MIÉRCOLES 28/10/2020
Puerto Madryn quiere convertirse en el polo gastronómico de la Patagonia

Puerto Madryn quiere convertirse en el polo gastronómico de la Patagonia

La temporada de avistaje de ballenas se extiende de junio a diciembre, pero la puerta de entrada a la Península de Valdés busca posicionarse como un destino gourmet todo el año. 

Puerto Madryn está recostada sobre el Océano Atlántico, en la Patagonia, a 1300 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Se puede llegar por vía terrestre o aérea (Andes Líneas Aéreas hace Aeroparque-Puerto Madryn en 1.55 horas). La ciudad es un destino que ofrece múltiples opciones para familias viajeras: como destino de playa y turismo aventura durante el verano, apreciación de fauna (en diferentes momentos del año llegan pingüinos, lobos y elefantes marinos, ballenas y orcas, entre otras especies) y destino gastronómico todo el año.

Crédito: Madryn al Plato (Rodrigo Ruiz Ciancia).

Una de las mejores expresiones de esta apuesta de la ciudad por la gastronomía, es el festival Madryn al Plato: cocineros, productores y toda la comunidad de la zona esperan cada año la llegada de este festival que celebra la gastronomía local. De la tierra y el mar al plato y con el concepto de kilómetro 0 a mano (comer lo que se produce alrededor de donde uno está), este encuentro referente de la Patagonia fue declarado de Interés Turístico Nacional en su 11ª edición.

Navajas, langostinos, alga wakame, cordero, almejas, vieiras, merken. Las mesadas de la cocina de En mis fuegos, el restaurante creado por el chef Gustavo Rapretti, exhibieron los productos locales que pronto servirían a los comensales. Rapretti fue uno de los impulsores del festival, consciente de la oportunidad que un evento de este tipo abría hacia el resto del país y también en la propia ciudad. La diversidad de productos de la zona están también en las recetas de los restaurantes El Almendro, Cantina El Náutico y Bistró de Mar, entre tantos más; en total, 33 restaurantes propusieron platos especiales en sus menús, una manera de acompañar la iniciativa y dar a conocer productos que, a veces, no son tan populares en la dieta cotidiana. “Nuestra intención es que se vea cómo se hace el plato, cómo trabajamos el producto”, cuenta Rapretti.

Pero los productos no son los protagonistas exclusivos de este festival: un enorme fuego alimentado con 7000 kilos de quebracho y chañar fue la carta de presentación para el almuerzo solidario que cada año se hace durante Madryn al Plato a beneficio de la sala pediátrica del Hospital Isola. Alrededor del calor se dispusieron los 50 corderos a la estaca a los que fueron pintando con una salmuera que también tenía sello local: agua de mar, algas, ajo, pimentón y un poco de romero. “El producto tiene que expresarse solo. La salinidad del agua le da un toque especial y ese brillo particular”, explica el cocinero.

A unos pasos de allí, la inmensa paellera de hierro empezaba a calentarse. Al mando estaba el equipo de paelleros de Ingeniero Huergo, Río Negro (ciudad en la que se hace la Fiesta Provincial de la Paella Española); vieyras, almejas, mejillones, langostinos, pollo, cerdo, arroz, chorizo de cerdo y algunas verduras fueron incorporándose bajo el atento ojo de los expertos rionegrinos. En total se vendieron 1.175 porciones de cordero y paella, una recaudación de $235.000 que se destinarán a equipar la sala de salud.

 

El festival –organizado por la secretaría de Turismo, la municipalidad de Puerto Madryn y el chef Gustavo Rapretti– es también una reunión regional: Federico Domínguez Fontán (chef ejecutivo del Hotel Llao Llao, Bariloche), Paula Chiaradía (Esquel), Gabriela Martínez (Río Negro), Leo Perazolli (Viedma) y Lalo Marchesi (Las Grutas) llegaron desde diferentes lugares de la Patagonia para ser parte de la propuesta gastronómica. Pedro Lambertini (Buenos Aires) y Martín Baquero (Montevideo) se sumaron al encuentro gastronómico de la Patagonia.

 

Naturaleza muy cerca

Crédito: Madryn al Plato (Rodrigo Ruiz Ciancia).

Uno de los clásicos de Puerto Madryn es, sin dudas, el avistaje de la ballena franca austral, que llega a la zona para reproducirse. Hacia el sur de la ciudad queda Península Valdés, un lugar privilegiado por la naturaleza y declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1999. Allí dentro está Puerto Pirámides, un pueblo de alrededor de 500 habitantes estables, desde donde salen las embarcaciones para avistar a las ballenas franca austral. Este mediodía el mar está agitado; tras navegar unos cuantos minutos, el capitán avisa que se acerca un ejemplar. Al principio distantes, luego las ballenas se acercan al semirígido, giran sobre sí mismas, muestran la cola y pasan por abajo a uno y otro lado. La temporada de avistaje se inauguró a comienzos de junio y durará hasta diciembre, y hay diferentes compañías que hacen la salida embarcada (por ejemplos, Botazzi: hasta el 31 de agosto, adultos $1400, menores de 4 a 12 años $700). Otro punto imperdible para ver ballenas es El Doradillo, una playa de piedras en cuya costa los animales suelen enseñarle a nadar a sus crías. Se puede llegar en vehículo propio o con salidas en camión 4x4 Overland (de la compañía Argentina Visión), que además hace algunas paradas para mini trekkings y una merienda con chocolate caliente y torta galesa con vista al mar.

 

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