San Petersburgo: los encantos de la ciudad rusa construida sobre 42 islas

San Petersburgo: los encantos de la ciudad rusa construida sobre 42 islas

Más alla del monumental Palacio de Hermitage, hay un recorrido alternativo que permite descubrir los diferentes barrios de la antigua capital imperial a través de la red de canales.

San Petersburgo es parte de un grupo de ciudades que se distinguen por estar construidas sobre una red de canales. Como en Venecia o Ámsterdam, el agua es una gran protagonista, y da gran encanto a esta urbe construida sobre 42 islas. Pero sólo aquí se puede ver la magnificencia de sus enormes fuertes, como el de San Pedro y San Pablo, construido en 1703 por orden del zar Pedro I El Grande. Con esa construcción se dio inicio a la actual metrópolis rusa.

La riqueza arquitectónica de San Petersburgo impresiona por doquier: en los paseos a orillas del río Neva, o con el Palacio Hermitage, o bien con el sinfín de obras monumentales de la ciudad. Uno de sus mayores tesoros, sin embargo, es el literario. Fiódor Dostoievski la definió como "la ciudad inventada, la más fantástica y premeditada del mundo", y es aquí donde puede recorrerse el mismo camino que hizo Raskolnikov –el asesino atribulado de 'Crimen y castigo'– hasta la casa de la anciana prestamista.

Aquí también es posible beber un café en la antigua cafetería de Wulf y Beranger, reducto de poetas y literatos, donde Alexandr Pushkin tomó su último pocillo antes del fatídico duelo contra G. D’ Anthès. O por qué no pasear por la avenida Nevski, presente en la obra de Nikolai Gogol, especialmente en 'Las novelas cortas de San Petersburgo'.

Hay muchas joyas en esta ciudad imperial, y es necesario dedicar a cada una, al menos, tres a cuatro horas para aprovecharlas a fondo. Los Jardines de Peterhoff, iglesias como la de San Isaac o la de Sangre Derramada, el Hermitage y la Fortaleza de San Pedro y San Pablo son postales impresionantes y mejor permitirse disfrutar el momento sin apuros.

Navegación y gastronomía

En una ciudad de canales es imposible no sentirse atraído por los viajes en lanchas colectivo o en sofisticados cruceros. Hay todo tipo de opciones: desde sencillos paseos por el Neva (alrededor de u$s 13 por pasajero) hasta salidas nocturnas que permiten ver el momento en que los puentes se elevan. Además del Neva, ríos como el Fontanka o el Moika, junto a otros canales, vuelven a la vida durante el verano boreal y fluyen por San Petersburgo, lo que permite recorrer sus barrios desde el agua.

No debe olvidarse, sin embargo, la oportunidad de disfrutar de la cocina local. Una prioridad es probar la carta de Podvorie, el más famoso restaurante de la cocina rusa tradicional, ubicado en Pavlovsk, muy cerca del Palacio del Zar Pablo I. El bar del Hotel Astoria, ubicado frente a la plaza de la iglesia de San Isaac, es un lugar imperdible para tomar un trago. Un dato interesante es que Adolf Hitler planeaba celebrar allí su victoria contra los rusos, que por supuesto nunca llegó.

También es infaltable pasar por el Palkin, un restaurante fundado en 1785, donde se puede experimentar cómo cenaban los zares, o personajes tales como Tchaikovsky o Dostoyevsky. Lo típico en los restaurantes clásicos, como Demidoff, Suvoroff o Za Scenoi, es pedir un menú fijo, que se suele acordar al momento de hacer la reserva. Estos menús incluyen entrada, sopa, segundo plato, postre, agua y té o café, y si no se sigue este sistema, las demoras para comer pueden ser de hasta dos horas.

Datos útiles

  • Desde las capitales europeas hay vuelos diarios en varias aerolíneas hasta Moscú. Desde Buenos Aires los vuelos cuestan alrededor de u$s 1600.
  • En San Petersburgo hay buenos hoteles donde alojarse cuyos precios empiezan en los u$s 80, hasta alojamientos de lujo que pueden alcanzar los u$s 1000.

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