MIÉRCOLES 26/06/2019
Viaje a la cuna de los vinos rosados de Francia que acá se venden a $1800

Viaje a la cuna de los vinos rosados de Francia que acá se venden a $1800

Tour por los chateaux de lujo de la Provence, donde se elaboran los vinos asalmonados que son furor en los Estados Unidos

La brisa mueve apaciblemente el ‘Crinkly’ de Alexander Calder, cuyos colores en equilibrio se reflejan algo borroneados en el agua del estanque donde está emplazado. Es una figura frágil y a la vez sugiere una fortaleza singular. Es curioso: este tipo de ideas no ocurren en cualquier sitio, ni de cualquier manera, y está claro que, tanto la copa de rosé de la Provence que perfuma esta mesa con una tarta de cebollas deliciosa, como el bosque de robles y pinos mediterráneos que rodea el patio del restaurante, tienen mucho que ver. También el propio Calder.

 

64%

Fue el crecimiento de los rosé de Provence en los Estados Unidos, representando u$s 222,2 millones en un año corrido (abril 2018, Nielsen)

 

Este Crinkly que captura la atención es la única obra entre las que nos rodea que no fue creada para este lugar. Fue traída años después de su creación en 1976 y es una de las piezas casi finales de este artista del balance. Viéndolo mecerse en la brisa, una imagen cobra forma: la suavidad de los movimientos, la gracia de sus colores, el equilibrio como elemento clave, es también una metáfora perfecta para los vinos de esta región del sur de Francia, especializada en rosados tan finos, livianos y elegantes, de ganada fama mundial.

 

 

Estamos en Chateau La Coste, una bodega de vinos orgánicos y biodinámicos que alberga un hotel de exquisito lujo, cinco restaurantes –uno bajo la tutela del argentino Francis Mallmann, el otro con dos estrellas Michelin– y una colección de arte a cielo abierto que va desde el Calder a un anfiteatro de Frank Ghery. Todo a pocos kilómetros de la ciudad de Aix-en-Provence, corazón de la apelación más interesante en materia de rosados en el sur de Francia.

 

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De los vinos franceses vendidos en los Estados Unidos son rosé de Provence

 

Cómo llegó Calder hasta acá es también la historia reciente de la región. Patrick McKillen, propietario de La Coste, es un acaudalado irlandés amante del arte. Cuando su imperio inmobiliario comenzó a ganar vuelo en la década de 1990, se enamoró de La Provence, donde vivía su hermana.

Y en 2002 compró las 200 hectáreas del chateau y se lanzó de lleno a construir un parque para el arte contemporáneo, cuyo epicentro es la bodega y la Villa La Coste, aunque orbitan con vida propia 36 instalaciones y obras arquitectónicas de vuelo mundial: un centro de arte diseñado por el afamado arquitecto japonés Tadao Ando, una araña de Louise Bourgeois, además de un jardín secreto, una auténtica casa desmontable de Jean Prouvé y una capilla de cristal.

Como Mckillen, también llegaron atraídos a Provence otros inversores, muchos de ellos directamente conectados al vino, como la entonces pareja Angelina Jolie y Brat Pitt, quienes compraron Merival, entre otros ricos y famosos que levantaron el perfil de la región, como Bon Jovi, cuyo rosé es un furor en los Estados Unidos.

La región hoy vive una suerte de boom. Primero, porque los rosés están en alza en el mundo, pero principalmente en los Estados Unidos, donde un vino con acento francés, color piel de bebé y botella exótica es equivalente a una experiencia sublime. Segundo, porque la región de Provence es extensa y cobija en su interior algunas apelaciones joviales, menos prestigiosas que otras de Francia, pero igualmente atractivas en plan de beber rico. Algunas de las más destacadas AOC son Aix-en-Provence y Cotes-de-Provence para rosados, Cassis para blancos y Bandol en materia de tintos.

 

 

 

En el centro de Aix-en-Provence está la coqueta ciudad de igual nombre. Las casas de la villa, de un color ocre asalmonado, abren sus ventanas celestes a la brisa, la gente camina y conversa por las calles y en las terrazas de los cafés, por ejemplo en la Place des Cardeus, la tarde cae animadamente con música en vivo que aporta algún diestro guitarrista.

 

 

 

Ahora en la Argentina

Los vinos de la casa francesa ya están disponibles en el país, importados por la filial Chateau La Coste de Los Andes, con sede en Mendoza. En vinotecas se consiguen: Chateau La Coste Rosé 2018 ($1500), Chateau La Coste Gran Vin 2018 ($1700) y el espumoso La Bullé ($1850).

 

En medio del paseo nos detenemos en Au Verre Levé, un wine bar típico de la movida contemporánea francesa, donde dos amigos apuestan por los vinos naturales. Pedimos una degustación y el dueño, con un inglés difícil, nos amonesta: “Hay pocos vinos naturales rosados. No estamos con la moda”. Y repasa la barra. Luego dice: “Tenemos tres de los mejores”. Y sirve unos rosados pálidos, de etéreos perfumes frutales y acidez elevada. Las etiquetas son vistosas. Destaca uno que se llama Coral, cuyo nombre describe a la perfección el color.

La razón por la que los rosados están de moda en el mundo es difícil de explicar. El método y las variedades que usan son la clave: carignan, grenache, cinsault y mouverdre, atípicas a nuestros oídos, con la salvedad del syrah. De todas ellas, la clave está en la grenache porque, como nos explica Ramón Giménez Martínez, enólogo de Chateau La Coste, “no pierde acidez incluso con los veranos calientes de la región”. El color es otro asunto.

“Los rosados son vinos técnicos, elaborados en la bodega”, amplía Ramón, y sus palabras explican la mala onda de los bebedores naturales. La bodega da buena cuenta de ello con toda una tecnología aplicada a conseguirlo, fundamentalmente prensado en frío y uso de gas carbónico para evitar oxidaciones. El brillo de Chateau La Coste 2017, con un débil trazo salmón, es perfecto.

 

 

 

De los cerros al mar

Andar por los caminos de Provence es un lujo para la vista. Fuera de las autopistas, las rutas casi de mano única serpentean por las estribaciones calcáreas del cordón Saint Victoire. A cada curva, una vista diferente. El GPS es más que necesario.

En ese plan, dedicamos un día completo a recorrerlos. En uno de esos recodos desembocamos en Chateau Grand Boise: una extensa propiedad fundada en 1610 y adquirida en 2006 por el industrial Xavier Gervoson, otro de los nuevos inversores en el rubro. El dato que nos trajo hasta Grand Boise es su reputación en rosados bio. Para conseguirlos, trepan a los cerros con viñedos ubicados hasta los 620 metros. Justo en la cumbre de uno cultivan un syrah fuera de serie, componente clave de Chateau Grand Boise Cotes de Provence Saint Victoire 2017.

 

 

Son esos mismos caminos intrincados, en los que es más fácil perderse que seguir, los que nos conducen primero a una autopista y, en media hora, ya estamos en Bandol, una de las AOC más prestigiosas y pequeñas de la región. Aquí se especializan en vinos tintos. La bodega más famosa, Domaine Tempier, elabora un rosé legendario, sin embargo... Desde la década de 1940, la familia Peyraud-Tempier es responsable del prestigio de Bandol en el mundo. En una bodega antigua, con prácticas bio, donde el enólogo Daniel Ravier transpira por conseguir alguno de los rosados más característicos del mercado, como su Domaine Tempier Bandol Rosé 2017.

“Nadie le perdona nada al rosé: tiene que ser fresco pero no ácido, tiene que tener sabor pero no potencia y debe ser complejo al mismo tiempo que ligero y jovial”, resume. Toda una contradicción que el vino de la región sabe cuadrar.

 

 

Para el atardecer, subimos a ver la puesta de sol en otra bodega de la región. Una que no suele figurar en guías o cartas de sommelier, pero que aquí nos recomendó cada francés al que le preguntamos: Chateau de Pibarnon. Ubicada en la cumbre de una colina y con viñedos en anfiteatro, es una villa modesta en su esplendor pero definitivamente un lugar en el que uno quisiera pasar los mejores años de la vida. Eso es lo que atrajo a muchos famosos a invertir en la zona, comprando villas mediterráneas que proyectaron los rosados autóctonos al mundo en los inicios del siglo XXI. Justo cuando el sol se esconde en un Mediterráneo surcado por blancos veleros, nos tomamos la última gota de Chateau Pibarnon Rosé 2017 bajo un cielo rosado. Es un momento luminoso y etéreo, como ese mundo que viaja en las botellas de los rosados de Provence…