Mientras Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial, las familias más adineradas argentinas, cuyos fortunas se habían abultado gracias al modelo agroexportador que apuntalaba la economía del Centenario, poco parecían sentir los coletazos bélicos.

Un siglo después, el edificio proyectado por el francés René Sergent y ejecutado en Buenos Aires por Eduardo Lanús y Pablo Hari para la intersección de las actuales avenida Libertador y Tagle, alberga el Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD). Ya no viven allí los miembros de una estirpe cuyas ramificaciones llegaban a las presidencias argentinas y chilenas, pero su espíritu se mantiene vigente con la preservación de los espacios. Para conmemorar los primeros 100 años se comenzó con la restauración del baño y el vestidor que pertenecieron a los aposentos de Josefina de Alvear con el que buscan recuperar el espíritu Directorio, una estética francesa post revolucionaria que sirvió de transición entre los estilos Luis XVI e Imperio.

El espacio ubicado en el primer piso del palacio nunca había sido abierto al público. Esta separado en dos partes: un área seca, delimitada por el parqué del piso, donde se ubicaba el vestidor, y una húmeda, con pisos de mármol, donde se encontraba propiamente el baño. Están separados por un arco ornado con casetones en faux marbre y un barral -que aún se conserva- del cual colgaba un cortinado. En una punta, una puerta disimulada como pared conectaba con el dormitorio de la señora; en el otro extremo, una delgada puerta llevaba a los aposentos del señor.

Una estrecha escalera ubicada en una pequeña antesala conecta con el entrepiso de los aposentos. De nuevo, más espacio de guardado para una familia cuyos ajuares se componían de las piezas más refinadas de París, donde alternaban temporadas entre la ciudad y los campos que poseían en el sur de Santa Fe. A la muerte de Josefina, Matías vendió la casa y sus colecciones al Estado Nacional. El inventario arrojó unas 700 piezas de arte.

Al rescate de los aposentos

En la década del '40, el primer director del museo, Ignacio Pirovano, convirtió el baño y vestidor en una oficina más. Reemplazó lugares de guardado por vitrinas, desmanteló el mueble de madera y bronce que sostenía las bachas y cubrió la bañadera de mármol. Dos pequeños espacios enfrentados, que se pueden confundir con armarios, escondían el inodoro y el bidet. Hoy esos artefactos de baño ya no están, pero el director del museo, Martín Marcos, explica que está detrás de un coleccionista que posee unos similares, buscando convencerlo para que los done en el marco de la restauración.

Detrás del proyecto para recuperar el lugar está el arquitecto Hugo Pontoriero, jefe del departamento de Museología del Decorativo. Estiman que los trabajos durarán al menos un año y podrán ser vistos por el público general que visite el lugar. Los tiempos dependerán del financiamiento: cuentan con una partida presupuestaria de la Secretaría de Cultura nacional y algunos mecenas, pero apuestan a que más actores del sector privado se entusiasmen y colaboren.

 

La cúpula con sus frescos pompeyanos que remiten al mito de Preseo y Andrómeda es de los elementos con mayor grado de deterioro producto de la humedad. Algunos espejos son originales, pero poco queda de la pintura centenaria. Estiman que un pequeño espacio que conecta con la habitación del señor aún preserva parte de esa pintura y planean extraer muestras de allí para elaborar un material similar.

Cuando se construyó, el palacio poseía niveles de confort que sólo una familia adinerada podía costear, como calefacción y electricidad. Los arquitectos no dejaron al azar ningún elemento, ni la iluminación del baño y el vestidor de la señora. Siguiendo el estilo Directorio, que recupera elementos de la antigua Roma y Grecia a partir del descubrimiento de las ruinas de Pompeya, se colocaron plafones de alabastro –que se conservaron- para imitar la iluminación arqueológica.

“Cuando se construyó, esta casa representaba el mundo que se estaba yendo”, reflexiona el director del MNAD. Los materiales traídos de Francia, el subsuelo con garaje, bodegas, sala de esgrima y billar, la decoración interior pensada cuarto por cuarto según las colecciones de arte de la familia y las toneladas de mármol desparramadas por todos los ambientes son el registro de una casta que vivía un esplendor que nunca más se repetiría en la Argentina.

El Palacio Errázuriz Alvear, actual Museo Nacional de Arte Decorativo, se puede visitar de martes a domingo de 12.30 a 19. Av del Libertador 1902.